El grupo extremista fusiló, acuchilló y hasta decapitó a los hombres en Alepo, al norte del país. La misma banda habría enviado a tres suicidas que mataron a siete civiles e hirieron a veinte en una triple explosión.

Al menos treinta hombres fueron asesinados por miembros del grupo jihadista Estado Islámico de Irak y el Levante (EIIL) en la provincia de Alepo, en el norte de Siria, informó el Observatorio Sirio de Derechos Humanos. La ONG precisó que algunas de las víctimas murieron por disparos, otras fueron ejecutadas con arma blanca e, incluso, unas pocas fueron decapitadas. Al menos diez de los muertos en las afueras de la localidad de Yarabulus, al norte de la ciudad de Alepo, son combatientes rebeldes de otras brigadas islamistas. Por otra parte, siete civiles murieron también ayer, entre ellos cuatro mujeres, y otros veinte resultaron heridos en un triple atentado suicida perpetrado contra un edificio gubernamental en la localidad de Qameshli, en el norte de Siria. Según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, el ataque fue otro golpe del EIIL.

Desde el pasado 3 de enero, el norte de Siria es escenario de choques entre una coalición integrada por el Ejército de los Mujaidines, el Frente Islámico y el Ejército Libre Sirio, por un lado, y el EIIL, por otro. Los primeros quieren expulsar a los extremistas del país porque consideran que cometieron violaciones contra el pueblo sirio, como asesinatos y secuestros.

En el bando de los adversarios del EIIL, lucha también el Frente al Nusra, designado por el líder de Al Qaida, Ayman al Zawahiri, como la filial de la organización terrorista internacional en territorio sirio. Al Zawahiri de-sautorizó al EIIL para operar en Siria y le ha ordenado que limite sus actividades a Irak, lo que el grupo desobedeció.

Mientras, en Qameshli, al norte del país, tres suicidas –presuntos miembros del EIIL– detonaron los cinturones de explosivos que llevaban adosados a sus cuerpos en el hotel Hadaya, donde tiene su sede el gobierno local. En el edificio también se encuentran unas oficinas de la administración interina kurda, declarada por el Partido de la Unión Democrática (PYD), una de las principales formaciones políticas kurdo-sirias, en esta población de la provincia de Al Hasaka.

El Observatorio no descartó que el número de víctimas mortales pueda aumentar debido a la gravedad de algunos de los heridos. Trabajadores en las oficinas del PYD señalaron a esa organización que uno de los suicidas era una mujer. Un cuarto supuesto atacante fue detenido antes de que hiciera estallar otro cinturón de explosivos.

Este triple atentado se produce la víspera del décimo aniversario de la llamada Intifada de Qameshli, como los kurdos llaman a los enfrentamientos y protestas contra el régimen sirio en esta localidad en marzo de 2004. Esos disturbios se desencadenaron tras una disputa entre seguidores de un equipo de fútbol árabe y otro kurdo, que llevó a la intervención de las fuerzas de seguridad, que mataron al menos a 36 personas, en su mayoría kurdos.

En el último año, los enfrentamientos entre las llamadas Unidades de Protección del Pueblo Kurdo, brazo armado del PYD, y los jihadistas se han vuelto frecuentes en el norte de Siria. Los kurdos suponen el 9 por ciento de los habitantes de Siria, y viven, en su mayoría, en Al Hasaka y en las regiones de Afrin y Ain al Arab, en la provincia septentrional de Alepo.

Los continuos enfrentamientos entre facciones políticas y religiosas tienen en jaque a Siria y a su población, a tres años del inicio de la guerra civil. El número de niños afectados por la guerra en Siria se duplicó con creces en el tercer año de conflicto para alcanzar los 5,5 millones, según un informe del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) publicado ayer.

“Privados de ayuda, viviendo entre los escombros y luchando para hallar alimentos, numerosos niños sirios se encontraron sin ninguna protección, ayuda médica o respaldo psicológico y tienen poco o ningún acceso a la educación”, explica el informe. “En los peores casos, mujeres embarazadas y niños fueron deliberadamente heridos o asesinados por francotiradores”, agrega.

Según Unicef, cuyo informe ilustra los profundos traumas vividos por los niños sirios, más de dos millones de ellos necesitan tratamiento o ayuda psicológica. “Para los niños sirios, los tres últimos años fueron los más largos de sus vidas. ¿Deben soportar otro año de sufrimiento?”, se preguntó el director ejecutivo de la Unicef, Anthony Lake, citado en el informe. “La violencia, el hundimiento del sistema educativo y de los servicios de salud, la profunda angustia psicológica y el deterioro de la coyuntura económica contribuyen a asolar a una generación” de niños sirios, subraya el texto.

Fuera del país, 1,2 millón de niños está refugiado y vive en condiciones en las que el agua potable, la comida y el acceso a la educación son limitados. De acuerdo con el organismo, uno de cada diez niños sirios refugiados trabaja y uno de cada cuatro cuyo matrimonio se ha registrado en Jordania son menores. Más de 500 mil sirios hallaron refugio en Jordania.