Para que las negociaciones tengan alguna esperanza de éxito deben reflejar el equilibrio de poder en el terreno en Siria. Las fuerzas del gobierno de Al Assad controlan 13 de las 14 capitales de provincia del país.

 

La primera sesión de las negociaciones de paz de Ginebra II, que finalizó ayer, fueron más fracaso de lo que parecen. Era el tipo de conferencia internacional en la que los patrocinadores dicen que el trabajo preliminar útil ya estaba hecho y los escépticos responden que las únicas palas ocupadas eran las de los sepultureros: unos 1870 sirios fueron asesinados durante la semana de las conversaciones de paz.

Para que las negociaciones tengan alguna esperanza de éxito deben reflejar el equilibrio de poder en el terreno en Siria. Está muy bien para el secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry, afirmar que la reunión sería acerca de la transición política en Siria durante la cual el presidente Bashar al Assad debe dejar el poder. Pero ¿por qué Al Assad querría hacer algo así, cuando sus fuerzas tienen 13 de las 14 capitales de provincia de Siria y está recapturando lentamente distritos de Damasco, Homs y Alepo capturados por los rebeldes en 2012?

Si Kerry es sincero en la creencia de que la paz sólo se puede lograr si Assad se va, entonces él está asumiendo un cambio radical en el actual equilibrio de fuerzas en Siria, que sólo podría ocurrir a través de una larga guerra o la intervención militar extranjera a gran escala. El enfoque de los Estados Unidos y sus aliados europeos hasta ahora condena a los sirios a la devastación y una repetición de la guerra civil libanesa que duró 15 años, entre 1975 y 1990.

No es que las fuerzas de Al Assad puedan obtener una victoria decisiva. Pueden estar avanzando lentamente, pero los rebeldes siguen ocupando grandes extensiones de territorio en el norte y este del país. El Ejército sirio está escaso de tropas, lo que explica por qué está bloqueando en lugar de recapturar pequeños enclaves de la oposición en Damasco, Homs y Alepo. En general, hay un estancamiento militar que es poco probable que se rompa.

La oposición se encuentra peor que nunca. No sólo está dividida sino que desde el 3 de enero está luchando su propia guerra civil dentro de la guerra civil. El Estado Islámico feroz de Irak y el Levante (Isis) tiene territorio al este y sus oponentes al oeste de Alepo, mientras luchan por el control de las líneas de suministros a Turquía en el norte. No hay un ganador emergiendo claramente. La única oportunidad de la oposición para cambiar su suerte militar sería una muy larga guerra en la que estuviera totalmente respaldada por Arabia Saudita, las monarquías del Golfo y Turquía. Estos estados pueden calcular que dado que la mayoría en Siria es árabe sunnita, finalmente va a ganar. Pero hay que recordar que el ala supuestamente “moderada” de la oposición siria está luchando junto Jabhat al Nusra, el representante oficial sirio de Al Qaida. Los alawitas, cristianos, drusos y chiítas –posiblemente junto con los kurdos sunnitas– saben que no hay lugar para las minorías en una Siria dirigida por la actual oposición.

El Ejército sirio puede tener dificultades para conseguir suficientes reclutas, pero en la zona cristiana de Damasco, los jóvenes se presentan como voluntarios para luchar contra Jabhat al Nusra, atacando a sus correligionarios en las montañas al oeste de la capital. Las denominadas medidas para afianzar la confianza, como la comida que se distribuye en los lugares bloqueados, como la ciudad vieja de Homs y el campo Yarmuk, en Damasco, son buenas en sí mismas. Los hambrientos llegan a comer. Los niños enfermos que habrían muerto, viven. Pero es dudoso cuánta confianza realmente se crea entre dos bandos que se odian y desconfían uno del otro tanto. Los crímenes no están todos en un solo lado. La oposición está pidiendo a gritos alimentación y medicina para 2500 personas que mueren de hambre en la ciudad vieja de Homs asediada por el gobierno, pero mantiene silencio sobre el propio sitio de 45.000 chiítas en las ciudades de Zahraa y Nubl fuera de Alepo.

Cualquier intento de gobierno de transición en esta etapa no va a funcionar porque el poder no puede ser compartido por gente que quiere matarse entre sí. La única manera de que el poder se pueda compartir realmente es sobre una base geográfica por la cual cada lado tiene el territorio que controla, bajo un acuerdo de alto el fuego.

Antes y durante las conversaciones de paz los días estuvieron marcados por acusaciones de crímenes de guerra contra el gobierno sirio: estaban las fotos de los prisioneros torturados y muertos de hambre y un informe sobre la demolición de barrios enteros de las fuerzas gubernamentales. Pero sería un error para los observadores extranjeros imaginarse que la impopularidad del gobierno sirio se traduce en el apoyo a los rebeldes. Como uno sirio en Damasco dijo: “En estos días la gente odia a ambos por igual por haber arruinado nuestro país y están desesperados porque la guerra no termina”.

 

 

Fuente: Página/12