Todavía tengo tanto dolor, que no me entra más dolor. El huracán ha sido devastador, pero yo hace cuatro años perdí a mi hermana y no logro recuperarme”. Eddie Brackin llegó a la ceremonia celebrada ayer en Ground Zero, en Nueva York, para conmemorar a los muertos durante los atentados del 11 de septiembre del 2001 acompañado por su madre, Ellen. Entre sus manos temblorosas, ella tenía dos fotos de la familia. “Éramos cuatro, ahora somos tres”, dijo a Clarín entre lágrimas.

“Me parece terrible que el cuarto aniversario de un catástrofe coincida con otra catástrofe”, dijo por su parte a Clarín Reinaldo Díaz, uno de los tantos voluntarios que aquél día participó en el rescate de los sobrevivientes. “Cuando vi lo que estaba ocurriendo desde la ventana de mi oficina, justo frente a las torres, bajé a la calle y me puse ayudar cuando vimos cómo se estrellaba el segundo avión. Fue una tragedia muy distinta a la que ocurrió en Nueva Orleans, nosotros no tuvimos aviso. No se puede comparar. Pero yo hoy no tengo ganas de hablar de política”.

El ambiente ayer en Ground Zero era de recogimiento y pesar. Los familiares de las víctimas hicieron largas colas para poder acceder a lo que es todavía un enorme pozo. Si bien la vida ha retornado en sus alrededores, con la construcción de edificios, la renovación de los viejos y las mejoras realizadas a una ciclovía que da un poco de alegría al lugar, el vacío que hay alrededor del sitio donde estaban las torres, sigue siendo devastador.

A la 8,46 hs, la hora en que el primer avión se estrelló contra la torre norte del World Center, el presidente George Bush se hizo presente en la ceremonia de ayer, desde Washington, guardando un minuto de silencio en los jardines de la Casa Blanca junto a su esposa, Laura, y su vice, Dick Cheney. Si bien el sol brilló durante todo el día, los actos conmemorativos se desarrollaron a la sombra de las heridas que dejó el huracán Katrina.

En la ceremonia de Nueva York, el familiar de una de las víctimas envió un duro mensaje a Bush: “Trae las tropas a casa”, gritó. Muy criticado por su lenta respuesta al huracán Katrina y por la prioridad que le ha venido dando a la política exterior en detrimento de la política doméstica, Bush inició ayer su tercera visita a zonas damnificadas sin hacer referencia a la guerra de Irak.

Pero en el discurso que pronunció en Arlington, el secretario de Defensa Donald Rumsfeld no pudo con su genio. “Nosotros no empezamos esta guerra al terrorismo pero la ganaremos. Que Dios bendiga a las familias y amigos que perdieron a sus seres queridos el 11-S y en la lucha que le siguió” dijo.

Eso no fue todo. A las 10 de la mañana salió del Pentágono una polémica marcha bautizada Marcha por la Libertad, en memoria de las víctimas del 11-S y en apoyo a las tropas en Irak, organizada por el propio Rumsfeld con el apoyo financiero del diario conservador Washington Times; Lockheed Martin, principal empresa proveedora de armas pesadas del Pentágono; McDonald’s, que vende sus hamburguesas en varias bases, y la empresa AOL.

“Para mí, Irak no tuvo nada que ver con el 11-S, yo no sé porqué se empeñan en hacer una relación”, dijo a Clarín, Harry Smith, otros de los familiares de las víctimas. De hecho, un editorial de The New York Times publicado el 21 de agosto decía: “Es perfectamente comprensible que el departamento de Defensa organice una ceremonia para los estadounidenses que fallecieron el 11 de septiembre. También es aceptable que se rinda homenaje a los sacrificios hechos por los soldados que fueron a Irak. Sin embargo, la insistencia de la administración Bush en combinar ambos asuntos es molesta”.