Por Luis Rubeo (h) *

 

El 2 de abril de 1982 tropas argentinas desembarcaron en las Islas Malvinas, Georgias, Sandwich del Sur, en el Archipiélago Austral. Una causa justa llevada adelante por una dictadura cívico-militar responsable de delitos de lesa humanidad. Tres días antes ese gobierno, que instauró el terrorismo de Estado, tambaleaba tras una jornada de movilización en apoyo a la huelga nacional dispuesta por la CGT, que le costó la vida a un trabajador.

 

Quienes ya militábamos en esos tempranos ’80, desde el peronismo, observamos el episodio de Malvinas como una clara maniobra de la dictadura para perpetuarse, y a la vez vivimos la compleja contradicción de saber que el reclamo histórico ante la usurpación inglesa de las islas seguía teniendo un destacado lugar en el corazón del Pueblo.

 

A la luz de los 33 años que transcurrieron desde entonces, creemos que aquella guerra fue un retroceso en términos de una estrategia nacional para recuperar Malvinas, y le permitió a la dictadura hacer los últimos estragos y preparar su retirada, con la primera derrota militar de nuestras Fuerzas Armadas en toda su historia, y sin que haya sido la movilización y la organización popular quien la obligara a rendirse.

 

En los años que pasaron desde el retorno a la democracia, las políticas públicas oscilaron entre el reclamo formal pero en el marco de una inocultable desmalvinización, la indiferencia de los años ’90, y el surgimiento de Néstor y Cristina Kirchner, quienes lograron resultados diplomáticos sin precedentes, como por ejemplo que voten junto a la Argentina, en la ONU, los países del Caribe que lo venían haciendo a favor de los británicos o absteniéndose por formar parte del Commonwealth.

 

Hace unos días, a poco de conmemorar el “Día del Veterano y Caídos en la Guerra de Malvinas”, tuve la oportunidad de reunirme con ex combatientes, en torno de la Ley Nº 13.421, que reconoce histórica y moralmente a todos los soldados bajo bandera, convocados y movilizados, que hayan participado directamente o no en la Guerra de Malvinas y, entre otras cuestiones, se establece la entrega de un Diploma de Honor y una Medalla Conmemorativa a cada uno de ellos.

 

En esa oportunidad señalé, y reitero ahora: “Debemos recordar a estos héroes que arriesgaron su vida por la Patria, teniendo en cuenta además el abandono que sufrieron después, padeciendo las consecuencias emocionales y psicológicas propias de una situación tan terrible como es cualquier guerra”.

 

En ese encuentro, asumí el compromiso de coordinar con el Ejecutivo provincial la fecha en que se llevará a cabo el reconocimiento, dado que la ley está vigente y hay que cumplirla.

 

El origen del conflicto, desatado por la ambición de una dictadura acorralada no puede hacernos olvidar que todos ellos, soldados bajo bandera, convocados y movilizados, merecen mucho más que el agradecimiento del Estado y del pueblo, merecen que los tengamos siempre presentes.

 

* Presidente de la Cámara de Diputados de la Provincia de Santa Fe