Miles de rosarinos volvieron a copar el Monumento a la Bandera tras la caída frente a Alemania en la final disputada en Río de Janeiro. La celebración en la ciudad transcurrió con tranquilidad.Reconocimiento. Ese fue el denominador común de los miles de rosarinos que ayer, al caer la tarde, se congregaron otra vez al pie del Monumento Nacional a la Bandera para festejar la campaña de la selección argentina de fútbol, subcampeona del mundo en Brasil 2014 tras perder 0-1 la final frente a Alemania. La celebración transcurrió con tranquilidad en medio de un fuerte operativo de seguridad, que igualmente no pudo frenar el paso de cientos de motos —estaba prohibido— y otros tantos autos que se filtraron por avenida Belgrano hasta la zona del mástil mayor del paseo más tradicional de la ciudad. Nuevamente, se advirtió mucho consumo de alcohol.

Había que festejar, y todo estaba preparado para que la gente saliera igual a la calle. Muchos ya lo habían prometido el miércoles pasado, cuando la selección venció por penales a Holanda y se metió en la final del Mundial, que cerró ayer con la digna derrota frente a Alemania en tiempo suplementario.

Aunque no de la manera masiva que ocurrió hace cinco días, los rosarinos se congregaron al pie del Monumento y volvieron desatar una fiesta. Por sobre todas las cosas, reconocieron el esfuerzo y la campaña del equipo de Alejandro Sabella. Ese sentimiento se reflejó en una enorme bandera celeste y blanca con una inscripción que decía: “Simplemente gracias”.

Romina y Julián, una pareja veinteañera, encaró igual por Córdoba con los gorros de arlequines y sus rostros pintados. “Hay que festejar porque dejaron todo en la cancha”, dijeron apenas terminó el partido. De fondo ya se escuchaba el clásico “vamos, vamos, Argentina, vamos, vamos, a ganar…”, proveniente de la costa central.

Si bien no se mostraron decepcionados, Miriam y Adrián. junto a su hija Sharon, se quedaron apenas unos minutos agitando las banderas y, a contramano de muchos, se pegaban la vuelta. “Mañana tengo que trabajar. Si ganábamos tal vez nos quedábamos un rato más, pero hay que madrugar”, dijo el jefe de familia, presuroso para tomar el colectivo rumbo Villa Gobernador Gálvez. Aunque ese servicio público había mermado por decisión de la UTA (ver páginas 4 y 5) .

“Estamos orgullos de esos chicos. Somos subcampeones. Por qué no vamos a festejar”, resaltó Mary, la abuela de Kevin, Alex y Juan. La mujer llegó junto a su hija Natalia desde Fisherton temprano para ver el partido en un bar. Luego se trasladaron hasta la avenida Belgrano y Alem, porque sin dramatismo creyeron que había motivos válidos para celebrar. “Nos vamos porque el nene más chiquito está sufriendo las bombas de estruendo”, dijo la mamá de los niños, con el más pequeño, de un año y medio, en brazos.

Para Roberto fue penoso el resultado final. Más que nada porque vendió solamente una bandera en toda la tarde. “Con Holanda me fue mucho mejor”, lamentó.

El Parque Nacional a la Bandera se vistió de celeste y blanco y otra vez fue epicentro de las más elocuentes manifestaciones populares. Los rosarinos no asimilaron la derrota como un fracaso y repitieron la fiesta con bombas de estruendo, fuegos artificiales, batucadas, bocinazos, cornetas, caras pintadas, banderas enormes y cánticos.

Fue con tranquilidad, tal vez con menos efusividad y en mucho menor escala que el miércoles tras la victoria ante Holanda por penales, pero se retribuyó sin dramas lo hecho por los muchachos de Sabella.

En tanto, la prohibición del paso de motos y autos pareció no funcionar como se había previsto. En Córdoba y Juan Manuel de Rosas un móvil de Control Urbano de la Municipalidad no lo pudo evitar y cientos de rodados menores y algunas decenas de autos se filtraron hasta la zona del mástil mayor.

También se advirtió que el control de la venta de alcohol no fue tan efectivo. O muchos le encontraron la vuelta, ya que no pasaron desapercibido las decenas de grupos bebiendo, algunos muy alcoholizados, portando no sólo envases de plástico recortado sino botellas de cerveza, lo que representa más peligro ante roturas o grescas.

Igual, los móviles policiales dispuestos en las calles transversales a la peatonal Córdoba hasta el río Paraná desalentaron el trajinar de grupos que podrían llegar a provocar destrozos, desmanes o arrebatos, como ocurrió el miércoles, cuando no se tomaron medidas preventivas.

Sin pantalla

En el Palacio de los Leones reivindicaron la decisión de no instalar una pantalla gigante en la zona del Monumento. “En ciudades donde sí lo hicieron, como la Capital Federal, estallaron incidentes”, deslizó anoche un funcionario socialista.

 

Fuente: La Capital