Alberto “Gaucho” Martínez, líder del nucleamiento policial Apropol, comandó desde la Patagonia las acciones de los policías que quitaron colaboración en el llamado “conflicto policial”, ocurrido hace un mes. Desde su celular, que estaba intervenido por la justicia, se realizaron y recibieron varias llamadas telefónicas de y hacia sus “camaradas” que “aguantaban los portones” en Rosario y Santa Fe. Además, desde su teléfono se enviaron los mensajes de textos con amenazas e insultos al celular del gobernador. Precisamente, en el marco de esa causa, el dirigente de Apropol y el gobernador deberán declarar en la justicia, uno como imputado y otro como víctima.

 

 

“Explotador y negrero de la policía, te hago responsable de todo lo que suceda, no digas que no te avisé, fascineroso”. El mensaje ingresó al teléfono del gobernador Antonio Bonfatti el viernes 6 de diciembre pasado. El celular desde donde se lo envió también era de Rosario, como el del mandatario. Bonfatti hizo la denuncia al día siguiente en la Oficina de Causas NN de los tribunales rosarinos. Así se inició el sumario ese sábado caluroso. El gobernador exhibió su teléfono en la justicia, y se fotografiaron los sms de la pantalla del móvil. “Entiendo que este mensaje se da en el marco de una crisis policial” dijo gobernador en la primera declaración informativa. No había sido el único mensaje recibido en tono picante y apretador: “seguís pensando en pagarle 5 mil a los policías explotador”, del mismo teléfono. Ese mismo día, el 7, el fiscal de causas con imputados no individualizados, Marcelo Vienna, elevó la denuncia al juez de instrucción en turno y consideró que debía ser investigado el hecho con la figura penal de “amenazas coactivas”, establecidas en el artículo 149 bis del código penal.

 

En las primeras diligencias se resolvió la identidad del propietario. Un oficio express a todas las compañías telefónicas permitió saber que estaba registrado bajo el nombre de Marisa Alejandra Aydar, desde el 28 de octubre de 2008. Aydar es la esposa de Alberto Martínez, el líder de Apropol, que durante varias horas tuvo su teléfono intervenido por la SIDE, por pedido del juez penal de instrucción rosarino, Javier Beltramone.

 

La noticia obligó – tiempo después – a ordenar la investigación alrededor de Martínez. El miércoles 4 de diciembre, el Fiscal de Estado de Santa Fe, Pablo Saccone, presentó una denuncia en la Fiscalía de turno en Santa Fe para que se investigue la posible instigación al delito de Apropol. Tres días después fueron las amenazas vía mensajes de textos. Y, dos días más tarde, la denuncia por sedición que, también Saccone, presentó en la justicia federal. Concretamente, por las amenazas vía SMS, Martínez debía declarar la semana pasada, pero se ausentó y presentó un certificado médico. Posiblemente pueda hacerlo en enero, si la jueza que entiende en la causa, Susana Luna, habilita la feria, aunque en ese caso, la reemplazaría el juez Jorge Patrizzi. Bonfatti, en tanto, puede hacerlo por escrito, situación que, por fuentes judiciales, presentaría en los próximos días.

 

En el expediente judicial, al que pudo acceder este medio, se observan varias diligencias de rigor y otras más contundentes, como la intervención telefónica al celular registrado a nombre de Aydar pero utilizado en los hechos por Martínez. El juez de instrucción en turno, Javier Beltramone, ordenó allanar la casa de Aydar en búsqueda del celular, pero en la finca había dos menores cuando llegaron los oficiales de las TOE. El hijo de Martínez, un primo (los dos menores) y suegra del “gaucho”.

 

Organizando el paro

 

 

En las transcripciones de las escuchas telefónicas queda bastante claro que el verdadero ideólogo de la quita de colaboración y la organización del paro fue Martínez, que en ese entonces estaba en la Patagonia con su mujer Alejandra, en un congreso sobre sindicalización de policías y de fuerzas de seguridad. El 7 de diciembre , a las 15.30 horas, Martínez habla con un hombre y le comenta que hay que ir fondo porque el “Gobierno no va a negociar, busca que nos cansemos (…) hay que actuar loco, o se ponen huevos o se levantan y se van a sus casas pero díganle: ‘muchachos nos vamos porque son unos cobardes, no se merecen la familia que tienen ustedes, o les reditúa mas ir a la calle a hacer cosas raras que defender un sueldo, no merecen ser policías, váyanse a la concha de su madre’”. En otra conversación, Martínez le dice a su interlocutor que “las comisarías no tienen que laburar (…) guardias mínimas, un incendio, alguna cosa, me entendés”, haciendo referencia a que solo deben salir con casos extremos. “Acá hay que decretar un paro general, decirle al jefe: paramos”.

 

Martínez transmitía por teléfono la idea que Gendarmería iba a reprimir, a detener a los que no prestaban el servicio y una vez detenidos los iban a “cagar a palos”. “Para evitar eso hay que parar ahora, devolver los móviles que están en la calle y cerrar las comisarías y decretar el paro”.

