Leo una nota de mi amigo y colega Juan Berlanga reclamando respeto por los votantes de Del Sel y reprochando al Frente Progresista y al Peronismo las razones del “masivo” respaldo al exMidachi. Juan no habla desde un “no lugar”. Lo hace desde su condición de periodista, pero también desde su lugar de militancia kirchnerista. Mi respuesta también tiene esa doble condición, porque jamás oculté mi coincidencia con el Frente Progresista. Esa coalición que vino a terminar con 25 años de neoliberalismo extremo en la provincia.Aquí mi respuesta:

Juan, leo tu nota y entiendo que estás pidiendo respeto a los votantes de Del Sel. Ok, de eso se trata la democracia institucional: del respeto por quienes finalmente tienen la soberanía sobre nuestro destino. Eso es así y no admite reproche: la gente vota, elige y, finalmente, por mayoría dispone cuáles van a ser las lógicas que desde el Estado se proyectarán sobre sus vidas.

Eso no significa que no se los pueda observar, ni advertir, ni contradecir.

Los ciudadanos -políticos, periodistas, artistas, choferes, amas de casa, etc.- tenemos la obligación, si tenemos compromiso con la cosa pública, de decir lo que pensamos y sabemos sobre el presente y sobre el futuro. Por eso celebro tu nota. Y por eso me atrevo a responderla.

He aquí un ejercicio conocido: Te invito a aplicar la lógica K para leer el resultado del domingo:

Si nos remitimos al último resultado nacional y lo aplicamos al del domingo, deberíamos hacer la siguiente disquisición:

No es cierto que “la gente” le pasó factura a “la política”. La lógica binaria del “triunfo o derrota” que el Gobierno Nacional maneja como nadie contradice tu análisis. Si Del Sel sacó el 28 % de los votos, quiere decir que hay un 72 % que no quiere que nos gobierne. O sea, lejos de renegar de las organizaciones tradicionales, el pueblo santafesino le dio al Frente Progresista y al Peronismo, en la figura de Omar Perotti, un enorme respaldo. Así leen las derrotas desde el oficialismo nacional. Pero si se leen, como se leen las victorias, se podría decir: “Del Sel ganó, es la primera fuerza”, aunque esa victoria signifique apenas 5000 votos de diferencia, o el 0,34 % del universo de votantes.

No se puede hablar entonces, aplicando esa lógica, ni de un triunfo aplastante, ni de un mensaje de reproche a quienes no dieron respuestas a la sociedad. Sino, ¿cómo se explica que el Gobernador Antonio Bonfatti resulte el candidato más votado entre todos los que se ofrecieron en las boletas, incluso por encima del “fenómeno” Del Sel?

Analizar el triunfo de Del Sel, solo desde la lógica de la obtención de una primera minoría muy lejana a un triunfo aplastante, es simplificar un escenario más complejo: No se contemplan allí ni las incidencias de las pujas nacionales, ni las dificultades que ellas representan a una gestión local que, guste o no, se mantuvo al margen de las grandes contiendas.

Lo discutimos recientemente cuando ocurrió la inundación del norte de la ciudad de Santa Fe. Allí quedó plasmada la perversidad de los medios que responden o al Gobierno nacional o al Grupo Clarin y asociados, que maliciosamente recurrieron a exagerar una situación que, sin dejar de ser grave, de ninguna manera merecía helicópteros de C5N, ni cronistas de TN con el agua hasta las rodillas.

Ese día comprendimos con claridad lo que pasaba en Santa Fe y lo que le pasa al Gobierno de Santa Fe por no ser parte de ninguna de las dos corporaciones que se pelean por los grandes negocios de la Argentina.

El Socialismo apoyó sin vueltas las mejores decisiones legislativas del kirchnerismo pero rechazó las impresentables. Esa racionalidad le valió el castigo de los dos monstruos. Y este resultado electoral no está exento de esa doble balacera.

