El pesimismo que invade a la MUD pone en peligro el triunfo rotundo que debería darse en los comicios regionales.

“No se trata de una fiesta electoral, sino de un acto de rebeldía.” Miguel Pizarro, uno de los diputados opositores que encabezaron los cuatro meses de protestas antigubernamentales, recorre estos días los 23 estados de Venezuela para convencer a sus compatriotas de que no se rindan ante el fantasma de la abstención, factor clave de las próximas elecciones regionales del domingo próximo.

Al frente de la campaña opositora se ha situado el socialdemócrata Henry Ramos Allup, ex presidente de la Asamblea y principal baza para las supuestas presidenciales de 2018 ante la inhabilitación de los dirigentes Leopoldo López y Henrique Capriles. “Colaboracionismo es entregar las gobernaciones a Maduro”, repite Allup en cada mitin para salir al paso de las críticas de los más radicales, que ponen en peligro lo que sería un rotundo triunfo en las urnas.

La Mesa de la Unidad Democrática (MUD), la coalición de partidos opositores, enfrenta los comicios a gobernador con el reto de reanimar sus decaídas filas, tras la rebelión popular que no consiguió derrotar al chavismo y que costó 125 vidas, además de disparar la cifra de presos políticos (436 tras la liberación en las últimas horas de tres activistas prisioneros) y de provocar la imposición ilegal de la Asamblea Constituyente, de corte cubano.

Un llamado abstencionista que el gobierno de Maduro se empeña en alentar con sus habituales trampas electorales buscando el desánimo de sus opositores, su principal y casi exclusiva ventaja electoral. Porque cuando los venezolanos levantan la cabeza lo que ven alrededor es la mayor crisis social y económica de su historia. Según las distintas encuestas, la Unidad Democrática es favorita en 15 estados, frente a los tres donde los candidatos elegidos a dedo por Nicolás Maduro parten con ventaja. En cinco regiones las diferencias son mínimas.

La oposición sabe que si logra que la gente acuda a las urnas, entre el 65% y 70% de voto, puede invertir los resultados de 2012. Actualmente el chavismo controla 20 de las 23 gobernaciones de un país cada vez más centralista, una de las señas de identidad de la revolución.

“La oposición debe ganar la mayoría de los estados. La incertidumbre es si será un triunfo contundente o muy moderado. Y ambos son posibles”, adelanta Luis Vicente León, presidente de Datanálisis. Y es que no basta con ser mayoría, como recuerda este politólogo: “La mayoría tiene que votar y su voto tiene que ser respetado para concretar ese triunfo”.

El oficialismo ha desplegado su habitual estrategia para mitigar la derrota en unas elecciones que deberían haberse celebrado en diciembre de 2016, pero fueron pospuestas ante un previsible fracaso. Programadas de nuevo para diciembre, la Constituyente impuso que se adelantaran dos meses -el 15 de octubre- para aprovechar la ola de pesimismo que invadió las filas opositoras en agosto.

El juego sucio incluye la inhabilitación de dos de los tres gobernadores opositores, Henrique Capriles (Miranda) y Liborio Guarulla (Amazonas), y la suspensión de las elecciones en los parlamentos regionales, que adelanta una de las estrategias del chavismo si la mayoría de los gobernadores son contrarios al gobierno: hacerles la vida imposible con las actuales cámaras estatales, de mayoría oficialista.

A las tretas del gobierno y del Consejo Nacional Electoral (CNE), se ha sumado el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), que reapareció esta semana armado con su habitual martillo contra la oposición. La alta corte ha dado por buena la última trampa del poder electoral, que ha impedido la sustitución de candidaturas regionales de la MUD, pese a que lo contempla la ley.

La oposición registró las precandidaturas de sus dirigentes en los distintos estados antes de las primarias internas. Una vez realizadas éstas, con sus distintos ganadores, la legislación permite retirar a los perdedores y dejar únicamente al candidato elegido por los votantes. Hasta ahora: con semejante galimatías busca confundir aún más a los electores, que cuando acudan a votar el 15-O se encontrarán con 47 candidatos opositores que ya no se presentan. El voto para cualquiera de ellos se declarará nulo.

La estrategia oficialista busca capturar miles de votos nulos para sumarlos a la abstención y aumentar la desesperanza de los que están convencidos de que enfrente hay una dictadura que no respeta los resultados electorales.

Aerolíneas deja de volar a Caracas

Aerolíneas Argentinas anunció por medio de un comunicado que ya no volará a Venezuela. La compañía aérea tenía un vuelo semanal, ida y vuelta, que conectaba Buenos Aires con Caracas. Las razones esgrimidas para la desprogramación del vuelo son de carácter operativo. En agosto último, la empresa le había adelantado a la agencia Reuters que ya no vendería pasajes al país caribeño debido a cuestiones de seguridad, derivadas de la violencia e incertidumbre política que sufre el país. La medida aísla aún más a Venezuela de las rutas de viaje internacionales. Avianca, Lufthansa, Air Canada y United ya se habían retirado del país arguyendo, además de la seguridad, la debilidad de la demanda o disputas de pago con el gobierno de Maduro.

FuenteLa Nación
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