Desde Atenas

El Ministro de Finanzas heleno, Evangelos Venizelos, fue claro: "Sólo el esfuerzo garantizará que Grecia no se transforme en Argentina del 2000 (sic)" . El humor callejero de sus ciudadanos también: "¿Cómo podríamos serlo? ¡¡No tenemos a Messi, ni a Agüero, ni a Tévez!!". Quizás les convendría saber que ni siquiera eso garantiza a veces los buenos resultados…

Los griegos admiran nuestro fútbol tanto como temen una debacle parecida a la del 2001. No cabe duda de que hay muchos elementos en común. Envuelta en una sucesión de ajustes fiscales sin fin, la economía griega viene contrayéndose desde hace ya tres años; y las proyecciones para 2012 acaban de ser revisadas a la baja: la depresión continuará y el PBI sufrirá una caída estimada en 2.5%.

Ello no parece alterar la receta impulsada por la Troika compuesta por el Banco Central Europeo, el Fondo Monetario Internacional y la Comisión Europea: el recorte presupuestario debe continuar, la desregulación de los mercados acelerarse y la privatizaciones llevarse a cabo antes de que las compañías pierdan más valor aún. Y aún así no pueden descartarse nuevas medidas si la situación financiera no se recompone.

Los griegos admiran nuestro fútbol tanto como temen una debacle parecida a la del 2001

Habiendo sido ocupados por las fuerzas del Eje durante la Segunda Guerra Mundial, los griegos profesan una visible animadversión hacia Alemania. Ello se ha visto magnificado en tiempos recientes por titulares en la prensa germana describiendo a los griegos como un pueblo con baja contracción al trabajo, reacio a hacer el esfuerzo necesario mientras solicitan un rescate. Pero un nuevo actor compite ahora por el resentimiento heleno. El FMI (o DuNuTú como suena a nuestros oídos la sigla en griego), al que acá sólo se solía asociar con la crisis argentina, ha pasado también a ser objeto del odio ciudadano.

No caben dudas de que la economía griega es poco productiva, que ha perdido competitividad por estar en el marco del Euro, y que para compensar esa falencia se ha sobreendeudado en los últimos años. También resulta claro que su Estado es altamente ineficiente y que el sistema político deja mucho que desear. Pero la confianza de la gente en la solución de la política fiscal restrictiva se está evaporando.

Ayer la plaza Sintagma volvió a ser ocupada mientras se votaba el más reciente paquete de ajuste. Una vez convertido en ley comenzaron los gritos y los cánticos. Un patíbulo con cuatro horcas, decorado con insultos a la clase política, era paseado frente a la Policía del Orden Municipal que custodiaba el Parlamento.

Una de las tantas medidas aprobadas consiste en otro aumento del impuesto inmobiliario, al que los manifestantes respondieron incitando a la rebelión fiscal: "Nosotros No Pagamos" se denomina el movimiento autoorganizado. Venizelos sostiene que los contribuyentes deberían ver el alza impositiva como un seguro para el precio de sus viviendas, ya que en caso de una cesación de pagos de la deuda la crisis sería tal que arrastraría las valuaciones inmobiliarias. Pero son ya pocos los que ven en el actual camino de creciente austeridad fiscal el remedio para un descalabro mayor.

El FMI, al que acá sólo se solía asociar con la crisis argentina, ha pasado también a ser objeto del odio ciudadano

El razonamiento es el habitual, el mismo que se oía por aquellos años en nuestro país. Existe una fenomenal crisis de confianza y para convencer a los acreedores es preciso hacer todo el esfuerzo que sea necesario. Los bancos de Wall Street manifiestan en sus informes que los "datos económicos se han deteriorado dramáticamente" y que "la recesión ha empeorado el resultado fiscal". Por si ello fuera poco, sostienen que "la consolidación fiscal extrema [¡vaya eufemismo!] está causando un dolor significativo" y "aumentando el riesgo de que el malestar social haga descarrilar reformas exigidas por el FMI". Y aún así la rueda continúa girando.

Resulta cuanto menos curioso que en estas situaciones se utilice siempre el argumento de la súbita desconfianza pero que nadie revise su responsabilidad en el proceso de confianza excesiva anterior (i.e. endeudamiento sobredimensionado), que es el verdadero origen de problemas cuya solución sólo puede ser traumática (i.e. cesación de pagos). Este es el caso de Grecia, así también como de otros países de la Eurozona. En la fiesta previa, algunos se emborracharon pero otros proveyeron el alcohol sin límite. Ahora es tiempo de pagar la cuenta, incluyendo los platos rotos.