Hablaron 35 minutos en el Vaticano. El Papa y el presidente ruso se habían opuesto a una guerra en Siria.

El Papa argentino recibió ayer por la tarde, una hora insólita para las audiencias pontificias, al presidente ruso Vladimir Putin, desembarcado con media hora de retardo del avión que lo trajo de Moscú, en el encuentro diplomático “y mucho más” de mayor importancia en los ocho meses de su pontificado. Interprete mediante, ambos dialogaron con mucha cordialidad en intensos 35 minutos.

Mucho ha cambiado en la geopolítica de Europa y Medio Oriente en los últimos tiempos. La Santa Sede y Rusia se necesitan mutuamente en algunos temas cruciales. En el plano religioso, el hombre del Kremlin puede servir de puente para concretar el gran encuentro religioso entre Francisco y el patriarca ruso Kiril, una cumbre nunca lograda hasta ahora desde el cisma ortodoxo de 1054. El escenario de la audiencia fue la biblioteca privada pontificia en el Palacio Apostólico.

Putin ha sido elegido recientemente como el hombre más poderoso del mundo por la revista Forbes y el Papa, el cuarto.

La peligrosa y sangrienta crisis de la guerra civil en Siria ha acercado a ambos Estados, gracias a la iniciativa de Jorge Bergoglio de oponerse a una intervención armada de EE.UU. y algunos aliados por el uso de las armas químicas.

La Santa Sede y Rusia se movieron en la posición común de convencer al presidente Obama de la necesidad de una acción diplomática y el resultado ha sido un éxito. Siria aceptó destruir su arsenal químico y los técnicos de Naciones Unidas están en esa tarea.

En setiembre, en plena crisis, el Papa escribió a Putin que era el anfitrión de la reunión del G20 en San Petersburgo. Los rusos han quedado agradecidos por los gestos del Papa argentino. Moscú quiere recuperar al menos en parte el rol determinante de la Unión Soviética, aunque en las condiciones de la época actual, en Oriente Medio y Europa. La Santa Sede le reconoce un papel de primera línea.

Yuri Ushakov, asesor de Putin, dijo que el presidente ruso conversó con el Papa de la protección de las amenazadas minorías cristianas amenazadas por los fundamentalistas en el escenario sirio y medioriental, pero también en Africa, donde grupos de ultraislámicos consuman masacres de fieles cristianos en Nigeria, Mali y otros países.

Rusia también ha jugado un papel diplomático muy importante en la realización del acuerdo de seis meses con Irán de Estados Unidos, Alemania, Gran Bretaña, Francia, China y la propia Rusia, que aleja el fantasma de una crisis de extremo peligro para la paz mundial, porque el núcleo central del conflicto es impedir por las buenas el uso de arsenales nucleares por parte del régimen de Teherán.

El encuentro del Papa con Putin tendrá consecuencias positivas muy importantes para favorecer el encuentro de Francisco con el Patriarca ortodoxo de Todas las Rusias, Kiril.

La cumbre entre los líderes católico y ortodoxo sería un bálsamo fundamental para el desarrollo del ecumenismo cristiano y el programa del nuevo pontífice. La vocación de Bergoglio en favor de una mayor colegialidad eclesial favorece aún más este encuentro, que hasta ahora es uno de los viajes “imposibles” de los papas. Moscú y Beijing son los más importantes que quedan.

Es probable que el primer encuentro no tenga por escenario Moscú sino “un país neutral”, hipótesis que han lanzado los dirigentes religiosos ortodoxos. Hace poco el patriarca Kiril recibió en la capital rusa una delegación católica encabezada por el arzobispo de Milán, cardenal Scola. Kiril le dijo que nunca como ahora las relaciones entre ortodoxos y católicos han sido tan buenas. Los países “neutrales” podrían ser Italia, Hungría o Austria, según trascendió.

El patriarcado ruso es muy susceptible a lo que denuncia como gestos de proselitismo de los católicos en la madre Rusia. Por ejemplo, la “fiebre misionera” de los cristianos leales al Papa en Siberia y el Lejano Oriente. Con Juan Pablo II existía una hostilidad visible hacia el pontífice polaco, vinculado con los odios nacionalistas entre ambas naciones en el pasado.

 

Fuente: Clarín Digital