En un mano a mano exclusivo, el presidente explica los problemas de Washington en materia de tecnología y aborda sus posibles soluciones. Cómo la innovación puede mejorar la experiencia de la democracia.

 

Fast Company entrevistó a Barack Obama, el presidente de los Estados Unidos, en una charla cuyo foco estuvo en la innovación y en la tecnología.

 

-De afuera, viendo las distintas cosas que hacen sus equipos digitales, puede parece difuso, porque está disperso. ¿Cuáles son las metas generales?

 

-Si uno piensa en una firma nueva tiene que preguntarse: ¿hay algo lo suficientemente grande que valga la pena hacer? ¿Cómo consigo la mejor gente? ¿Cómo me aseguro de atender bien al cliente? Y lo que tratamos de hacer con el equipo digital de los Estados Unidos -y toda nuestra concepción de la tecnología en general- es identificar algunos proyectos grandes que impactarán a mucha gente. Debido a esta mejora de la tecnología, de los sistemas de entrega y en el manejo de datos, millones de personas reciben más rápido sus beneficios de veteranos. Cientos de miles son personas extranjeras que ven procesado con más eficiencia su trámite de ciudadanía. O miles de empresas pequeñas ven que se procesan más efectivamente sus créditos. Si bien es cierto que esto es algo que esperemos que, en definitiva, afecte a todo el Estado, sabemos que hay áreas muy específicas en las que, si aprovechamos los mejores equipos de tecnología del mundo y los unimos a administradores del Estado que sean realmente efectivos, entonces podemos obtener beneficios realmente grandes.

 

-Tiene una visión de dónde converge todo y se convierte en algo mayor?

 

-El gobierno federal está lleno de gente realmente inteligente, con mucha integridad, que trabaja realmente duro y hace cosas increíbles. Y está a la par del sector privado en todas esas medidas. Pero la tecnología [ha sido] terrible. Y para mí, dado que nuestras campañas en 2008 y 2012 se construyeron a base de aprovechar lo más avanzado de las redes sociales y la tecnología, acelerar y ser ágiles, fue bastante triste ver lo pesado que era todo esto.

 

Por eso empezamos a poner más énfasis en tecnología y en IT en cada departamento. Pero seré honesto. Con todas las crisis que enfrentamos -la economía caía, la industria automotriz al borde del colapso, terminar las guerras- esto no obtuvo una atención concentrada hasta Healthcare.gov, que fue un desastre, pero terminó siendo el catalizador para que digamos: “Bueno tenemos que reformar completamente la manera en que hacemos las cosas”. Los resultados fueron extraordinarios, porque descubrimos que hay gente en Google, Facebook, Twitter y tantas otras firmas que realmente querían intervenir en los servicios públicos y muchas podían volcar recursos allí porque les había ido muy bien.

 

Volviendo a su pregunta, por medio del equipo digital, podemos reclutar una base de talento y crear una cantidad de mejoras: gente de tecnología de primer nivel se ofrece para trabajar uno o dos años, cambiando las cosas y mejorando las vidas de los veteranos, o mejorando nuestro sistema educativo, o simplemente asegurándose de que la red de seguridad social opera con eficiencia. Y si creamos esa cultura de servicio entonces lo que sucederá es que el estado comenzará a pensar de modo distinto en su relación con los ciudadanos. Y eso puede ser transformador, no sólo en términos de que la gente tenga mejor servicio o que el estado sea más eficiente, sino en términos de cambiar la actitud de la gente respecto del estado.

 

-¿Lo que está en juego aquí es hacer que el Estado sea más competente, más eficiente y que tenga más impacto?

 

-Totalmente. Esto es lo que sabemos históricamente: que a las sociedades en las que no hay un Estado que funcione eficientemente no les va muy bien. Tampoco les va muy bien a las sociedades en las que el Estado abarca todo y aplasta al sector privado. Lo que se necesita es una asociación entre un sistema robusto basado en el mercado, en el que la gente está innovando y es dinámico y las cosas se mueven rápido, pero también uno quiere un Estado que se asegure de que se construyan caminos y que las escuelas enseñen a la siguiente generación lo que necesita saber y está dispuesto a invertir en investigación básica que sirven como los cimientos para el éxito y los descubrimientos del sector privado? y que imponga suficientes reglas de modo que no estén contaminando el agua y el aire sea respirable. Y nuestro sector privado prospera porque históricamente tuvimos un estado muy efectivo. Pero en los últimos años se volvió más osificado y estancado. Y no se mantuvo a la par de los cambios tecnológicos. Y parte de lo que estamos haciendo es tironear del gobierno, mejorarlo, emparcharlo y transformarlo para que pueda responder y relacionarse con este sector privado de modo mucho más eficiente.

 

-¿Qué aprendió de tener estos tecnólogos alrededor suyo?

 

-Para mí no es un choque cultural tan grande por lo que dije antes: nuestra campaña se organizó en torno a estos tipos. Fuimos de los primeros usuarios de Facebook y MySpace. Tenía jóvenes de 23 y 25 años que manejaban las cosas y, de pronto, creaban una aplicación nueva y me explicaban cómo funcionaba y cómo fue que ocho personas en Idaho, sin personal ni dirección, de pronto habían organizado un acto con 15.000 personas. Y yo empecé a prestar atención.