En tu texto hablás de un Gobierno provincial que no cambió nada. Caramaba: Las gestiones de Binner y de Bonfatti le devolvieron la dignidad a los docentes. Los convirtieron, en comparación con provincias similares, en los mejores pagos del país. Les devolvieron la dignidad del concurso, terminaron con los reemplazos interminables, con los maestros hormigas que trabajaban a centenares de kilómetros de sus familias. Los ascendieron, les ofrecieron condiciones de superación y formación como nunca existieron en la provincia ni en el país.

¿Algo más? Sí. La provincia de Santa Fe fue reconocida por la Nación -léase por el Gobierno nacional- con la más alta calificación media de sus alumnos, muy por encima de la media nacional. Es un dato que explica que los esfuerzos realizados en la inversión educativa también se miden en la calidad de su educación.

Y si hiciera falta algo más, en las últimas dos gestiones se crearon más escuelas secundarias que en los 24 años de gestiones justicialistas. Y con el plan “Volver a estudiar” se consiguió que más de 7000 pibes que habían abandonado la escuela volvieran a clase. Lo hicieron buscándolos puerta a puerta, con un enorme esfuerzo del denostado Ministerio de Desarrollo Social y el de Educación.

Agregale los jardines maternales de la gestión Corral en la ciudad Capital. 130 aulas para miles de pibes de entre 0 y 3 años que no tenían acceso a la educación, claro, pero tampoco al juego ni al lenguaje. Sus madres ahora pueden aprender oficios, por ejemplo, para dignificar sus vidas. Vos lo sabés como yo. Los chicos, cuando crecen con afecto, tienen un mejor futuro.

Lo mismo se puede decir de los empleados públicos. No solamente gozan de los mejores ingresos nacionales, sino que se implementó el concurso para el ingreso y el ascenso, poniendo las jerarquías en tono con las capacidades y mejorando sensiblemente el funcionamiento del Estado, con una accesibilidad del ciudadano a la información y a los servicios que mereció reconocimientos internacionales.

En salud: ¿Se puede mofar uno de la demora en la construcción de los hospitales? Es admisible la queja, pero no la burla. En la provincia se construyen seis hospitales públicos. Se van a terminar. Las inauguraciones las hará Bonfatti o cualquiera de sus sucesores. Lo harán en una provincia que construyó UN SOLO HOSPITAL en 40 años.

Pero además se instalaron 120 Centros de Atención Primaria de la Salud en localidades de la provincia donde sus vecinos debían viajar hasta las ciudades más cercanas por un dolor de muela.

Y se los abastece gratuitamente de medicamentos, que sigue produciendo el LIF, el Laboratorio Público de Medicamentos más importante de Latinoamerica. QUE NO SOLO ABASTECE A LA PROVINCIA, SINO A TODO EL PAÍS. Y que se refundó y refuncionalizó durante estas dos gestiones.

¿Hay reclamos en justicia? Claro. ¿Que se demoró la aplicación del Nuevo Código Procesal Penal? Seguro. Pero se puso en marcha, con la resistencia indisimulable de los viejos muchachos de la Familia Judicial que no toleraron la idea de que vengan a meterle ni jueces, ni secretarios, ni empleados por concurso. No. La justicia era para las ocho o diez familias que la manejaban y ellos hicieron la fuerza suficiente como para demorar la puesta en marcha. Y finalmente está en marcha. Con un sistema complejo, difícil, que demanda, además de dinero e infraestructura, un cambio cultural en la propia justicia y en la propia sociedad. Hay que recordar que el Peronismo tuvo mayorías absolutas en ambas cámaras durante sus 24 años de gestión y nunca modificó nada del sistema judicial. ¿Por qué hay que ser tan exigentes con este Gobierno, entonces?

