La masacre ocurrió ayer a la madrugada cerca de la localidad de La Gabarra y fue cometida por unos 50 guerrilleros de las FARC, dijo el jefe de policía de la provincia de Norte de Santander, coronel Marco Antonio Pedreros.

“Estábamos durmiendo en hamacas cuando llegaron, nos ataron y tiraron al suelo como a perros y nos dispararon” , señaló un campesino que se hizo el muerto después de recibir una herida de bala y fue entrevistado por Radio Caracol. “Eran hombres jóvenes de 20 a 22 años que comentaban que nosotros ayudábamos a los paramilitares, pero a uno lo que le interesa es que le den trabajo, no importa quien es el patrón”, señaló el sobreviviente.

“Es lamentable, estamos frente a una masacre de 34 personas, todas de oficio raspachines, o sea, recolectores de hoja de coca de entre 18 y 45 años, y hay dos menores de edad”, dijo Pedreros. Otros cinco campesinos fueron heridos durante el ataque rebelde y debieron ser trasladados a un hospital de Cúcuta, capital de Norte de Santander.

El Ministro del Interior y de Justicia, Sabas Pretelt, calificó la masacre como “un acto de barbarie”. “La fuerza pública trabaja para capturar y castigar a estos asesinos y ojalá sufran todo el rigor de la ley y comprendan que no se puede seguir cometiendo estas atrocidades”, agregó el funcionario.

En Bogotá, el comandante de las fuerzas militares colombianas, general Carlos Alberto Ospina, anunció que fuerzas del ejército fueron enviadas hoy al lugar de la matanza, unos 600 kilómetros al norte de la capital del país. Y no descartó que el número de asesinados sea mayor al que se maneja.

La zona cocalera de La Gabarra y Tibú, fronteriza con Venezuela, vivía en relativa calma desde el 24 de agosto de 1999 cuando presuntos paramilitares mataron a 27 personas en un mortífero recorrido por zonas de influencia de la guerrilla.

La peor matanza de los últimos años registrada en Colombia ocurrió el 2 de mayo del 2002 luego de cruentos combates entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia y los grupos paramilitares de ultraderecha en la selvática región noroccidental de Chocó, cerca de la frontera con Panamá. Más de 100 personas murieron cuando un explosivo cayó en la iglesia, en donde se refugiaba la mayoría de la población, provocando su destrucción.