 

El dirigente de Apropol en todo momento calibra la estrategia a seguir. Sugiere en las conversaciones que no debe forzarse el choque con Gendarmería ni con los otros policías. “No podemos hacer eso, nosotros somos un sindicato, hay que pensar como político, no como cabeza de lata (…) ahora hay que cargarle los botines a los barrales y decirles ‘señores estamos de paro, Bonfatti, pone la trece lucas porque si no acá tenés los móviles, la llave y andate a la concha de tu madre’”.

 

Martínez recibía el parte de los compañeros que estaban cortando el portón de la Jefatura policial de Rosario y le advertían que el juez iba a firmar la orden de desalojo, que si eso pasaba iba a haber enfrentamientos entre la Gendarmería y la policía, y podía haber una “cueteada” que pudra todo (…) puede ser una batalla campal de tiro y tiro”.

 

“Por eso – dice Martínez – los que están en la calle tienen que volver o sacar carpeta médica y decir basta , hasta acá llegamos. Tampoco quiero que le pase nada a ningún gendarme, ellos son ‘cabeza de lata’”.

 

El 7 de diciembre a la noche, el dirigente mantiene una charla con la madre de su mujer, que le comenta que fueron a allanar la casa que él habita en busca de un teléfono celular. La suegra le comenta que no debieron haber entrado con dos menores dentro de la vivienda”. Martínez la tranquiliza y le dice que “ellos no sabía nada” – por los policías que allanaron. Lo mismo le dice a otro interlocutor esa noche: “me llamó el jefe de las TOE, pidiendo disculpas, y le dije ‘quedate tranquilo loco’. El teléfono que andan buscando es con el que le mandé los mensajes a Bonfatti, donde le decía que era un negrero explotador de la policía, un cara de pija, ¿me entendés?”.

 

 

Agite de la Granada

 

En otra conversación, Martínez mantiene una comunicación con un tal “Richard”, que lo llama para decirle y comentarle del allanamiento. Martínez le dice que “ellos, los de las TOE, no sabían nada, el jefe de las TOE es amigo mío, yo le estoy dando una mano”. Del otro lado de la línea, Richard le comenta que tuvo una reunión con un funcionario del gobierno santafesino y que le dijo que no sabia de un parentesco que tenia Richard con una casa allanada. Richard le dice a Martínez que le espetó al funcionario: “ahora se metieron con mi familia, le metieron el dedo en el culo, a mi me pueden meter en cana, pero los 1.200 monos que tengo de (el barrio) la Granada, del barrio las Flores le van a quemar toda la Casa de Gobierno y ahí van a tener hijos de puta”. En la misma conversación, el dirigente de Apropol le pasa el teléfono a su mujer para que salude a Richrd. La voz del otro lado de la línea le dice que tuvo una acalorada conversación con un tal Elías, del ministerio de Gobierno. Que uno de los policías que estaba en el ingreso a la Jefatura de la Unidad Regional II escuhó la conversación y le pregunto. ‘Disculpe maestro, ¿usted quién es? Y le dije, ‘soy el secretario general del gremio de los portuarios’”.

 

 

La opereta

 

En medio del conflicto policial, Martínez habla con un hombre, que podría apodarse “Piquito” al que le comenta que le llamó el “Vasco” (Ariel) Bengochea, jefe de la Agrupación Cuerpos de Rosario. “Me propuso tumbarlo a (Luis) Bruschi (jefe de la Regional II), me dijo que había arreglado con el Gobierno, que eran unos 1.500 pesos de un bono y me ofreció guita” (hecho que quedó plasmado en la página de Apropol en esos días). “A mi esas cosas no me gustan, yo me puedo pasar de rosca, pero no me gustan, me ¿entendés?. Me ofreció 20 mil pesos por mes (…) quiero que lo llames a Bruschi y le cuentes, porque yo no soy un traidor, soy un luchador. Decíselo a Burschi lo de de éste (por Bengoechea) y de Donald (que es Daniel “Donald” Acosta, jefe del Comando Radioeléctrico de Rosario). Llamalo a Bruschi y decile lo que te conté y que yo lo llame para decírselo personalmente, que le están jugando por detrás, que esos hijos de puta andan tramando para que deje la Unidad (regional). Yo no me voy a prender en esta, fíjate que ya los maté por twitter. Decile a Buschi que me ofreció 20 mil peso por mes y lo mandé a la concha de su madre”, le relata el dirigente de Apropol a “Piquito”, en medio del conflicto policial que dejaba a las dos ciudades más importante de la provincia, Rosario y Santa Fe, a merced de saqueos y robos.

