Estaba con sus padres festejando el cumpleaños de un hermano. Se desató una balacera y un proyectil perforó la cortina que sirve de puerta a la vivienda.

El dato frío y lineal indica que Candela Abigail Maciel, una niña de apenas dos años, murió ayer a la madrugada como consecuencia de una herida de bala que sufrió involuntariamente al quedar en medio de un tiroteo entre bandas mientras estaba con sus padres bajo el techo de una precaria casilla de chapa, en un asentamiento costero de Villa Gobernador Gálvez. Pero ese drama parece multiplicarse mil veces cuando uno observa las condiciones del entorno en el que ocurrió la muerte de una vida breve desarrollada en medio de la pobreza estructural que suele devenir en violencia y que es producto del olvido, la indiferencia, la falta de obras y servicios esenciales. Esto último, incluso, impidió el acceso rápido de una ambulancia para que asistiera a la nena. Su padre también fue herido, pero anoche estaba fuera de peligro.

“Esta gente es una basura, no se los puede llamar de otra manera. Estamos cansados de los tiros, es de todos los días. Cuando saben que la policía los busca se fondean en la isla y después vuelven como si nada. La verdad que vivir acá es inhumano, no entran ambulancias, no vienen patrulleros, nadie, nunca”, describió con sensación de dolor y bronca una joven vecina que suplica alguna intervención que frene el permanente desamparo en el que están y que ahora se llevó una vida.

Desamparo y tiros

A simple vista la barriada con casillas y viviendas humildes de material a uno y otro lado de avenida La Ribera, sector conocido también como la villa Paladini por la cercanía con el frigorífico, devuelve imágenes paupérrimas. Yuyos altos, agua estancada en zanjas repletas de alimañas y basura, olor nauseabundo, escombros.

Allí, en una precaria casilla de no más de tres metros cuadrados y construida con recortes de chapas y maderas, asentada sobre matas y en tierra poco firme, estaba Candela Abigail junto a sus padres: Roxana, de 21 años, y David, de 35. La humilde familia festejaba la noche del martes que Brian, otro hijo de la pareja, cumplía 5 años.

Pero como es frecuente, sobre la medianoche comenzaron a escucharse los estampidos secos de un intercambio de disparos de armas de fuego que cortaron el silencio. Entonces, sin tiempo a nada, David recibió una herida en el cuello; y casi al mismo tiempo vio como a su lado caía malherida su hija.

Alguien de la barrariada alertó del grave episodio al 911 y pidió asistencia médica. La ambulancia llegó hasta el final de calle Córdoba, pero no pudo bajar hacia la barranca, contaron familiares de la nena. Es que esa calla muere como tal y se transforma en un pasadizo angosto, barrancoso e intransitable para que cualquier vehículo pueda llegar a La Ribera.

La abuela de Candela, Alejandra Varea, vive en otra casilla pegada a la de su familia. La mujer salió corriendo a buscar ayuda en la casa de su otra hija, Fernanda, que reside a pocos metros. En el lugar estaba Matías, su yerno, que ante la demora de la ambulancia cargó a la nena en una moto y la trasladó al Hospital Anselmo Gamen.

Pero la nena llegó sin vida producto de la grave herida causada por un proyectil. Desde el hospital se confirmó que ingresó a la 0.10 sin signos vitales, que se le practicó reanimación cardiopulmonar pero falleció debido a los daños que causó una bala que la atravesó desde el hombro derecho al izquierdo.

“Como a un perro”

“Me la mataron”. La abuela de Candela subía llorando ayer la calle Córdoba para hacer diligencias cuando se cruzó con el cronista de La Capital. “Me la mataron como a un perro, me la mataron como a un perro”, sollozaba una y otra vez al mismo tiempo que se recostaba desconsolada sobre el hombro de los vecinos que la paraban para expresarle sus condolencias.

Aún confundida y asustada porque dijo que la habían amenazado, Alejandra pudo apenas reconstruir el episodio. “Los tiros empezaron antes de ayer. Todo el tiempo se tiran y la policía no hace nada. Después pasan estos tipos y te dicen «bate cana» (por denunciar), ya me dijeron que me van a quemar la casa”, relató aterrada. Y agregó con su lenguaje barrial: “La Candela era todo para nosotros”.

Si bien no estaba al momento del ataque, Fernanda, tía de la víctima y cuyo marido trasladó a la nena al hospital, también confirmó que las balaceras son moneda corriente en el lugar. “La nena estaba con vida cuando nosotros la vimos herida, pero como no vino la ambulancia la tuvo que llevar Matías”, se lamentó.

Entre charcos de agua servida, ropita de Candela que quedó colgada al sol en un tendedero de alambre, Fernanda mostraba la casilla donde fue mortalmente herida su sobrina y extendía una cortina con sangre y perdigones incrustados en la tela.

“Los tiros no eran para ninguno de nosotros, lo que pasa es que ellos (las personas armadas) tiran para cualquier lado. Desde allá empezaron”, y señalaba el extremo sur de la villa, hacia el paredón del Paladini.

Solidaridad e indignación

Joana es un amiga de la familia de Candela y vecina de la zona. Ayer estaba sentada a la sombra de un árbol acompañando el doloroso momento y juntando algo de dinero con otras personas para hacer frente a los gastos del velorio de la niña. “No tienen nada, estamos haciendo una colecta para pagar el cajón”, dijo en voz baja.

Pero la joven se mostró indignada con las consecuencias de un panorama que los ubica en la marginalidad cruda y absoluta. “Acá interviene la seccional 25ª, pero cuando vos vas a decirle que hagan algo te dicen que es al pedo, que te quedes tranquila porque sino éstas basuras te queman la casa o toman represalias”.

“Esto es tierra de nadie, así de simple. Todo el tiempo hay tiros. Los vecinos tiene que reaccionar de una vez y exigir que saquen a estas lacras. Además no hay agua, luz, no entra nadie, la policía, la recolección de residuos. Gendarmería tampoco viene porque no tiene refuerzos. Fijate que la nena no llegó a tiempo al hospital porque no bajó la ambulancia”.

La cinta de seguridad que dispuso la Policía de Investigaciones (PDI) todavía acordonaba ayer la escena del delito, que investiga la fiscal de la Unidad de Homicidios Marisol Fabbro. Si bien se deslizaron apodos y nombres de los posibles autores del hecho, desde el Ministerio Público de la Acusación (MPA) se indicó que no había detenciones.

De acuerdo al relevamiento preliminar que hizo la Fiscalía, los disparos se habría escuchado desde las 20 del martes. No obstante, no se conocieron informes preliminares sobre el calibre de arma de fuego empleada en el homicidio de Candela.

extrema pobreza. Fernanda, la tía de Candela, en la puerta de la precaria casilla perforada por la bala que mató a la niña.

FuenteLa Capital
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