Destitución no es una palabra que la gente se tome a la ligera en Washington, pero las afirmaciones de que Donald Trump ha entorpecido a la justicia tratando de asfixiar las averiguaciones sobre los vínculos de su campaña con Rusia se han intensificado en las últimas 24 horas.

El furor llegó después de que se dio a conocer un memo proveniente del ex director del FBI James Comey en el que asegura que el presidente le pidió que cierre la investigación en torno a su ex asesor de seguridad nacional Michael Flynn.

La obstrucción a la justicia es un tema muy cargado en la historia presidencial de Estados Unidos: tanto Richard Nixon como Bill Clinton enfrentaron esa acusación. Si hay verdaderas chances de que Trump sea removido del cargo dependerá de la política más que del análisis legal y de si el presidente mismo se da cuenta de la gravedad de la situación y cambia de rumbo.

¿De qué se lo acusa a Trump?

Los legisladores de ambos partidos ya estaban preocupados tras la decisión de Trump de desplazar a Comey. Si queda establecido que el mandatario había pedido anteriormente a Comey que deje de investigar los lazos de Flynn con Rusia, podrá ser acusado de haber tratado de evitar que las autoridades investiguen y apliquen la ley.

No queda claro que el supuesto pedido de Trump a Comey –el cual la Casa Blanca negó– es considerado efectivamente obstrucción a la justicia. En cualquier caso, muchos expertos legales se preguntan si un presidente puede ser procesado por un delito cometido mientras ocupa el cargo.

Más importante es si su conducta podría llevarlo a ser destituido. Ese es un proceso político que se da en el Congreso por haber cometido “traición, corrupción u otros delitos graves y delitos menores”. No exige una clara violación del código penal.

¿De qué manera podría Trump ser removido del cargo?

Además de ser rechazado por el electorado en las próximas elecciones en 2020, hay dos principales formas de expulsar a un presidente. Una es vía la Enmienda 25º de la Constitución, introducida en 1967, que permite su remoción si se determina que no puede ejercer los poderes y cumplir con las obligaciones del cargo. Si bien algunos legisladores demócratas han asegurado que Trump no está mentalmente apto para seguir en su función, este mecanismo no tiene precedentes.

El camino más realista es vía el proceso de destitución. Eso implicaría que el comité de asuntos judiciales de la Cámara de Representantes inicie audiencias, antes de que una mayoría simple de la Cámara de Representantes vote a favor de destituir al presidente. El último paso es una formulación de cargos, el asunto pasa luego al Senado, donde se requieren de dos terceras partes de los votos para remover al presidente.

Acá son relevantes una serie de episodios históricos. El presidente Clinton atravesó un proceso de destitución en 1998 por tratar de tapar un affair con Monica Lewinsky; pero la propuesta de expulsarlo del cargo no obtuvo los votos necesarios en el Senado. El presidente Nixon renunció antes de que la Cámara de Representantes lo pudiera destituir por el escándalo del Watergate.

¿Cómo se relaciona esto con los pedidos de un procurador especial?

Los demócratas vienen exigiendo que una figura independiente estudie las acusaciones de que la campaña de Trump hizo un complot con Rusia. Si bien los comités de inteligencia de la Cámara de Representantes y del Senado ya están analizando el tema, el avance es reducido por las peleas dentro de los partidos. Mientras el FBI, que también examinaba el caso, carece de director.

¿Quiénes son ahora las figuras clave?

Con los republicanos controlando la Cámara de Representantes, las chances de que haya movimientos en el Congreso en contra del presidente dependerán del ánimo en el liderazgo republicano y de cómo lean la respuesta del electorado a los escándalos de Trump. Entre las figuras clave en la Cámara de Representantes están el vocero Paul Ryan, que ahora apoya los pedidos de que los memos y las grabaciones de las reuniones entre el presidente y Comey sean entregados a una comisión, y el líder Kevin McCarthy que es un estrecho aliado de Trump.

En el Senado Mitch McConnell, el líder del Partido Republicano, es la figura central junto a otros exponentes como Richard Burr, que preside el comité de inteligencia del Senado que está analizando el tema Rusia.

Ayer el comité de Burr pidió a Comey que testifique y exigió ver sus notas sobre las comunicaciones con altos funcionarios de la Casa Blanca.

Hasta la fecha, los republicanos en su mayoría no están dispuestos a oponerse abiertamente al presidente y a sus legiones de seguidores que los ayudaron a llegar no sólo a la Casa Blanca sino a ambas cámaras del Congreso. Por lo tanto, los analistas tienden a asumir que es poco probable que se inicie un proceso de destitución a menos que los demócratas obtengan el control de la Cámara de Representantes en las elecciones de mitad de término en 2018.

Sin embargo, para un creciente número de republicanos la opción de ignorar el escándalo se está volviendo insostenible. John McCain, senador republicano de Arizona, dijo que los problemas en torno a Trump se están acercando “al tamaño y a la escala del Watergate”.

FuenteEl Cronista
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