Efectos de la ola de calor. Durante el fin de semana los peces mordieron a unas 15 personas, aunque ninguna lesión fue grave. En La Florida no se reportaron casos.

 

Parece un chiste de mal gusto: justo el año en que hace más calor, las palometas atacan a la gente que se mete al río. Sin embargo, el fenómeno no es casual ni maldición del destino, sino una simple consecuencia de las temperaturas extremas que, al no dar tregua durante varios días sucesivos, calientan mucho el agua y elevan el metabolismo de los cardúmenes. Debido a eso, entre el sábado pasado y ayer unas quince personas resultaron mordidas por los peces en el sector norte de la rambla Catalunya, sobre todo en los pies, y debieron ser asistidas en el puesto móvil que el Sistema Integrado de Emergencia Sanitaria (Sies) tiene apostado frente a la playa. El consejo de los guardavidas es simple: meterse al río, pero no más allá de la rodilla. Increíblemente, muchos no lo respetan, lo que obligó a vallar la playa y prohibir el ingreso al agua. Unos cientos de metros río arriba, en el balneario La Florida (que el fin de semana visitaron 8 mil personas), no se reportaron casos.

La realidad confirma la teoría: no bien apretó nuevamente el calor durante varias jornadas seguidas, regresaron las palometas a las costas rosarinas. Así fue como entre el jueves y el viernes se reportaron unas diez mordeduras, cinco el sábado y al menos diez ayer. Todos los casos, en las inmediaciones de la rambla Catalunya.

Uno de los guardavidas del balneario, Gustavo Rapp, detalló que los ataques se dieron básicamente en el área norte del balneario, comprendida entre los bares Mordisco y Señor Arenero y la Plaza Seca, paradójicamente el sector habilitado para bañarse en el río.

Nuevamente, los peces mordieron a los bañistas en los pies, sobre todo en los dedos. Esa localización de las heridas provoca que, aun cuando sean superficiales, sangren mucho.

Según detalló Rapp, entre los lesionados (esta vez todos adultos, a diferencia del ataque masivo que se registró el 25 de diciembre) se contó incluso una turista de unos 30 años, a quien el personal del Sies recomendó la aplicación de la antitetánica.

Sin embargo, el propio director del servicio, Federico Cornier, aseguró luego a La Capital que ninguna de las lesiones atendidas por su personal revistió gravedad, lo que no obligó a internar a nadie. Todas las curaciones se realizaron en el lugar.

Hasta la rodilla. El guardavidas contó que el consejo inequívoco que dan a los bañistas es que no ingresen demasiado profundo al río, sino sólo hasta la altura de las rodillas, de modo de poder refrescarse sin correr riesgos innecesarios. “La gente lo sabe, pero no nos hace caso”, dijo Rapp.

La desobediencia va más allá. De hecho, ayer antes de los ataques de las palometas ya había bandera roja en el balneario, pero el sector de baño estaba lleno. Y aun cuando, tras el segundo grito, los guardavidas intentaron retirar a los bañistas, “muchos hicieron caso omiso” a los silbatos.

Así, al llegar al quinto herido, la Guardia Urbana Municipal (GUM) debió vallar el sector de ingreso al río con cintas de peligro y conos plásticos.

Para Rapp, que se crió en La Florida y se desempeña como guardavidas en la Rambla desde hace nueve años, las palometas no son estrictamente una novedad.

“Casos de mordeduras se dan todos los años, pero en los veranos como este, con muchos días seguidos de calor y sin tormentas que enfríen el agua cada tanto, el metabolismo de los peces se eleva”, explicó.

Y así es como los cardúmenes se vuelcan la costa rosarina en busca de residuos urbanos y de las tripas de peces que los pescadores ubicados al sur de La Florida arrojan al agua. “No casualmente, el ataque masivo del 25 de diciembre se dio antes de que se levantara la veda de pesca, el 1º de enero”, razonó Rapp: con el metabolismo muy alto y sin comida, las palometas atacaron masivamente a los bañistas.

Ahora, con menos ímpetu porque volvió la pesca, lo que activa los ataques parece ser sólo la persistencia de la ola de calor.

 

 

Fuente: La Capital