Lo acusaron de diseñar y dirigir desde su celda en Coronda la captura de un joven hace un mes. Según el juez planeaban al menos dos hechos más.

El juez federal Carlos Vera Barros procesó a Ariel Máximo “Guille” Cantero como el cerebro de un secuestro extorsivo concretado hace un mes en la zona oeste de Rosario que tuvo como víctima a un trabajador metalúrgico de 22 años. El magistrado consideró que el acusado organizó y dirigió desde su calabozo en la cárcel de Coronda la privación de la libertad de este joven, que fue levantado en una esquina de Barrio Triángulo y liberado una hora después, al comprobar los captores que no era la persona que habían seleccionado previamente para obtener un rédito económico con el pago de un rescate.

En la misma resolución el juez federal le dictó falta de mérito a Nahuel Fernández, un joven de 26 años que fue detenido hace dos semanas acusado de ser uno de los que materializó el secuestro, debido a que valoró que no había evidencia para sustentar la imputación. Sí lo procesó por el hallazgo de tres armas de calibre 9 milímetros cargadas y listas para ser utilizadas, un fusil perteneciente a Gendarmería Nacional y municiones, que la Policía Federal encontró en su casa de José Ingenieros al 7600.

Esas armas estaban en la habitación de Ezequiel David Fernández, alias “Parásito”, que es hermano de Nahuel y permanece prófugo desde aquel día en que fue buscado sin éxito. Este joven está acusado de ser quien mantuvo los diálogos telefónicos con Guille, a quien llama “Tío”, los que de acuerdo a los fiscales del caso dejan en evidencia toda la premeditación, concreción y detalles del secuestro. Según el juez, Fernández consultaba y Cantero le contestaba.

Diálogos

El secuestro de este joven metalúrgico, cuyo nombre se omite a su pedido, se produjo el 9 de septiembre pasado a las 19 en la esquina de Seguí y Espinillo de barrio Triángulo. Según Vera Barros, desde los primeros minutos de ese día, pasada la medianoche, se producen diálogos. “Parásito” Fernández le dice a “Guille” que está volviendo de un lugar que sería un galpón que iba a servir de espacio para el cautiverio de la futura víctima. A la tarde de ese mismo día Fernández le confirma a Cantero “acá estamos los cuatro jugadores” en alusión a los participantes del delito inminente. Durante toda la tarde, indica el magistrado, se mantienen diálogos en las que de debaten dos variantes: o secuestrar al sujeto que ya tenían observado o a uno nuevo, cuya fotografía sería enviada a “Parásito” por un contacto de Cantero.

A las 19.30 este joven operario fue interceptado por dos individuos que con armas de fuego lo obligaron a entrar a un auto rojo que sería un Ford Fiesta o Focus de cola larga y vidrios polarizados. Le cubrieron la cabeza y tras circular un rato lo hicieron bajar en un galpón donde permaneció con los ojos tapados.

A las 19.53 “Parásito” le señala a Guille que se habían confundido de víctima. “Es otro, nada que ver este amigo”, le dice. Cantero le replica entonces si tenía la foto de la persona a la que querían retener. La respuesta fue que sí, que incluso se parecía, pero que el joven allí dominado tenía el documento y acusaba otro nombre. “Uh, y bueno, llevátelo igual, esperemos un rato a ver que dice…”.

Unos kilos de asado

Luego la víctima dice su nombre en un diálogo que es captado por los investigadores, que hacían interceptaciones directas, y plantea que él trabaja en una planta metalúrgica y que su padre es carnicero. Ante lo cual Guille refiere que entonces irían a buscar carne a la casa del padre. Con lo que piden al cautivo que les “pasara un par de kilos de asado”.

Allí se despliega entonces una discusión entre los delincuentes que indican que la víctima no tenía un lunar en la cara que era la referencia sobre la persona a capturar y que se habían confundido feo. Finalmente lo hicieron subir al auto, le pidieron disculpas y lo dejaron bajar en Seguí y Circunvalación con la indicación de que no los mirara.

Rescate fácil

En la investigación de los fiscales federales Federico Reynares Solari, de Rosario, y Santiago Marquevich, de la Unidad Antisecuestros, estaba clara la intención de obtener rescate dado que los involucrados hablaban de plata fácil. Mencionaban que sacarían por este delito “un par de gambas largas” o de pedir “por lo menos tres palos para que vayan bajando”.

Para el juez pese a que no llegaron a exigir un rescate por la liberación, “lo cierto es que esa fue su primigenia intención, la cual mantuvieron hasta el final”. Incluso la pretensión de cobrar queda corroborada cuando Cantero habla de exigirle al padre de la víctima al menos “dos kilos de asado”.

El objetivo delictivo queda plasmado además en las transcripciones telefónicas que delatan las intención de cometer, en lo venidero, al menos otros dos secuestros extorsivos, con víctimas que no fueron identificadas.

Un punto destacado de la resolución es que a partir de las escuchas se determinó que alguien le avisó a Guille Cantero que debía deshacerse del teléfono celular con el cual había dialogado con sus cómplices cuando era inminente que la Policía Federal iba a allanar su celda en Coronda. Cuando requisaron su calabozo se encontraron cuadernos y libretas con variadas anotaciones en las que constan distintos números telefónicos.

El juez terminó por este motivo procesando con prisión preventiva a Guille Cantero como autor del delito de secuestro extorsivo que tiene una expectativa de pena que va de cinco a quince años de prisión. En cambio decidió dar la falta de mérito a Nahuel Fernández porque no quedó probado que hubiera participado de la captura de la víctima. Sí entendió que no podía desconocer que su hermano tuviera esas armas no registradas lo que implicaba la posibilidad de su detentación como sanciona la ley. Fue así que lo procesó por la tenencia de las mismas pero ordenó su excarcelación bajo una fianza de 20 mil pesos.

Al pedir el procesamiento la semana pasada, los fiscales Reynares Solari y Marquevich habían subrayado que, en virtud de ser jefe de “una renombrada agrupación narcocriminal” y haberse comprobado que tenía acceso a teléfonos con los que orquestó al menos un secuestro extorsivo, Cantero debía ser trasladado a un establecimiento penitenciario federal de máxima seguridad, lo que solicitaron a Vera Barros. De haberse aceptado el pedido habría implicado un traslado del líder de Los Monos a un presidio afuera de la provincia dado que en Santa Fe no hay cárceles federales. En la resolución de ayer el juez no hizo ninguna referencia a tal cuestión.

FuenteLa Capital
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