La última Navidad nos sorprendió a todos con un ataque masivo de palometas en la ciudad de Rosario, en la rambla Catalunya sobre el Paraná, con un saldo de más de cuarenta heridos.  Por Matías Pandolfi, Biólogo, Investigador del Conicet y Profesor de la UBA

 

La última Navidad nos sorprendió a todos con un ataque masivo de palometas en la ciudad de Rosario, en la rambla Catalunya sobre el Paraná, con un saldo de más de cuarenta heridos. Casi un mes después en la misma localidad hubo un segundo ataque con otros diez heridos. En ambos casos se atribuyeron los ataques a dos especies de palometas que habitan las cuencas del río Paraná: Serrasalmus spilopleura (palometa brava) y Pygocentrus nattereri (palometa mora). También ocurrieron ataques de palometas en balnearios de Misiones a los que se sumaron también ataques de tararias. Todos estos hechos tienen un denominador común: ocurrieron en verano y durante una de las olas de calor más intensas que registró nuestro país. Una explicación muy simple es que debido al calor los peces estaban muy cerca de la costa y había muchos bañistas en el agua. Son varias las explicaciones posibles para este fenómeno. Sin embargo, es importante aclarar antes de comenzar a enumerarlas, que son todas hipótesis basadas en conocimientos de la biología de estos animales, pero que hay que ponerlas a prueba a través de la realización de estudios científicos. Para empezar a clarificar algunas cuestiones hay que decir que hablar de palometas o pirañas es lo mismo. Se trata de una familia de peces denominada Serrasalmidae que incluye más de 40 especies de agua dulce y que se caracterizan por tener mandíbulas fuertes generalmente armadas con dientes muy afilados y colocados en una sola hilera. De hecho, una de las especies que se encuentra en el Paraná es denominada palometa en Argentina y piraña en Brasil. Dentro de esta familia tenemos también a los conocidos pacúes, una especie de agua dulce muy consumida en nuestro país, pero que es mucho menos agresiva ya que presenta una dieta omnívora.
Estos peces suelen formar cardúmenes lo cual les trae varios beneficios, incluyendo defensa contra predadores (mejorando la detección de éstos y diluyendo la posibilidad de ser capturados), perfecciona el éxito de ataques y depredación y facilita la formación de parejas y vínculos sociales. La mayoría de los ataques registrados a personas se dan durante el verano, que es la época reproductiva de estos animales, momento en el cual cuidan ferozmente su nido y su crías. Los cardúmenes de palometas detectan el movimiento de animales grandes, muchas veces heridos y moribundos, y eso hace que los ataquen con ferocidad. Esa ferocidad comienza a escalar a medida que más animales se incorporan al ataque. Es en esos momentos donde el cardumen, al igual que las jaurías de perros, los enjambres de abejas, o las mangas de langostas, se consideran como un súper-organismo con características propias y diferentes a la de los individuos aislados. Es por este tipo de comportamiento que las palometas son especies muy importantes en el equilibrio de los ecosistemas, ya que evitan que los animales muertos se pudran en el agua y transmitan enfermedades. Las altas temperaturas registradas en los días de los ataques a bañistas en combinación con la baja en el caudal de agua del Río Paraná podrían haber sido responsables de que los peces se encuentren en altas densidades y con poca disponibilidad de presas/alimento. Tenemos que tener en cuenta también que los peces no tienen una temperatura corporal constante como los mamíferos y las aves, y por lo tanto al subir la temperatura del agua aumenta su propia temperatura, metabolismo, voracidad y agresividad. También hay que tener en cuenta lo que pueda estar sucediendo con la abundancia de las poblaciones de los predadores naturales de las palometas: dorados, yacarés y varias especies de aves. Si las poblaciones de estos predadores se redujeran significativamente, esto podría generar un aumento en las poblaciones de palometas. Pero, como mencioné antes, todo esto es especulativo y hay que realizar estudios científicos concretos para poder realizar estas afirmaciones con prudencia.
No es mucho lo que podemos hacer para evitar estos ataques. Tenemos que recordar que somos nosotros los que estamos invadiendo el hábitat de estos animales. Se recomienda no bañarse cerca del mediodía (entre las 13 y las 15 horas), que es el horario donde se registran la mayor cantidad de ataques ya que es el horario en que estos peces están más agresivos. Se recomienda también bañarse en zonas alejadas de la vegetación acuática que es donde se encuentran los huevos y larvas de estos animales tan territoriales. Es preferible elegir zonas más abiertas, menos vegetadas y más correntosas que suelen ser más frías y que no tienen densidades tan altas de palometas. Dado que la mayoría de los ataques se dan sobre los pies y piernas, es aconsejable que los niños entren al agua con algún tipo de calzado para que amortigüe un poco la potente mordida de estos peces, capaz de seccionar alguno de sus dedos o pequeñas falanges. Es deseable también no entrar al agua con heridas sangrantes abiertas ya que atraen a estos predadores, y ante el primer inconveniente o alerta retirarse de inmediato del agua. Siempre es bueno consultar a los lugareños que son quienes más saben sobre los animales presentes y sus características.
Tenemos que ser conscientes que mientras siga dándose el fenómeno de calentamiento global por emisión de gases que generan efecto invernadero, estos eventos extremos (lluvias y sequías intensas, frío y calor intensos que se alternan en distintos períodos) serán más frecuentes. Probablemente nos sigamos encontrando en nuestra región con hechos de esta naturaleza, que suelen ser típicos de zonas más tropicales. Lo importante es que estemos informados para tomar las medidas que reduzcan al mínimo el daño sobre los bañistas pero respetando también nuestros ecosistemas.

 

 

Dr. Matias Pandolfi
Departamento de Biodiversidad y Biología Experimental. Facultad de
Ciencias Exactas y Naturales. Universidad de Buenos Aires
pandolfi@bg.fcen.uba.ar