En Francia, Gran Bretaña, Alemania, España, Bélgica, Dinamarca y Holanda se repite un mismo fenómeno: la exportación de combatientes a Siria. Los responsables políticos temen que éstos vuelvan transformados por la guerra y la radicalización.

 

 

Dos franceses más se sumaron esta semana a la lista de europeos muertos en Siria. No se trata de periodistas, ni de miembros de alguna ONG, sino de combatientes occidentales que acuden a Siria para unirse a las filas de la oposición islamista radical al régimen de Bashar al Assad. “Nos cayó del cielo, así, sin que lo esperáramos. Primero hubo una conversión al Islam, y eso no era nada grave, pero lo que siguió después sí lo fue y uno no anticipa lo que puede ocurrir.” La madre de Nicolas, uno de los dos franceses muertos en Siria en el pasado mes de diciembre, explicó así ante la televisión francesa France 2 la tragedia de su hijo. Según los servicios de inteligencia franceses, habría hoy varios cientos de ciudadanos franceses combatiendo en las filas de la oposición.

El fenómeno alcanza tales magnitudes que los especialistas hablan ya de la existencia de una suerte de “Jihad europea”. Francia, Gran Bretaña, Alemania, España, Bélgica, Dinamarca u Holanda, varios países del Viejo Continente han visto muchos jóvenes ciudadanos, a menudo de origen musulmán, partir hacia Siria para integrar uno u otro bando de la oposición. A mediados de diciembre de 2012, los ministros de Interior de Francia y Bélgica, Manuel Valls y Joëlle Milquet, revelaron que entre 1500 y 2000 europeos se trasladaron como “combatientes” a Siria desde el pasado marzo. Las cifras señalan un aumento considerable de esos combatientes. Para todo el año 2012, la cantidad de jihadistas europeos llegó a 800, tres veces menos que en 2013. Según fuentes del contraespionaje francés, para sólo el mes de diciembre unos 14 jihadistas franceses fueron a pelear a Siria. Esta curva ascendente constituye una de las mayores preocupaciones de los servicios de inteligencia de los países europeos.

Manuel Valls adelantó que, actualmente, hay unos 200 franceses en Siria, otros 70 “en tránsito”, mientras que otros 100 estarían en “vías de desplazarse”. El titular francés de la cartera de Interior juzgó que “en términos de peligro, es para Francia y para Europa el desafío más considerable que se presenta de cara al futuro”. Los responsables políticos de Europa temen sobre todo el retorno de esos combatientes, transformados por la guerra y la radicalización. “Temenos que mientras más pase el tiempo nuestros ciudadanos sean mucho mas peligrosos de lo que soy en la actualidad”, dijo el responsable francés. No obstante, Manuel Valls reconoció que hoy no se ha “constatado ninguna amenaza directa o probada contra nuestro país, nuestros intereses o nuestros ciudadanos.”

Lejos de enrolarse en el tibio Ejército Sirio Libre (ESL), la gran mayoría de estos eurocombatientes se alista en las filas de los movimientos opositores más radicales que operan en el país, es decir, una de las ramas disidentes de Al Qaida, el Frente al Nusra, o al Estado Islámico de Siria y del Levante. Este grupo está afiliado a la rama iraquí de Al Qaida mientras que el otro, el Frente al Nusra (Frente para la Victoria del pueblo de la Gran Siria) aspira a derribar al gobierno de Bashar al Assad para instaurar en el país un Estado pan-islámico regido por la sharia. Este proyecto político religioso y el extremismo que profesa el grupo llevó al Estado Islámico de Siria y del Levante (EIIL) a declararle la guerra a la oposición moderada agrupada en el Ejército Sirio Libre. El portavoz de EIIL, cheikh Abou Mohammed al Adnani, dijo hace unas semanas: “Cada miembro de esta entidad (los moderados) es un blanco legítimo, a menos que declare públicamente su rechazo a combatir a los mujahidines”. Cifras proporcionadas por el Observatorio Sirio de los Derechos Humanos, OSDH), dan cuenta de que los combates entre oposición islamista radical y moderada dejaron un saldo de más de 280 muertos.

El Centro Internacional de Estudios sobre la Radicalización, ICSR, una ONG basada en Londres, calcula que 18 por ciento de los combatientes sirios provienen del Viejo Mundo. A este ejército se le suman los más de 11.000 combatientes oriundos de Libia, Túnez o Marruecos. El ICSR estima que desde que estalló el conflicto en Siria, en marzo de 2011, entre 2500 y cinco mil combatientes europeos se alistaron en la oposición armada. El Instituto sueco de relaciones internacionales adelanta cifras menores: entre 800 y 200, lo que representa entre el 7 y el 11 por ciento de ciudadanos europeos. Las cifras son, como se ve, variables de un instituto a otro y muy distintas de las que presentan los Estados. Europol, el organismo europeo, señaló en un informe que “Siria se ha convertido en un destino de predilección para los combatientes. Se constata igualmente un aumento de los ciudadanos europeos, entre los cuales hay ciertas personas asociadas al terrorismo.”

Desde que estalló en 2011, el conflicto sirio ha provocado la muerte de más de 130.000 personas. “Nuestros hijos revientan allá y nadie lo sabe”, dijo a la prensa Dominique Bons, el padre de Nicolas, uno de los jihadistas franceses muertos recientemente en Siria. El padre contó que su hijo fue a la guerra porque decía que “no quería vivir en una sociedad basada en el provecho y el consumo. Tampoco soportaba la injusticia. Le interesaba mucho lo que ocurría en Medio Oriente, lo que Israel le hacía a los palestinos, lo que Al Assad le hacía a su pueblo. Quería ayudar a toda esa gente” (diario Liberation). Siria ofrece un marco ideal para quienes están animados por sueños de guerra y justicia. La guerra santa se encuentra a las puertas de Europa. Loïc Garnier, jefe de la Unidad de Coordinación de la lucha antiterrorista (Uclat), explica que en Siria “los jóvenes islamistas radicales tienen el sentimiento de llevar a cabo un combate legítimo para derrocar a un dictador sanguinario” .

Los guerreros de “afuera” siempre existieron en todos los conflictos. Sin embargo, la facilidad del acceso al territorio sirio ha empujado el fenómeno hacia arriba. Es muy difícil detectar o detener el flujo de estos eurocombatientes que logran llegar a Siria gracias a redes de reclutamiento muy bien organizadas, a menudo respaldadas por fondos suministrados por millonarios de los países del Golfo. Las organizaciones clandestinas, muy presentes en Bélgica y Francia, reclutan en Europa y luego llevan a los aspirantes a la Jihad a través de los Balcanes, Turquía y Marruecos. El año pasado, Turquía impidió el paso hacia Siria de unos 1100 combatientes oriundos de Europa. Gran Bretaña es, hasta ahora, el país que responde de manera más radical a este fenómeno: Londres decidió retirarles la nacionalidad a los jóvenes musulmanes británicos que se unen a los grupos extremistas sirios.

 

 

Fuente: Página/12