A diario nos ponemos a prueba y a diario nos cuestionamos la independencia y la objetividad. “No se puede ejercer el periodismo con ese nivel de compromiso sectorial”, me apunta un querido lector. Mi respuesta no demora: sí que se puede. Siempre y cuando ese compromiso no sea artificial. Siempre y cuando no responda a intereses económicos. Siempre y cuando no faltes a la verdad. O, mejor dicho, siempre y cuando no traiciones al pedacito de realidad que cada uno de nosotros vemos y llamamos la verdad.El compromiso es un valor positivo, en la medida en que no esté mezclado de las cosas que cité con anterioridad.

Defender ladrones no admite compromisos. Eso es complicidad.
Defender vaciamientos no es pasible de establecer compromisos. Eso se llama participación en un delito.
Defender criminales no es compromiso. Es ocultamiento de un crimen.

En fin, no debemos renegar de nuestros compromisos ideológicos, porque finalmente somos eso. Lo otro es ficción.

No oculto mi compromiso con un proceso de cambio en Santa Fe. No reniego de acompañar un proceso que se ocupó de la salud pública en una provincia donde no se hacía UN hospital desde hace 40 años. No reniego de estar comprometido con un plan que construyó 150 centros de salud donde no había quién atendiera a sus vecinos.

No puedo renegar, por ejemplo, de una gestión municipal que resolvió el 70 % de los problemas de inundación y que sembró 13 jardines maternales en barrios a los que nunca llegaba nada más que el narcotráfico y el delito.

No puedo disimular mi compromiso con un Estado que invirtió en cultura, en formación docente, en clubes de barrio, en obra pública esencial, en una reforma de la justicia que demorará en aplicarse, pero que finalmente se puso en marcha.

No se puede renegar de todo eso, mucho menos si la opción es el pasado. Si detrás de la opción se esconden los Mercier, los Reutemann, los ‘Alvaritos’ González, etc., etc. Todos aquellos que representan las gestiones que durante 24 años consecutivos vaciaron a la provincia en el nombre de la “prolijidad”, manosearon la dignidad de los docentes, de los jubilados, de los empleados públicos.

No se puede eludir el compromiso que se tiene con el presente, si el espejo del pasado me habla de los fusilados de diciembre de 2001, de los 113 muertos de la inundación del Salado, de los robos de Balbarrey, del saqueo de las cuentas públicas, de la venta a narcos del Banco de Santa Fe, del negociado de Aguas Santafesinas, del descuento del 13 % a los jubilados, de la quita del presentismo a los docentes con cáncer, de la falta de transparencia en el acceso a la administración pública, de tribunales de cuentas repletos de amigos que no controlaban nada, de una Justicia y una Corte llena de amigos de los que ocupaban la Casa Gris.

Entonces, cuando se es honesto intelectualmente no es posible que uno se mantenga al margen de la realidad y ponga distancias sobre la realidad y se manifieste “indiferente” a los resultados que puedan arrojar las urnas.
Claro que tengo compromisos. Pero no con un Gobierno, sino con el futuro de esta provincia y de esta ciudad. Y es por eso que no lo disimulo.