El presidente afgano, Hamid Karzai, admitió ayer haber recibido lícitamente cientos de miles de dólares por parte de Irán. Aunque el mandatario negó la posibilidad de corrupción política, remarcando que los pagos fueron completamente transparentes. La prensa reveló que el jefe de gabinete de Karzai, Umar Daudzai, obtiene, una o dos veces al año, bolsas de dinero que llegan a los 975 mil dólares. Aunque es en forma de “ayuda oficial”, según insistió Karzai. Esta noticia recuerda la batalla por la influencia que los extranjeros están librando en Afganistán. Karzai agregó en una conferencia de prensa que su gabinete recibe fajos de billetes de “varios países amigos”, incluidos los Estados Unidos.

“Es lo mismo. No hagamos de esto una cuestión”, reclamó Karzai. Cuando se le preguntó qué esperaba Teherán en retribución, él respondió “buenas relaciones” y “un montón de otras cosas”. Y añadió: “Nosotros también pedimos montones de cosas en retribución por esta relación. Es un vínculo entre vecinos que continuará y, por eso, nosotros seguiremos recibiendo los fondos de Irán”.

La denuncia de que Daudzai recibía financiamiento iraní apareció el domingo en el diario The New York Times, pero fue desmentida por el régimen de Mahmud Ahmadinejad. Las autoridades de Teherán dijeron que era un chisme malicioso difundido por Occidente con el objetivo de minar la política iraní en Afganistán. La embajada persa en Kabul dijo que los dichos eran ridículos y que constituían un insulto, aunque fueron reconocidos en parte por Karzai.

El diario norteamericano publicó que el presidente afgano usaba el dinero para comprar la lealtad de los miembros del Parlamento, de los líderes tribales y de los comandantes talibán. Pero el mandatario sostuvo que los aportes servían para pagar salarios, expensas y deudas que tenían con personas que estaban por fuera del palacio presidencial. El periódico también afirmaba que Daudzai, un ex embajador en Irán, pretendía abrir una brecha entre el presidente y su principal benefactor. “Daudzai es la fuente de todos los problemas con los Estados Unidos. El está sistemáticamente alimentando la desinformación y los malos entendidos de Karzai”, dijo un colaborador del mandatario a la publicación estadounidense. Otro colaborador del jefe de Gabinete descalificó las acusaciones y dijo que se trataba de “basura”.

Irán aparenta estar embarcado en un doble juego en Afganistán. Por un lado, funda y entrena a grupos insurgentes y, por otro, se acerca al gobierno de Karzai. Mientras tanto se piensa que los espías iraníes financiaron las campañas de varios candidatos para las elecciones parlamentarias del mes pasado. El acercamiento esquizofrénico de Teherán surge de los deseos conflictivos de ver un gobierno estable, en el que la minoría chiíta esté representada y, al mismo tiempo, de erradicar la influencia norteamericana del país.

El presidente Ahmadinejad restó importancia a los informes de inteligencia de la Casa Blanca, que afirman que su país está prestando ayuda a los talibán. Cualquiera sea la escala de colaboración iraní a los insurgentes, no puede compararse con el apoyo que obtienen desde Pakistán, otro vecino interesado en el futuro afgano. Más que nada, la saga de los fondos es una disputa absurda entre intrusos que dura por décadas y que ha sido llevada a cabo a expensas de la tragedia del propio país.