Leyó una carta dirigida a ellos, luego de que el fiscal y la querella pidieran perpetua para el acusado de femicidio.

Hubo un silencio que estremeció. Fue después de que el juez le dijera a Fernando Farré que contaba con la chance de tener la última palabra. El imputado dialogó con su abogado y se acercó al estrado. En ese momento la sala reventó en murmullos, el hombre que no se había inmutado y que se había mostrado distante durante todo el juicio estaba punto de romper el silencio. Lo hizo el último día, antes de que el jurado de 12 personas defina hoy si tiene una condena a perpetua, si fue emoción violenta o si deberá recuperarse en un neuropsiquiátrico.

Sentado en el mismo lugar que días antes testigos como Sandra Schaefer –la hermana de Claudia– lo había llamado violento, arrogante y soberbio, Farré sacó un estuche con sus lentes y los limpió con una seda. En la sala todos lo miraban a él. De un bolsillo sacó una carta que había escrito hace un año, preguntó si se escuchaba y empezó: “Queridos Niki, Feli, Marquis (sus hijos), hace más de ocho meses, el 21 de agosto de 2015 cambió nuestra vida. Clau ya no está entre nosotros, desde entonces que no nos vemos, desde entonces pienso cada día en ustedes” Con la voz entrecortada, el empresario imputado que enfrenta la posibilidad de una condena a prisión perpetua por el crimen de su esposa, a quien degolló y le asestó 66 puñaladas el 21 de agosto de 2015 en el country Martindale de Pilar, usó su tiempo para leer una carta dirigida a sus tres hijos con la idea de conmover al jurado. Les pidió “perdón” y dijo “los quiero”. Con relación al crimen, sostuvo: “No puedo explicar ni justificar lo que pasó. No sé cómo llegué a esa situación”.

 

“Daría mi vida, cambiaría todo en un segundo, por irme yo y que ustedes estén con su madre, creciendo con ella. Pero acá estoy y tengo que seguir por ustedes. Me duele seguir viviendo, pero si yo no estoy quizá sería un dolor para ustedes y no se lo merecen”, dijo mientras los jurados atinaban a escuchar y mirar, sin reacciones. Y finalizó dirigiéndose a sus hijos: “Quisiera saber cómo están, cuántos centímetros crecieron, qué juego tienen en la tablet. Quisiera estar con ustedes y tomarlos de la mano. Nada es más lindo que tomar unas manos que son más pequeñas que las de uno. Ustedes tienen el futuro, sigan su sueño y lo que el corazón les diga. Los quiero, pá”.

Guardó la carta en el bolsillo de su traje gris, el mismo con que presenció los anteriores días del juicio, y se sentó detrás de su abogado Adrián Tenca, quien aclaró que la declaración de Farré no estaba preparada ni programada: “Fue una decisión de él en el momento, me consultó y yo por supuesto no me puedo negar. Ni siquiera sabía qué decía la carta”.

Antes, la jornada había sido dedicada a los alegatos de cada una de las partes. Las primeras fueron las fiscales Carolina Carballido Catalayud y Laura Zyseskind, quienes aseguraron que Farré asesinó a su esposa “de la forma más cruel” y que tenía plena conciencia de todo lo que hizo: “Cometió un femicidio de manual y a sangre fría”. De esa manera justificaron su pedido de prisión perpetua.

Farré había reaparecido en el banquillo después de su ausencia del jueves y viernes pasado y se mostró bastante más relajado. Tomó café y se mantuvo calmo, apoyado sobre los respaldos de la silla del tribunal. Ni siquiera se inmutó cuando Carballido, levantando la voz y mirándolo a los ojos, recordó una de las frases que aparecieron en los audios del juicio, en el que Farré le decía a su esposa que era “tremendo sorete”.

Luego el turno fue del abogado de de la familia Schaefer, Jorge Sandro, quien afirmó que Farré asesino a Claudia como a un animal: “La mató por placer y aplicó sus golpes uno a uno, no pueden tener dudas de que actuó de una manera prevista”. Al finalizar miró a los 12 miembros del jurado y les dijo: “Ustedes tienen el privilegio y la responsabilidad de votar. Ustedes representan a la sociedad, que espera una respuesta”.

 

El último turno quedó para la defensa. Con la vista clavada en los ojos de los jurados, Tenca expuso que el acusado estaba “enfermo” psicológicamente cuando cometió el crimen dijo que no fue premeditado porque en todo caso podría haber llamado a un sicario y les dijo que “Farré no es el monstruo que los acusadores les vinieron a plantear”. Recordó y resumió los testimonios que testigos, vecinos, amigos de la víctima, psicólogos y psiquiatras dieron durante la semana pasada e insistió en el trauma que le provocó haber perdido el trabajo meses antes del asesinato: “Mientras Claudia salía con sus amigos, él se quedaba en la casa. Era un hombre que estaba enfermo. Una bomba a punto de explotar”. De nuevo dirigiéndose al jurado les dijo: “Es la responsabilidad más grande de sus vidas. Tómense el tiempo necesario, no se dejen llevar por las mayorías, no sientan vergüenza y defiendan su voto hasta el final”. Hoy se sabrá el veredicto final.