Desde las latas en conserva hasta la cocina a presión, las innovaciones en la gastronomía del ejército que se volvieron habituales en el hogar.

Cada nuevo alimento procesado está pensado para un determinado fin. Por ejemplo, una bebida ideada para suplir el gasto físico de un atleta o un snack creado para saciar parcialmente el hambre antes del almuerzo o la cena. Y entre ellos, también están los productos con orígenes militares.

De los muchos bienes envasados con sus propósitos, la ingeniería gastronómica también incluyó las salvedades para el ejército. Opciones que se fueron convirtiendo en comunes en el consumo cotidiano y que son habituales en los supermercados.

La experta culinaria Anastasia Marx de Salcedo profundizó sobre las raciones de comida para abastecer a las tropas en el libro Combat-Ready-Kitchen: How the US Military shapes the way you eat. Un análisis en el que explora la relación entre los alimentos procesados y la industria militar. Y de cómo llegaron a ser frecuentes en la despensa del hogar.

Dada la necesidad de mantener a los soldados en lugares inhóspitos y lejanos, conjugada con el requisito de que los alimentos aguantaran largos periodos en perfecto estado de conservación, la financiación e investigación militar estadounidense logró producir raciones baratas e imperecederas, que se volvieron populares o dieron pie a otra fabricación.

El más importante aporte fue la comida en lata de conserva, muy conocida por aparecer en las películas bélicas. También, los jugos envasados. Otra de las invenciones fue deshidratar el queso, lo que significó el primer paso para la elaboración de los chizitos (al mezclarlo con harina de maíz frito) durante la segunda Guerra Mundial, uno de los aperitivos más notorios entre los menores.

Además de la duración, cada invento debe cumplir con otros criterios: poco peso y volumen, el buen sabor y, desde luego, un importante valor calórico. Atendiendo este punto, aparecieron las barritas de cereal energéticas, famosas entre los deportistas.

Las aplicaciones tecnológicas en la cocina militar llevaron a la creación del pan de molde industrial, que dura semanas sin perder su frescura, a mediados la década del 50. Su clave está en el uso de unas enzimas que resisten el calor del horneado y que mantienen activas durante muchos días, consiguiendo que el pan siga estando tierno.

Salcedo resaltó además otra innovación generada por el sector militar, que el consumidor general fue adoptando de a poco: cocinar sin utilizar calor, sino a presión. De este modo, los microorganismos estallan y dejan la comida esterilizada. Y por último, destacó un producto no comestible que cumple con la conservación del alimento: el film transparente.