El chavismo desplegó inspectores para forzar el aumento de la producción y reducir las colas. Ya se registraron arrestos y expropiaciones.

El gobierno bolivariano pasó al ataque directo contra los panaderos el domingo pasado, después de más de un año de escarceos, y convencido de que enfrenta la última batalla de una guerra inexistente. “Todo el peso de la ley debe caer contra los que especulan con el trigo. Vamos con todo para neutralizar las mafias panaderas”, clamó Nicolás Maduro, quien culpa a oligarcas y opositores, apoyados por el Imperio, de conformar el ejército enemigo.

El despliegue por toda Caracas de inspectores, guardias nacionales, milicianos, comunas populares y las unidades de batalla Bolívar Chávez, a las órdenes del vicepresidente Tareck El Aissami, se cobró ayer sus tres primeras “víctimas”. Dos panaderías en el centro y el oeste de la capital, Mansion’s Bakery e Inversiones Rol 2025, fueron expropiadas de forma provisional y entregadas al “pueblo”, los famosos CLAP, comités locales de abastecimiento dirigidos por dirigentes comunales afines a la revolución.

La acusación esgrimida por Williams Contreras, director de la Superintendencia de la Defensa de los Derechos Socioeconómicos (Sundde), es que las baguettes, que deberían pesar 180 gramos, sólo llegan a los 140. “Y las cobran como de 180”, añadió indignado el jefe de los inspectores. El gobierno exige además que se distribuya pan durante todo el día, que no se formen colas y que el 90% de la harina se dedique a la producción del pan a precio regulado.

Horas más tarde se supo que otra conocida panadería, La Condesa, también fue fiscalizada por los inspectores, que detuvieron a dos de sus encargados bajo la acusación de “boicot, acondicionamiento y usura”.

El gobierno chavista culpa a los panaderos de las colas, que ya forman parte del paisaje urbano. Pero la realidad es muy distinta. La escasez de harina obliga al sector panadero a racionar el pan desde hace más de cuatro años, fecha en la que el Estado, que conserva el monopolio de la materia prima, comenzó a fallar en su importación. El pan se ha convertido en alimento clave en la Venezuela del desabastecimiento, la inflación y el hambre: llena los estómagos a precio muy asequible.

Desde la embestida del pasado domingo, los panaderos se las han ingeniado para esconder las colas, ya sea en el interior de los locales o gastando toda la harina almacenada para evitar las expropiaciones. Nada se sabe de los miles y miles de toneladas de harina rusa que Vladimir Putin prometió a Maduro antes de Navidad.

“Sépanlo todos los que están poniendo a nuestro pueblo a sacrificarse en una cola que no lo vamos a permitir, así que entran por el carril o entran”, amenazó Carolina Cestari, jefa del gobierno de Caracas, un organismo inventado por Hugo Chávez para arrebatar sus competencias a la Alcaldía Mayor de la capital.

La Federación Venezolana de Industriales de la Panificación y Afines (Fevipan) insiste en que son la falta de materias primas y los sobreprecios de éstas los que han provocado las colas de todos los días. El gobierno obliga a vender las baguettes a precios regulados, muy por debajo de su precio real, lo que genera pérdidas económicas a los panaderos. Para mantener el negocio en pie, los industriales del pan emplean parte de la harina en producir otro tipo de pan y las tortas.

Los cálculos del gremio son que el 80% de los panaderos tienen sus inventarios de harina al mínimo. “Burócratas que no saben nada del pan pretenden dirigir la producción del pan”, criticó el diputado opositor José Guerra.

FuenteLa Nación
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