Por Coni Cherep. Matan a un militante radical en Jujuy. Tenía 20 años y, según todos los testigos, algunas horas antes había sido amenazado por integrantes de Tupac Amaru, la agrupación paramilitar que conduce la dirigente kirchnerista Milagro Sala.

La presidenta de la Nación usa la cadena nbacional por trigésimo segunda vez en el año para hacer anuncios partidarios y dispara: “Me dan vergüenza los que mienten”, mientras hace flamear un papel que dice que la víctima era afiliada al partido de Sala. La presidenta no dice una sola palabra de pésame. Se limita a descalificar a sus adversarios dejando la muerte de Velásquez a un costado, como si se tratara de un asunto menor.

 

Los padres salen a desmentirla: las fotos indican todo lo contrario a lo que afirma la presidenta.

 

La presidenta miente y prefiere abrazar la causa de la violencia.

 

Carlos Tévez, el ídolo de Boca, le da una entrevista memorable a Alejandro Fantino, en “Animales Sueltos”. El futbolista sorprende a todos con su enorme sentido común, con las razones de su regreso al país, con su aprendizaje en el extranjero, con su desprecio por el lujo y el dinero. Da un concierto de sentencias que solo se pueden dar desde su lugar: el de un pibe que nació y se crió en una villa del Gran Buenos Aires, a la que vuelve para juntarse con sus amigos de siempre, sin que a ellos les importe el dinero. Y en medio de esa conmovedora entrevista, se atreve a decir que le indigna la desigualdad.

 

“No puedo creer la desigualdad que hay. El otro día fuimos a Formosa y en el camino vi la pobreza que hay. Es tremenda. Y después veo una pared enorme y entramos a un hotel cinco estrellas… ¡Era Las Vegas! Con casino de lujo… ¿Entendés? Eso no me lo puedo explicar. Esa gente tan pobre al lado de semejante lujo… Es como si pusiéramos un hotel de cinco estrellas en Fuerte Apache”.

 

Fantino le anticipa que se estaba metiendo en problemas y Tévez responde con ingenuidad: “¿Porque digo lo que pienso?”

 

Sí. Algunas horas después, un funcionario del gabinete de ministros del gobernador kirchnerista Gildo Isfrán, sale a cruzar a Tévez a través de las redes sociales y le dice: “Hijo de puta, no tenés derecho a hablar así”, al tiempo que lo califica como “villerito europeizado” y le pregunta “cuánto te pagó Macri para decir eso”. El comentario del funcionario desaparece y, entonces, todos esperan una corrección por parte del gobernador o algún límite por parte de Scioli o de los medios oficialistas, pero no.

 

Isfrán arremete contra Tévez sin mencionarlo y afirma que “es el pensamiento de un europeo exiliado”, y que claramente lo que dice “está guionado”, y que representa el pensamiento de la “oligarquía” (sic). Y lejos de desautorizarlo, la máquina mediática de PPT, el grupo que conduce el hiperkirchnerista Diego Gvirtz, utiliza el programa “Duro de Domar”, para castigar al jugador y asegurar que “ya no es aquel pibe”. Ningún funcionario nacional sale a defender a “Carlitos”. Nadie sale a desacreditar las palabras oficiales formoseñas.

 

El kirchnerismo  mediático, la militancia de redes sociales del kirchnerismo elige, otra vez, la causa violenta.

 

Tucumán vota por su gobernador. Y aunque los resultados resulten reales, nadie puede negar algunos episodios gravísimos: En un pueblo queman 23 de las 24 urnas habilitadas. En pleno centro de la capital, dos bandas se tirotean. Balean la casa del candidato opositor, Cano. Golpean hasta dejar inconsciente a un camarógrafo que filmaba cómo se entregaban bolsones a cambio de votos por el FPV.

 

Scioli llega a San Miguel de Tucumán, insólitamente en el avión presidencial, y no hace mención a los hechos descriptos. Se limita a celebrar el triunfo de Manzur y a reivindicar al gobernador Alperovich, a la vista de todos, el responsable político de los desmanes.

 

El candidato a presidente no habla del gendarme herido, no menciona al periodista golpeado, no dice nada sobre la corroborada (y reconocida oficialmente) quema de urnas. Solo se limita a reclamarle a la oposición que reconozca los resultados. Como la presidenta, deja a un costado a los heridos y habla de sus adversarios.

 

Scioli también elige el almohadón de la violencia. No deja dudas.

 

Imágenes de un gobierno que se enfrenta a un proceso que puede terminar en dos meses. Imágenes que, frente al sentido común, horrorizan y habilitan a preguntarse: ¿Este es el camino que eligen? ¿Omitir un crimen, maltratar al que se anima a decir lo que ve, abrazar al que quema urnas?

 

En nombre del “modelo”, y contra “las corporaciones internacionales”, el kirchnerismo dibuja la peor de todas sus caras: La violenta. La más parecida a las imágenes que llegan de Caracas.

 

Hay una sociedad que los mira y que tendrá que elegir, también, a qué se abraza en el futuro.