 

Estaba bastante familiarizado -y bastante cómodo- trabajando con nuestra gente de tecnología. Creo que donde más impacto tienen es en sus interacciones con los entes estatales y los equipos de IT de la administración de veteranos (VA) o en el departamento de vivienda y urbanismo (HUD), o algunas de estas organizaciones inmensas que contienen mucha gente excelente pero que estaban tan trabajadas a veces por esta norma, o este estatuto, o este modo tradicional de hacer algo. Y parte de la razón de que hayamos tenido tanto éxito es que en lo esencial di apoyo aéreo a estos equipos, porque puedo llamar al secretario de Transporte, o HUD, o la administración de Pequeñas Empresas, y decir: “Quiero que suceda esto. Y no quiero que encontremos una razón para no hacerlo porque no se hizo nunca antes. Y quiero reunir un equipo para que sea lo más creativo posible”.

 

Y al eliminar algunas de esas trabas, nuestro equipo puede tener real éxito. Ese fue el ajuste. Creo que hay algunas cosas que tendremos que institucionalizar para aprovechar algunos de esos cambios en la cultura. Y, probablemente, el mejor ejemplo sea la manera en que adquirimos tecnología en general en el gobierno federal. Parte del problema con Healthcare.gov no fue que no tuviéramos mucha gente trabajadora que lo atendiera, sino la manera tradicional en que se adquieren servicios de IT, software y programas, usando las mismas normas y especificaciones que fueron creadas en la década del 30.

 

Lo que sabemos es que los mejores diseños y los mejores programas son interactivos. Uno comienza con: “¿Qué queremos lograr?” El equipo hace un brainstorming y piensa en el asunto, y finalmente se le ocurre algo y lo prueba. No fue así que hicimos Healthcare.gov.

 

Dicho sea de paso, es algo que debí haber previsto, anticipado: que no se podía usar mecanismos de adquisición tradicionales para crear algo que no se había creado antes y era bastante complicado. Por lo que parte de lo que tenemos que hacer es cambiar la cultura, cambiar los hábitos administrativos y lograr que todos piensen de modo diferente.

 

-Se podría sostener que la próxima aplicación de la tecnología sería el voto online. Ésa es un issue para los Estados, pero me pregunto si piensa que es algo que debiera ser prioridad para los tecnólogos.

 

-Absolutamente. Hablamos del equipo digital de los Estados Unidos y gran parte de esto tiene que ver con una pregunta: ¿cómo damos mejor servicio a los clientes? Pero hay otros aspectos de este proceso que estamos tratando de desarrollar. Queremos que la tecnología ayude a moldear la política. Hay que pensar en nuestros proyectos de big data. Sabemos que del mismo modo que el Servicio Nacional de Meteorología o el desarrollo del GPS y los satélites creó modos nuevos en que la gente organiza su vida, que en la salud, por ejemplo, va a haber transformaciones por la capacidad de recoger y analizar datos y transmitirlos de modo individualizado a la gente.

 

De modo que, al hacer política, estamos tratando de asegurarnos de que lo que aprendemos y el conocimiento que obtenemos con la tecnología oriente el modo que pensamos en una normativa y en oportunidades para superar grandes desafíos. Pero hay una tercera parte de esto. Y eso es: ¿cómo se relaciona la gente con el Estado? Nuestro diseño constitucional es llamativo; duró muchos años. Pero no es ningún secreto que mucha gente se siente enfrentada y distante con el estado. Y creo que son importantes las oportunidades para pensar en cómo la tecnología puede dar poder a los ciudadanos y hacerlos sentir dueños de su Estado.

 

Parte de esto es tan simple como dar a la gente acceso rápido y fácil a información acerca de cómo se gasta el dinero de los contribuyentes, mejorar la transparencia o poder navegar un sitio fácilmente. Pero, eventualmente, lo que debemos pensar es cómo puede mejorar la tecnología la experiencia de la democracia. Cómo podemos hacer más fácil votar. Cómo podemos simplificar los procesos para que los ciudadanos puedan peticionar al gobierno de un modo significativo. Mucho de lo que hacemos ahora, según creo, es sólo rascar la superficie del potencial.

 

Veo a mis hijas, que, como todos los adolescentes de hoy, manejan la tecnología y los medios sociales. Quizás no vayan a una reunión en la municipalidad físicamente, del modo en que su abuela pudo haberlo hecho por alguna cuestión y participar en un debate de dos horas. Porque están acostumbradas a que las cosas se muevan más rápido. Pero podemos crear un proceso para ellas que sea coherente con el modo en que interactúan en general. Podemos pensar en apps que promuevan la participación y el poder de la gente.

 

Sus expectativas son distintas y la manera en que crean comunidades es diferente. Pueden tener menos que ver con la geografía. Así que eso es en lo que también pensamos mucho. Y esto no es algo que crea que pueda terminarse en dos años, cuando termine mi mandato.

 

Lo más importante que estamos haciendo es crear un mecanismo para la producción de estas cosas, un conjunto de tradiciones, donde gente realmente inteligente del sector privado puede venir y esperamos crear una tradición por la que el presidente reconoce lo poderosa que es esa herramienta y dar lugar para que se hagan esas cosas. Cuando deje de estar en el gobierno seguiré trabajando para promover el cambio social y crear plataformas y motores para ese cambio y creo que las experiencias que tuve aquí enriquecerán eso. Porque, en última instancia, nuestra meta es -o debería ser- hacer que “nosotros, el pueblo” signifique algo en el contexto del siglo XXI. Y creo que esto es parte de ese proceso.

 

 

 

Fuente: La Nación