En una economía que se encamina a la estanflación (estancamiento con alta inflación) no sería extraño que, quien leyera el título de esta columna, imaginara que lo entrecomillado se refiere a la pronunciación de algún inmigrante chino de la palabra "cruje". Sin embargo, el término está extraído de la jerga informática y fue elegido por Gary Marcus, profesor de psicología de la Universidad de Nueva Cork, como título de su libro publicado en español en 2010. En ese contexto, "kluge" es una solución torpe o poco elegante para un problema o, más específicamente, una configuración de hardware o software que, a pesar de ser una ineficiente sucesión de parches logra llevar a cabo una tarea particular.

Una definición más sencilla aún puede lograrse recurriendo a aquel personaje de serie de fines de los ´80 y principios de los ´90: MacGyver. Un "kluge" resulta así una mezcla de los elementos a mano, capaz de brindar una respuesta improvisada pero efectiva para un determinado desafío, al menos de manera temporal. Sería algo así como el equivalente a nuestro "lo atamos con alambre". Los "kluges" son siempre una solución momentánea y, en el mundo informático, quienes los utilizan pueden ser catalogados de ingeniosos, pero no son muy estimados como desarrolladores o administradores. Es que, en lugar de pensar el diseño adecuado para determinada finalidad, sólo van moldeando brutalmente lo que ya existe para que funcione transitoriamente.

Una definición más sencilla aún puede lograrse recurriendo a aquel personaje de serie de fines de los ´80 y principios de los ´90: MacGyver
Ignorar la elevada inflación y dejar las tarifas de los servicios públicos y el dólar semi-congelados hizo que ambos se tornaran baratos con relación a otros bienes. En el primer caso, el Gobierno eligió cubrir la diferencia entre el costo de producción y el precio al público mediante cuantiosos subsidios, que crecieron así exponencialmente. Y con el retraso cambiario y falta de alternativas de inversión (porque las tasas de interés de un plazo fijo ni siquiera llegan a cubrir el aumento de precios), la cotización de la moneda estadounidense se fue volviendo una tentación cada vez mayor para todo aquél con capacidad de ahorro.

En lugar de abocarse a resolver el verdadero problema de fondo (la inflación), el Gobierno ensaya un remiendo tras otro. Y en ese camino crea nuevos problemas que disparan otras estrambóticas invenciones. Así, si la suba de precios domésticos abarata el dólar y muchos salen a comprarlo, se establece un cepo cambiario. Cuando eso genera una brecha entre el mercado oficial y el paralelo, se sacan a la calle inspectores con perros y antenas con el objetivo de proceder a algunas clausuras. Pero al hacer tan complicado o peligroso conseguir el billete verde en el circuito informal, éste aumenta más de valor. Y entonces el torniquete debe ser reforzado.

Un "kluge" resulta así una mezcla de los elementos a mano, capaz de brindar una respuesta improvisada pero efectiva para un determinado desafío, al menos de manera temporal
Algo similar ocurre con las importaciones: el encarecimiento de costos domésticos perjudica nuestra competitividad, por lo que el Gobierno opta por trabar los productos provenientes del exterior. Ello genera un faltante de piezas claves que afecta la producción local y nuestras exportaciones. Y si a esto último se agrega que otros países aplican represalias ante nuestras políticas, perdemos ventas externas y terminamos buscando nuevos mercados.¡en Angola! Lo mismo se podría decir de una crisis energética que lleva a la expropiación de YPF. O del hecho de que para seguir pagando el sideral monto en subsidios se procederá a una mala utilización de la Carta Orgánica del BCRA que tendrá consecuencias inflacionarias y profundizará los inconvenientes cambiarios. La sumatoria de medidas improvisadas termina de esta manera creando un esperpento, una verdadera economía "kluge".

Aunque la creatividad y un poco de alambre pueden ayudar a salir del paso en ciertas emergencias, si se abusa del método el resultado puede terminar siendo un Frankenstein, con su típico andar bien trabado. El ingenioso MacGyver era capaz de arreglar un fusible quemado tan sólo con un chicle y papel metalizado, o la pérdida en el radiador de un viejo auto vertiéndole la clara de un huevo crudo para que al cocerse tapara el agujero. Pero no tiene mucho sentido andar emparchando de esa forma nuestro coche cuando se tiene el taller mecánico a la vuelta o los recursos para ir al concesionario a comprar uno nuevo.