Las manifestaciones y huelgas en todo Francia miden este martes el descontento social con el nuevo presidente.

Emmanuel Macron se somete este martes al primer examen de la calle. La jornada de huelga y manifestaciones convocada por el sindicato CGT y otras centrales minoritarias permitirá medir el descontento social con un presidente que en mayo ganó las elecciones con la promesa de transformar Francia. El objetivo de las protestas es frenar una reforma laboral que entre otras medidas facilita la contratación y el despido. Macron, que cuenta con una cómoda mayoría parlamentaria, ya ha dicho que mantendrá sus planes para adoptar las nuevas leyes a finales de mes. Una declaración del presidente calificando de “vagos” a los detractores de la reforma ha caldeado el ambiente previo a las protestas.

Coincidiendo con la protesta, Macron voló al territorio francés de San Martín, en las Antillas, devastado por el huracán Irma. El viaje respondía a la urgencia por la catástrofe natural. Pero también era una señal de que el presidente ha pasado página de la reforma laboral —la da por aprobada y no quiere tocar ni una coma— y desea ocuparse de otros asuntos. En los últimos días, él y su Gobierno han multiplicado anuncios sobre las próximas reformas, por ejemplo en materia impositiva y en la seguridad social. En las televisiones francesas competirán este martes las imágenes de las ruinas de San Martín y de los sindicalistas manifestándose.

La CGT y los otros organizadores han convocado 180 marchas en todo Francia y llamamientos a la huelga en 4.000 empresas. La huelga afectará, entre otros sectores, el de los transportes, aunque difícilmente paralizará el país. Los sindicatos llegan divididos. De los tres grandes, sólo participa la CGT, el más izquierdista. Los líderes del reformista CFDT y de Fuerza Obrera (FO) han renunciado a participar, aunque miembros de este último se manifestarán junto a la CGT. También se prevé que participen sindicatos estudiantiles, y se ha sumado el líder de la izquierda alternativa en la Asamblea Nacional, Jean-Luc Mélenchon.

La reforma laboral es el primer gran proyecto legislativo de la presidencia del centrista Macron. El 31 de agosto, el primer ministro, Édouard Philippe, presentó las cinco ordenanzas de las que consta la reforma. Las ordenanzas son textos legislativos que pueden aprobarse sin pasar por el proceso de debates y enmiendas del Parlamento. El Gobierno las somete al Parlamento y este lo adopta o lo rechaza. La reforma establece límites a las indemnizaciones por despido improcedente; ofrece más libertad a las multinacionales para despedir a trabajadores en caso de crisis; agiliza la negociación laboral en las pequeñas empresas, que pueden llegar a acuerdos esquivando los sindicatos; y simplifica las instancias de negociación dentro de las empresas.

La jornada de protesta y huelga es la primera de septiembre. El día 21 la CGT prevé otra protesta, y el 23 la Francia Insumisa —el partido de Mélenchon— ha convocado una manifestación masiva en París. Junto a Philippe Martinez, el jefe de la CGT, Mélenchon se postula como el principal opositor a las reformas de Macron, que considera un “golpe de Estado social”. El martes en Marsella, donde ha participado en la manifestación local, Mélenchon se declaró confiado en que las protestas hagan “recular” al Gobierno. Quizá sea demasiado tarde. Con la popularidad a la baja, para Macron esta sería la primera verdadera victoria legislativa de su presidencia, la primera de una serie de reformas clave en su plan para relanzar Francia.

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