Hablemos de seguridad, hablemos de violencia y hablemos de narcotráfico, ese “problema” que según vos, el Gobierno provincial no supo resolver…

¿Cómo es posible que repitas con tanta ligereza que el problema del narcotráfico es un problema del Gobierno de Santa Fe? ¿Cuál es la diferencia que encontrás en Santa Fe, respecto del resto de las grandes ciudades del país? Te voy a ayudar: Que en Santa Fe está detenido Hugo Tognoli, el exjefe de la policía, procesado y detenido. El caso Tognolli le sirvió al “Cuervo” Larroque para instalar graciosamente el término “Narcosocialismo” que la militancia kirchnerista utilizó con gracia y burla durante años.
¿Cuál es la diferencia con el Gran Buenos Aires, Juan? Ninguna. Cada noche mueren soldaditos en el conurbano en manos de otros soldaditos. Cada día, en las villas de Capital, se asesinan entre ellos. Cada día mueren en Argentina pibes apropiados por las organizaciones criminales vinculadas al negocio narco. Un país que es un colador, que no controla sus fronteras y que dejó instalar en su propio corazón a los grandes carteles, cuyos jefes viven en las comodidades de los barrios acuáticos de Tigre y atienden en Puerto Madero, a metros de los departamentos que jamás podrán explicar cómo compraron Amado Boudou y la propia Presidenta.

¿De qué narcotráfico me hablás? Del mismo que silencian los medios hegemónicos (como les gusta decir) en las ciudades donde gobiernan Macri y Massa y que disimulan los medios oficialistas en el resto de las provincias feudales que sostienen al Kirchnerismo.

El narcotráfico es un problema mundial y la solución no está en manos de la policía de una provincia, ni en una gestión subestatal. Pero no se puede desconocer que la principal responsabilidad por ley es de la Nación. Y que la Nación reserva sus Fuerzas Federales sólo para los territorios que gobierna el FPV.

Ligar al Socialismo con el narcotráfico es una maledicencia. Solo alcanza con preguntarse cuánto policías presos y cuántos narcotraficantes detenidos hay en la provincia para comprenderlo. Deberían preguntarse lo mismo del resto de las provincias, de los exfuncionarios de la SEDRONAR, involucrados en el tráfico de efedrina, de los gobernadores de provincias limítrofes que dejan pasar droga sin procedimiento alguno.

¿Cuál es, entonces, el caso testigo que nos muestre el camino para la solución del narcotráfico, de la violencia y de la inseguridad que muestra hoy Argentina? NINGUNO. No hay modelo, porque estamos ante problemáticas nuevas que requieren de soluciones nuevas que ni el Kirchnerismo, ni el Macrismo, ni el Socialismo han sabido conocer, hasta ahora.

Termino diciendo: Sí que vale decirles a los votantes de Del Sel que están eligiendo a un hombre de dudosa capacidad para gestionar y que está rodeado de hombres vinculados al peor pasado que tuvo Santa Fe. Allí estaban sin disimulos Reutemann y Mercier. Los apellidos que inundaron, malvendieron nuestro patrimonio, maltrataron a los docentes, humillaron a los empleados públicos, degradaron nuestra educación pública, fusilaron a militantes sociales, nos generaron un 35 % de pobreza y nos sometieron al peor ajuste que recuerde la economía de nuestra provincia.

¿No te acordás de eso? ¿No vale la pena recordarles a los santafesinos cómo estuvimos y como estamos?

Creo que es el momento de decidir qué provincia queremos. Si ésta que con tropiezos avanza o aquella que nos dejaron Reutemann, los hermanos Rhom, Storni y el Servicio de Inteligencia y Enrique Álvarez.

Yo no puedo celebrar entonces el voto a Del Sel. Porque es celebrar un retroceso. Y no creo que vos lo compartas.

En junio, Santa Fe enfrentará dos modelos diferentes entre sus dos principales minorías y yo tengo perfectamente claro cuál de ellos voy a elegir. Y haré el esfuerzo que pueda desde los lugares que ocupe para que no suceda el retroceso.

La gente no siempre tiene razón y no hace falta justificarla.