Expertos del Conicet relevan unas 200 variedades de peces, incluso las palometas, que atacaron a 70 bañistas este verano.

Lo que ocurre bajo las aguas del Paraná Inferior, cuántas especies lo habitan y cómo se comportan, y qué hizo que apenas iniciado el verano se produjeran más de 70 ataques de palometas a bañistas en las playas de la Rambla Catalunya son algunos de los interrogantes que intentan responder los integrantes del Grupo de Investigación de la Plataforma de Biotecnología Acuática del Instituto de Biología Molecular de Rosario (IBR). Las palometas y otras cientos de especies son parte del relevamiento que vienen realizando y que apunta a sumar conocimientos no sólo sobre la biodiversidad de la fauna ictícola de la zona sino a proyectos productivos sustentables. “Es un área de investigación importante, sobre todo en una ciudad que está frente a uno de los ríos más importantes del mundo, del que se hace uso y abuso”, afirmó la responsable del proyecto y profesora titular del área Biología General de la Facultad de Ciencias Bioquímicas de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), Silvia Arranz.

La vida subacuática del Paraná volvió a despertar interrogantes este verano, cuando sobre las fiestas de fin de año y con una de las olas de calor más furiosas que padecieron los rosarinos, más de 70 bañistas fueron atacados por las palometas. Acerca de qué provocó los ataques, hubo decenas de hipótesis y la investigadora resaltó que son sólo eso.

“No hay estudios realizados sobre su comportamiento y hábitat, cuáles son los territorios donde se encuentran más frecuentemente y qué factores influyen en su comportamiento. Podemos pensar que defienden su territorio en plena etapa reproductiva, pero no es más que una línea de trabajo”, indicó la especialista.

Para responder a esas preguntas, las palometas son parte del relevamiento que el grupo de investigación viene llevando adelante en diferentes momentos del año y que pretende abarcar la mayor cantidad posible de las 200 especies estimadas en la zona.

“Es un barrido que ya comenzó y que se hace a lo largo del año, ya que hay algunas que son cíclicas y aparecen en algunos momentos del año”, indicó la especialista, que a su vez forma parte de la construcción de una biblioteca mundial que se propone identificar a todas las especies de animales, vegetales y hongos del mundo mediante un código de barras genético y localizarlas geográficamente (ver aparte).

El proyecto tiene ya varios años y la presencia del río, como “ecosistema del que se desprenden bienes y servicios”, es uno de los factores fundamentales que la impulsaron, como indicó la investigadora.

En ese punto, destacó que “los humedales continentales a los que corresponde Rosario constituyen una de las zonas más biodiversas del mundo, porque de allí se desprenden bienes y servicios como la pesca y su comercialización, y muchos otros que impactan fuertemente en ese ecosistema, por ejemplo en términos de contaminación”.

Si bien Arranz consideró que “existe una mayor conciencia sobre la importancia de la conservación de esa biodiversidad”, también opinó: “Eso no se traduce en medidas concretas y, en ese sentido, todavía estamos en pañales”.

Al respecto, se puso en marcha la investigación de la fauna ictícola de la zona del bajo Paraná, que está estimada en 200 especies.

“Hay relevamientos ya hechos en la zona de Diamante, Entre Ríos, que registran 150, pero sabemos que hay más que no están informadas”, indicó Arranz, quien detalló: “Se trata de un estudio de este momento, porque hay especies informadas hace cien años que ya no están y han aparecido nuevas, lo que hace que podamos dar el mapa actual y eso tiene un valor importante también respecto del futuro para poder pensar no sólo la biodiversidad de la zona sino para ver los impactos que se provocan sobre esta fauna y también para generar proyectos de explotación sustentables”.

Entre las líneas de investigación que aborda el proyecto, integrado por bioquímicos y licenciados en biología y en biotecnología, Arranz indicó que “se trata de entender cómo se regula el crecimiento en peces, lo que representa un parámetro económico importante a la hora de pensar en proyectos de cultivo, tiempos y costos”.

En ese punto, dijo que se trabaja con una especie emblemática que es el pejerrey, además del pacú, el surubí y la boga, y detalló que “se desarrollan marcadores moleculares que permiten estudiar las poblaciones, contribuir al manejo sustentable e, incluso, generar en el futuro programas de mejora genética”. E indicó que “la identificación de las especies y su estudio también posibilitan el control de su comercialización”.

 

 

Fuente: La Capital