La bomba que explotó anteayer en un centro comercial despierta viejos fantasmas, cuando faltan horas para que las FARC completen su desarme definitivo.

El presidente colombiano, Juan Manuel Santos, pidió ayer a sus connacionales que tengan serenidad y no permitan que los extremistas frenen los esfuerzos de paz, después de que el sábado explotó una bomba casera en un popular centro comercial de la capital colombiana. El atentado, que se produjo días antes del desarme de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), dejó tres muertos, entre ellos una voluntaria francesa de 23 años.

Santos, que suspendió una visita oficial a Portugal debido al atentado, anunció una recompensa de 100 millones de pesos (unos 35.000 dólares) para quienes entreguen información que permita dar con los responsables del hecho, ocurrido en vísperas del Día del Padre y que amenaza con poner en entredicho la paz colombiana.

La detonación se produjo en horas de la tarde del sábado en un baño público del segundo piso del centro comercial Andino, en una próspera zona comercial y turística del norte de Bogotá.

Santos hizo referencia a la larga historia de Colombia en su combate contra la violencia provocada por traficantes de drogas y el extremismo político, y afirmó que el ataque no hará descarrilar los esfuerzos que desembocaron en el acuerdo de paz alcanzado a fines del año último con las FARC, el principal movimiento guerrillero del país.

Mañana, justamente, es un día clave: las FARC iniciarán la tercera y última fase del abandono de las armas, para finalizar así medio siglo de un enfrentamiento que dejó 260.000 muertos y 60.000 desaparecidos. En las últimas dos semanas, la guerrilla consignó el 60% de su arsenal a la misión de las Naciones Unidas en Colombia, encargada del proceso de desarme. Es un paso clave para que unos 7000 combatientes inicien su transición a la vida civil.

La pregunta que se hacen todos en Colombia es si, como parece, el atentado apunta a dañar ese proceso de paz. “Los que quieren aguar la fiesta de la paz no van a tener éxito, y si esto es una manifestación en ese sentido tengan la absoluta seguridad de que a esos enemigos de la paz los vamos a perseguir sin tregua ni cuartel”, advirtió el presidente Santos.

Tras el ataque, la atención se centró en el Ejército de Liberación Nacional (ELN), el último grupo rebelde activo en Colombia, pero sus líderes negaron enfáticamente participación alguna en la explosión del sábado.

Los negociadores del ELN, que actualmente sostienen conversaciones de paz con el gobierno colombiano en el vecino Ecuador, refutaron en Twitter las acusaciones y, tras condenar el ataque, pidieron “seriedad a quienes hacen acusaciones infundadas y temerarias”. Aseguraron también que hay quienes “pretenden hacer trizas los procesos de paz”.

El analista Víctor De Currea-Lugo consideró poco probable, sin embargo, que el ataque proviniera de las guerrillas de las FARC o del ELN e indicó que hay sectores que buscan sabotear los acuerdos.

“Hay grupos armados de extrema derecha, de corte paramilitar, que son responsables del asesinato de líderes sociales y de acciones contrarias a la paz”, afirmó el profesor de la Universidad Nacional.

De Currea-Lugo descartó, además, que peligre el proceso de paz, “que tiene una dinámica propia y el apoyo de un sector de la sociedad que se mostró dolido” cuando se trató “de usar políticamente el atentado”.

El presidente Santos, por su parte, indicó que las autoridades tienen tres hipótesis con respecto al ataque, pero anunció que sólo se darán a conocer detalles cuando se cuente con información “cierta, confirmada y conveniente” que no afecte el avance de la investigación.

Horas antes, el gobierno de Francia condenó el atentado y ofreció su apoyo a la familia de la voluntaria Julie Huynh, una de las fallecidas, y “a Colombia en este doloroso momento”. El alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa, dijo que Huynh, que se disponía a regresar a su país en los próximos días, permaneció en Colombia los últimos seis meses trabajando para una organización benéfica que ayuda a las personas desplazadas por el largo conflicto de Colombia.

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