Países muy ricos y de población escasa están dispuestos a pagar a soldados sudamericanos dispuestos a correr por ellos los riesgos de la guerra. De un lado, los Emiratos Árabes Unidos, Qatar o Arabia Saudita. Del otro, mercenarios llegados al desierto desde Colombia, El Salvador o Colombia. El escenario: Yemen.

The New York Times (NYT) ha publicado una extensa investigación donde anuncia que ya ha comenzado “la guerra del futuro”. El informe ha revelado que 450 mercenarios, sobre todo colombianos, han sido enviados a Yemen por los Emiratos. “Es el primer despliegue en combate de un ejército extranjero que los Emiratos han construido en silencio en el desierto durante los últimos cinco años, de acuerdo con varias personas que han participado en el proyecto”, escribe NYT.

Desde principios de 2015, una coalición de países liderados por Arabia Saudita y los Estados Unidos inició una campaña en Yemen para combatir a los rebeldes Houthi que han expulsado al gobierno de la capital, Saná. La llegada de mercenarios ha puesto en evidencia la reticencia de los países petroleros árabes por sacrificar a sus hombres en la guerra. Los mercenarios son entonces “una opción atractiva para las naciones ricas que desean hacer la guerra, pero cuyos ciudadanos pueden no querer pelear”, dijo Sean McFate, autor de El mercenario moderno.

“La industria militar privada es ahora global, dijo McFate, quien recordó cómo los EEUU iniciaron esa “industria” con la presencia de contratistas en Irak y Afganistán. “Los mercenarios latinoamericanos son un signo de lo que está por venir”, agregó.

 

Elite sudamericana

 
Las tropas colombianas en Yemen han sido escogidas de una brigada de 1.800 soldados latinoamericanos formados en una base militar de los Emiratos en el desierto. NYT informó que “el mes pasado, fueron despertados en medio de la noche y conducidos fuera de sus cuarteles mientras sus compañeros dormían en sus literas”

La preferencia por los colombianos tiene explicación: tras décadas peleando contra las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), tienen amplia experiencia en la guerra de guerrillas.

Su presencia en Yemen es un secreto oficial. Sin embargo, el NYT ha logrado desentrañar algunos detalles de la operación. La llegada de soldados de América Latina a los Emiratos Árabes tuvo como objetivo inicial liderar misiones de control interno, como la custodia de oleoductos y la represión de eventuales revueltas de trabajadores extranjeros.

Pero a las tropas se les anticipó que algún día podrían ser enviados fuera del país, en principio para la custodia de buques comerciales. “Esas misiones fueron raras, y los soldados involucrados en el proyecto describen en cambio años de monotonía en el campamento en el desierto, que se encuentra dentro de una base militar en los Emiratos”, reveló NYT.

El traslado a Yemen ha sido, en todo caso, una novedad. La misión exacta de los colombianos en Saná no está clara aún, y podrían pasar meses antes de que entren en combate. Los recién llegados se han sumado a cientos de soldados sudaneses pagados por Arabia Saudita. Habría también soldados eritreos.

 

Rutina y monotonía

 
Los soldados latinoamericanos reclutados por los Emiratos se levantan cada día a las 5 de la mañana para hacer ejercicios y entrenamiento miliar, como tiro, navegación y control de disturbios. Los instructores son, en su mayoría, occidentales, algunos, de los EEUU.

Cuando la mañana avanza, el viento es tan fuerte y sol del desierto tan abrasador que las tropas se trasladan a aulas con aire acondicionado, donde reciben clases teóricas.

Las tropas viven en cuarteles militares austeros. “Por ejemplo, secan su ropa en el aire caliente que golpea las ventanas”, escribió el NYT. Tienen, además, una sala común de computadoras, donde pueden consultar el correo electrónico e ingresar a Facebook. Sin embargo, tienen prohibido sacar fotos del lugar. La comida, en tanto, es básica.

“Es la misma comida todo el tiempo, todos los días. Pollo todos los días”, dijo un miembro del proyecto”. La monotonía y la falta de actividad no ha sido, sin embargo, un impedimento para la llegada de soldados colombianos y de otros países de la región.

 

Por la paga

 

Los mercenarios soportan la rudeza del desierto por la paga. Cada uno de ellos recibe entre 2.000 y 3.000 dólares por mes, cifra que supera ampliamente los 400 que cobrarían, por ejemplo, en Colombia. Las tropas que viajaron a Yemen han recibido desde entonces otros 1.000 dólares adicionales por semana. La cifra total supera en casi 18 veces al salario del país de origen

Cientos de tropas colombianas han sido capacitadas en los Emiratos desde el inicio del proyecto en 2010, tantas que el gobierno de Juan Manuel Santos trató una vez de negociar un acuerdo para contener la sangría de los cuarteles hacia el Golfo Pérsico. Hubo reuniones bilaterales, pero el acuerdo nunca se firmó.

McFate ha dicho que la migración de tropas ha sido un duro golpe para América Latina, necesitada de hombres preparados para la lucha contra el narcotráfico. Pero el dinero que reciben hace difícil que las tropas quieran volver a casa, al menos por el momento.

“Esas ofertas, con buenos salarios y seguros altos han seducido a nuestros mejores soldados”, ha lamentado Jaime Ruiz, presidente de la Asociación de Jubilados de las Fuerzas Armadas de Colombia.

 

Fuente: Infobae