El adolescente recibió un tiro en la nuca la mañana de ayer, una vez consumado el atraco en las calles de Capitán Bermúdez.

 

Cuando popularmente se hace referencia a “la ley de la selva”, el escenario social que se representa es el de la ausencia de toda norma, un lugar en el cual sobrevive el más fuerte o el que mejor se adapta a las circunstancias definitorias. Y eso ocurrió ayer, al alba, en el cruce de calles Gaboto y Belgrano, en el límite mismo de Capitán Bermúdez y Granadero Baigorria. Enrique Ibáñez, de 17 años, se topó con la muerte cuando una bala de grueso calibre le perforó la cabeza desde la nuca hasta la frente. Ninguno de los vecinos que habló con este diario, una media docena, titubeó al contar que “Kike”, como se reconocía al pibe, había muerto al intentar robarle a un repartidor de lácteos que esperaba a las puertas de un negocio. Tampoco dudaron al sostener que una vez consumado el episodio el repartidor huyó del lugar. Ayer a la tarde el trabajador era buscado por agentes de la Policía de Investigaciones con órdenes de la Fiscalía de San Lorenzo.

 

Los vecinos indicaron que se escucharon “dos o tres disparos” y que el trabajador tiró luego de que Kike Ibáñez le disparara. Según indicaron, el adolescente estaba armado. Pero oficialmente nada se dijo respecto al secuestro de un arma a manos del joven muerto. En un escueto informe de prensa, el fiscal que entiende en la causa y que anoche entrevistaba al repartidor precisó que el adolescente “fue hallado en la vía pública, muerto con un balazo que le ingresó por la nuca y le salió por la frente, no pudiendo determinar el calibre del proyectil”. Así, el comunicado confirmó el homicidio pero imposibilitó el necesario contraste de los dichos de los vecinos con una versión oficial.

 

El límite. Gaboto al 300 no es sólo el límite de los barrios El Prado y San Fernando. Es la frontera que divide el municipio de Capitán Bermúdez del de Granadero Baigorria. Por ende, las jurisdicciones de la Unidad Regional XVII con asiento en San Lorenzo y la de la Unidad Regional II de Rosario. La vereda par corresponde a Capitán Bermúdez y el barrio ubicado al oeste es El Prado. La impar le perteneces a Baigorria. El cuerpo de Kike Ibáñez quedó tirado sobre la tierra, a centímetros del cruce de Gaboto con Belgrano, la calle que corre paralela al ferrocarril y es conocida del lado de Baigorria con los nombre de Calle 13 y Los Andes. Por ende, los primeros en llegar fueron efectivos de la comisaría 2ª de Bermúdez.

 

Kike Ibáñez era muy conocido en la zona. No sólo por vivir a escasos 400 metros, del lado de Baigorria, sino por haber sido catalogado por los vecinos como “un terror” para los repartidores. “Este pibito era rechoro, pero lo peor es que andaba todo el tiempo empastillado. Y cuando andaba así, reloco, no reconocía a nadie”, explicó un muchacho de la zona.

 

Así, lo que los vecinos relataron como una clara escena de legítima defensa en la que un trabajador harto de los continuos robos se defendió, la imposibilidad de contar con la versión oficial coloca al hecho con la etiqueta de “poco claro”.

 

Blancos recurrentes. “Los negocios de la zona no sufrimos tanto los robos como sí lo viven los repartidores. Antes te dejaban la mercadería en cualquier momento y ahora sólo vienen cuando está el local abierto”, indicó una de las comerciantes de la zona añadiendo contexto a lo sucedido ayer a la mañana.

 

“El repartidor de lácteos arrancaba en el mercadito su trabajo del día”, indicó una doña señalando un negocio ubicado en Gaboto al 300. De esos dichos pudo establecerse que, pasadas las 7.15, mientras el repartidor estaba parado frente al negocio, Kike lo sorprendió armado y le robó. El pibe caminó unos metros y repitió la mecánica con dos ciudadanos colombianos que se preparaban para cruzar las vías yendo a trabajar a una carpintería ubicada en las inmediaciones de Los Miosotis y avenida de Los Plátanos.

 

“Kike se les fue al humo a los colombianitos que trabajan en la carpintería. Les quiso robar las mochilas. Cuando estaba en eso, el repartidor, que le había perdonado la vida cuando lo choreó, le gritó algo y el pibe se dio vuelta y le tiró. Entonces el repartidor le disparó y le dio en la cabeza. Los colombianos alzaron las mochilas y se fueron. El repartidor se acercó a Kike, le sacó la plata que le había robado y se fue con el camión. Y Kike, que ya estaba seco, quedó tirado boca arriba”, explicó un vecino.

 

Esa fue la escena con las que se encontró la policía al llegar a la escena del crimen. Un pibe muerto sobre la calle de tierra con un balazo en la nuca. A los pocos minutos llegaron los familiares de Kike y el escenario se tensó. “El jueves a la noche Kike estaba reempastillado. Le disparaba hasta a los perros. ¿Imaginate como estaba el viernes a las 7 de la mañana?”, dijo uno de los jóvenes vecinos que dijo conocer a Kike.

 

El caso es investigado por el fiscal de San Lorenzo Aquiles Balbis, la Policía de Investigaciones (PDI) y la comisaría 2ª de Capitán Bermúdez.

 

 

 

Fuente: La Capital