 

En otra conversación, ajena al tema de la posible opereta de oficiales de la URII contra Bruschi, Martínez se comunica con un oficial de las TOE. Precavido, intenta saber si van a allanar otras viviendas cercanas a él. Le pide al oficial de las TOE que le avise porque si entran rompen todo, y él está dispuesto a enviar a alguien a abrirles. Del otro lado de la línea lo tranquilizan: “Olvidate loquito, no hay problema”. El “gaucho” le pide una vez más que no rompan las puertas si van a allanarle. – Alberto, por favor, me hacés sentir mal. Quedate tranquilo, de última yo te aviso -le vuelve decir el policía.

 

– ¿Sabes lo que pasa?, comentó Martínez. El pibe mío (… ) yo lo dejé ahí (en la casa) con el primo, es un chico, tiene 17 años, pero están todo el día boludeando en la play.

 

– Mi gente cuando hizo el allanamiento casi se murió cuando tu pibe dijo “mi papá es Alberto Martínez. Se quedaron blancos boludo. Olvidate Alberto – responde el oficial tropero

 

 

Asilo político

 

 

Martínez, desde el sur, monitoreaba todo por teléfono y se comunicaba con un sinnúmero de personas. Uno de ellos, un presunto abogado, llamado Luis. Le pide que le haga un habeas corpus “cortito” para saber qué están investigando. “Apenas pise Santa Fe voy a ser un perseguido político, necesito el habeas corpus para pedir asilo político”, le cuenta. El interlocutor le dice que “haga quilombo, que ésta se puede (sic). El dirigente de Apropol le dice que “ya conseguí capuchas para que la gente no sea identificada si mandan emisarios a sacar fotos”. El supuesto abogado le explica que tiene mucho trabajo, que se encontraba en Venado Tuerto, por un “quilombo de lo de Firmat” y que recién regresaba el martes. El “Gaucho” cambia de opinión y le dice: “se lo pido al negro (Miguel) Portillo (también abogado), yo era para sacarle un poco de laburo. Voy a ir yo directamente al juzgado y que no me atienda el sumariante, a mí me atiende el juez, el fiscal o el secretario”.

 

 

El Pato y la embajada

 

 

Martínez, en una conversación que tiene con un comunicador llamado Miguel. Le dice que no piensa regresar el 12 (de diciembre pasado) a Rosario, que va a “buscar asilo en una embajada”. El comunicador (que sería un conductor radial) le comenta que lo estuvo llamando antes porque “había un programa especial en la radio” y porque además quería decirle que iba a publicar una nota sobre el allanamiento a la casa de Martínez, realizado por “paramilitares por pedido del hijo del represor (el juez de instrucción, Javier) Beltramone”.

 

– Y estando mi hijo solo, le dice Martínez

 

– Y se apropiaron de un menor, redobló el comunicador

 

– No, pará, lo pibes de las TOE no sabían que vivía ahí. Quedate tranquilo, esta todo bien, cualquier cosa te aviso.

 

 

Sin tropa propia

 

Mientras el paro policial no se terminaba de decretar, Martínez intentó desde la Patagonia impulsar una medida de fuerza extrema, de quite total de colaboración. Llamó a un conocido del sindicato, que le comentó que “ayer había estado en los portones (de la Jefatura de Rosario) y estaban todos borrachos, había mucho alcohol, no piso más, ustedes son unos traidores”, le dice. – ¿Y Quiénes son?, le preguntó Martínez. “Dicen que son autoconvocados”, respondió. “Ahí, en los portones, es gente nuestra boludo, están los muchachos, Noel, Altamirano, Cardozo y esta yendo ahora para allá Portillo”.

 

El dirigente de Apropol, no podía regresar del sur del país antes, porque según dijo, los pasajes estaban para el 12 y no tenía plata. Pero habla con otro integrante del gremio y le pide que controle el portón de la Jefatura, que no haya violencia entre policías y que no se sume al juego a los autoconvocados. Le explica que Bonfatti va a tener un costo grande con dos mil gendarmes en la ciudad, por día. “Cuando se declare el paro total, ni los gendarmes van a poder parar a la horda, ¿viste?, ¿Me entendés como es la mano?

 

Otra de las charlas interceptadas del teléfono de la esposa de Martínez, pero que él utiliza, puede delinearse la estrategia con respecto a la ciudad de Santa Fe, donde el contacto de Apropol es Fabricio. “Haganle saber al intendente que ya la situación no da para más, y que la exigencia son trece mil pesos, hablen con (Miguel) Portillo, que está en Santa Fe, ahora está en Rosario, porque ahí nos quiere reprimir la Gendarmería”.

 

Los días que siguieron no fueron fáciles. En la ciudad de Santa Fe, que fue discriminada por el envío de fuerzas federales, hubo alrededor de 80 robos y saqueos entre el sábado 7 y el lunes 11. El martes, en la última negociación que mantuvo el gobierno santafesino con los representantes de los policías, se fijó un aumento, sin margen de renegociación. El apriete ya había ganado. Por decreto, se anunció un aumento exponencial del salario de los policías.

 

 

Investigación y texto: Héctor Galiano