El médico andrólogo e investigador Alejandro Oliva puso bajo la lupa los programas de reproducción asistida tras un fallo judicial.

Sobreindicación de tratamientos en por lo menos un 50 por ciento, la falta de información sobre los riesgos posteriores que conllevan los métodos de fertilidad de alta complejidad, el vacío respecto a la realización de estudios previos y una presencia insuficiente por parte del Estado son por lo menos tres de los principales problemas que el médico andrólogo e investigador Alejandro Oliva remarcó, consultado por La Capital, a la hora de evaluar la aplicación de la ley 26.842 de fertilización asistida y su reglamentación desde hace tres años. “Lo que sucede es que hay una sobreindicación de tratamientos de alta complejidad, como si a todos los pacientes con dolor de pecho se les hiciera una cirugía mayor”, recalcó el profesional.

Semanas atrás, la Justicia Federal condenó al centro Cego SA, y al médico responsable, a indemnizar en 4,6 millones a los padres de una bebe concebida a través de un tratamiento, y nacida con fibrosis quística por no haber hecho estudios previos al donante de óvulos.

La decisión en primera instancia puso en la mira los vacíos que persisten, más allá de la aprobación de la ley nacional que en 2013 llegó para dar respuesta al más del millón y medio de parejas que en la Argentina padecen problemas de fertilidad, y garantizar el derecho de las personas a reproducirse.

Alta incidencia

Oliva reconoció que la ley “da respuesta a una patología de muy alta incidencia y de magnitud en la salud pública, ya que se estima que entre el 10 y el 15 por ciento de las parejas en edad reproductiva padece infertilidad, un número que asemeja a enfermedades como el chagas”.

Sin embargo, recalcó que se llegó a la aprobación en 2013 “con un debate cuanto menos recortado y con mucho lobby por parte de la industria de los laboratorios que son los que proveen los medicamentos para llevar adelante los tratamientos”, y que “aún deja vacíos sin resolver”.

Quizás el último fallo de la Justicia Federal deja justamente al descubierto uno de los principales puntos que plantea el especialista (que pertenece al grupo Oroño y así como es investigador del Centro de Estudios Interdisciplinarios de la Universidad Nacional de Rosario), que es la de los estudios previos y periféricos que deben realizarse en el marco de los tratamientos de fertilidad de alta complejidad.

“Para poder trabajar seriamente hay que hacer una serie de estudios previos que no están cubiertos por la ley actual, son estudios preliminares y periféricos, de diagnóstico genético que justamente evita situaciones como que se planteó judicialmente”, explicó.

La información brindada a las parejas, agrega, también muchas veces está recortada y afirma que “poco se debatió y poco se escucha, sobre los riesgos aumentados de ciertas patologías que tienen las mujeres que pasan por estas intervenciones”.

Es más, Oliva afirmó que “está probado en estudios epidemiológicos que por la gran cantidad de hormonas que reciben en un lapso muy corto, se incrementan las probabilidades de cánceres hormonodependientes, como los de mama y de ovarios”, y puntualizó: “El niño que nace de esos tratamientos recibe el mismo impacto de hormonas, por lo cual también requiere cuidados y seguimientos más exhaustivos”.

El mercado

La ley llegó para garantizar los derechos de muchas parejas, pero abrió las puertas a que la patología quede a merced sólo del mercado. El médico recordó que “Rosario tenía tres centros de fertilidad antes de la aprobación, y después se abrieron siete más”, e insistió en “el rol de los laboratorios que producen los medicamentos, ya que un paquete básico de drogas para una pareja que se somete a un tratamiento de alta complejidad ronda los 25 mil pesos”.

No dudó en decir que “existe una sobreindicación de estos procedimientos de por lo menos el 50 por ciento, para ser generosos”, y explicó: “Si bien la patología tiene una incidencia muy alta en la población, no siempre requiere ese tipo de tratamientos de alta complejidad”.

Es más, graficó la situación al decir que “es como si los cardiólogos operaran a cielo a abierto a todo aquél que tiene dolor de pecho, o lo que sucedió con la aparición de los tomógrafos y los resonadores que hacen que el 90 por ciento de las migrañas actuales terminen con una resonancia, cuando eso no es necesario”, y remató: “Eso es lo que está sucediendo en materia de fertilidad”.

Por eso, insistió en que apenas el 30 por ciento de los problemas de esterilidad requieren intervenciones de alta complejidad, y remarcó que el resto de los casos tratamientos de baja complejidad con medicación, y cambios de hábitos de vida —vinculados a alimentación exposiciones ambientales y a tóxicos— “permiten conseguir cifras de elevado éxito terapéutico”.

Ratifican tratamientos de bajo costo y con “buenos resultados”

A la hora de argumentar sus críticas al escenario actual, el andrólogo e investigador Alejandro Oliva puso como ejemplo una de las últimas investigaciones terminadas y que será publicada próximamente. Se trata de un estudio llevado adelante sobre pacientes de Santa Fe y Entre Ríos, con un seguimiento de más de una década, que demuestra que con tratamientos de bajo costo pueden obtenerse cifras cercanas al 40 por ciento de embarazos con valores muy alejados de lo que cuesta afrontar cualquier programa de fertilidad asistida de alta complejidad.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en América latina y particularmente en la Argentina, la primera causa de esterilidad masculina se relaciona a infecciones o traumatismos del sistema reproductivo y sus consecuencias posteriores (como cuadros inflamatorios remanentes), situaciones que son fácilmente diagnosticables y tratables con un buen trabajo clínico.

Aunque de menor prevalencia, la segunda causa se vincula con el varicocele (varices de las venas espermáticas) que producen diferentes efectos en la calidad seminal y que también son detectables con un correcto examen físico.

Investigación

Como médico andrólogo del Grupo Oroño e integrante del Instituto de Investigaciones Médicas y de la Salud (Inserm) de Francia, Oliva participó del estudio que se llevó adelante sobre más de ochocientos hombres, con un seguimiento sostenido a lo largo de los últimos 15 años, que hicieron consultas por problemas de fertilidad en las provincias de Santa Fe y Entre Ríos.

La investigación confirma los datos de la OMS, ya que en el 80 por ciento de los casos de esterilidad masculina respondían a las causas indicadas por el organismo internacional, dos tercios por el primero de los cuadros indicados y el tercio restante por el segundo.

“Todos esos pacientes pueden ser tratados con tratamientos farmacológicos de muy bajo costo, donde llegan a obtenerse cifras cercanas al 40 por ciento de embarazo, una efectividad que en porcentaje alcanza números similares a los tratamientos de alta complejidad, que incluso, utilizados en estas situaciones, no siempre darían resultados”, explicó el investigador.

Finalmente, Oliva recalcó que “los costos de esos tratamientos, por cada recién nacido, están muy alejados, e incluso llegan a ser menos del 10 por ciento de lo que puede costarle al paciente quedar incluido en un programa de fertilidad asistida de alta complejidad”.