Son 66 personas desplazadas por la guerra civil que comenzó en 2011.

Catorce familias sirias pusieron ayer punto final a una odisea que las forzó a abandonar su país por la guerra y se instalaron en Chile, donde fueron recibidas por la presidenta Michelle Bachelet como parte de un programa concertado con la ONU.

El contingente de 66 refugiados, entre ellos 32 chicos, llegó a Santiago luego de dos años en el Líbano y tras un viaje de 24 horas desde Beirut. Los destinos finales serán la comuna de Macul, en Santiago, y Villa Alemana, en Valparaíso, donde tendrán viviendas amuebladas.

“Nuestro deseo es que comiencen poco a poco a dejar atrás el miedo, el dolor y la incertidumbre, y que encuentren en nuestro país una tierra que los reciba con amistad, buena voluntad, para que puedan reconstruir su historia y hacer crecer sus familias en paz”, dijo Bachelet.

Los menores se integrarán al sistema escolar a partir de marzo próximo, mientras que los adultos recibirán clases de castellano y cursos de capacitación en distintos oficios. En el grupo hay sastres, joyeros y técnicos de electrodomésticos, entre otras ocupaciones.

El pequeño contingente se unirá así a la enorme comunidad siria en Chile, conformada por unas 80.000 personas, mientras que la palestina alcanza las 300.000, la más numerosa fuera de los territorios ocupados de Cisjordania. Los recién llegados son un crisol de kurdos, armenios y árabes, de distintas confesiones religiosas.

Todas las familias llevaban viviendo en el Líbano al menos dos años, en lugares como Beirut, el valle de Bekkaa –cerca de la frontera con Siria– y Trípoli, en el norte del país. En 2008, Chile también recibió a 117 refugiados palestinos que vivían en Irak y que actualmente tienen la ciudadanía chilena.

La larga guerra civil, que en marzo cumplirá siete años, provocó el desplazamiento interno y el exilio de cerca de la mitad de la población. La mayoría de los refugiados viven en los países limítrofes, sobre todo el Líbano, Turquía y Jordania.

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