Inflación, empleo y tarifas. Las reformas que se vienen en materia laboral, impositiva y previsional. El peso de la deuda y los déficit gemelos. Perspectivas sobre el futuro inmediato.

Con la asunción de la Alianza Cambiemos, se produjo un giro neoliberal en la política económica respecto al modelo económico imperante hasta diciembre de 2015. El esquema planteado por el gobierno tiene como pilares: la valorización financiera; mediante una política de altas tasas de interés que incentivan la financiariazación de la economía en detrimento de la inversión productiva; la apertura económica, con la llegada no sólo de manufacturas sino también de bienes primarios; y el endeudamiento externo, para cubrir el déficit interno, mantener el tipo de cambio y facilitar la fuga de capitales.

Sin embargo, haciendo un repaso por la historia económica y social de Argentina, es posible señalar que este tipo de políticas neoliberales no han tenido, ni tienen éxito en países como el nuestro, en donde la industrialización aparece como la única vía capaz de garantizar un desarrollo con “la gente adentro”, en cuanto es la actividad de mayor generación de empleo directo e indirecto.

Ya con las primeras políticas implementadas: la brutal devaluación del peso, la baja y eliminación de retenciones a los sectores agroexportadores y mineros, la suba de la tasa de interés y liberalización del mercado financiero, cambiario y comercial; se produjo una profunda transferencia de ingresos del trabajo al capital concentrado que se fortalece en los casi dos años de gestión. Desde el Ceso denominamos a este modelo como de “populismo financiero”, en cuanto se financian con endeudamiento las transferencias de ingresos hacia los sectores medios y altos. Mientras que el capital financiero y los sectores vinculados a la provisión de servicios de luz, gas, agua y transporte se beneficiaron con la puesta en marcha de las políticas nacionales, los asalariados y sectores orientados al mercado interno (industria, construcción y comercio) son los grandes perdedores de este modelo antiindustrialista.

En línea con el primer y segundo pilar, se implementaron políticas para atender al principal objetivo del gobierno, la inflación. La combinación de altas tasas de interés, la baja del poder adquisitivo de los asalariados (y del consumo interno) y la apertura importadora, deprimieron el mercado interno y desincentivaron la inversión productiva; a la vez que incentivaron la especulación financiera. Pese a esto, los resultados en materia de precios no fueron los deseados y la inflación saltó del 25 % en 2015 al 40 % en 2016 (nivel récord de los últimos 15 años), desacelerándose este año aunque sólo para alcanzar niveles de 2015. Lo que sí se logró fue reducir el poder adquisitivo de los trabajadores (se perdió 10 % del poder adquisitivo del salario en 2016) con la consecuente baja del consumo interno. La ofensiva hacia los trabajadores se completa con cierres de plantas, despidos y suspensiones por los tarifazos, caída del consumo y apertura importadora, que repercutió inmediatamente sobre el empleo, generando al menos 300 mil desocupados más entre 2015 y 2017.

La estrategia aperturista escogida por el gobierno no parece ser la más acertada en un contexto externo de creciente proteccionismo internacional y uno interno de achicamiento de la demanda. La competencia de productos extranjeros golpea duro en el endeble entramado productivo. Por su parte, el resultado en materia comercial fue un déficit comercial récord de la historia argentina, de 4.500 millones de dólares en lo que va de 2017. El dato más curioso es que no sólo importamos más productos textiles, de cuero, electrodomésticos o madera sino que comenzamos a importar más y nuevos productos como zanahorias, naranjas y manteca, afectando directamente a productores locales y sin provocar la disminución deseada en los precios.

El tercer pilar del modelo, el endeudamiento público, es el sustento del nuevo régimen económico. Por un lado, financia el déficit fiscal y el de la balanza comercial y por otro, es el que garantiza la fuga de capitales; fin último de la valorización financiera. La deuda pública total pasó de representar el 42 % del PBI en 2015 al 55,2 % en 2017 y la deuda externa saltó del 12,1 % del PBI al 18,9 % en el mismo período. El bajo nivel de endeudamiento heredado de la gestión anterior le permite al actual gobierno tomar deuda y patear hacia adelante la falta de divisas, principal limitante del crecimiento en la gestión anterior. Lejos de solucionar los problemas económicos que le dieron origen (fuga de capitales y déficit energético e industrial), la restricción externa se agrava al sumarse el creciente déficit comercial. En resumen, la disponibilidad de divisas le garantiza al gobierno poder sortear la coyuntura mientras se va gestando un problema estructural con desequilibrios futuros del sector externo y del financiamiento del Estado.

Situación actual: “brotes verdes”

Recién a partir del segundo trimestre de 2017 (el año 2016 cerró con una caída del PBI del 2,3 %) comenzaron a asomar ciertos “brotes verdes” en sectores puntuales (construcción, industria metálica y automotriz), aunque aún sin señales de la lluvia de inversiones esperada. La recuperación liderada por la construcción (13 %) se explica no sólo por la comparación con los bajos niveles de actividad del año pasado, donde gran parte de los sectores aún no alcanzan los registros de 2015; sino también por el impulso de la obra pública típico de un año electoral, más cierta reactivación de la exportación en el caso de la industria automotriz y la pesada. Mientras tanto, el consumo sigue esperando su “segundo semestre” mostrando bajas en las ventas de supermercados y centros comerciales (-2,1 % julio 2017/16), aunque a un ritmo menor que en los meses anteriores. La razón del alicaído consumo es que la recuperación estacional del salario, jubilaciones y asignaciones frente a los precios en los meses que se efectivizaron los aumentos y que dicta la ley de movilidad, se fue en gran parte a pagar deudas contraídas en el período previo de pérdida del poder adquisitivo. Tampoco el empleo parece levantar a la misma velocidad que la producción. La tasa de empleo casi no muestra variaciones respecto a los niveles del año pasado y los empleos que se crean se concentran en sectores precarios (cuentapropistas, monotributistas sociales) o de baja remuneración (servicio doméstico, construcción).

Recorrido en los próximos meses

Algunos anuncios por parte del gobierno dan indicios sobre lo que ocurrirá en los próximos meses: nuevos incrementos en las tarifas energéticas, de transporte y prepagas así como del precio del combustible (que ahora es fijado por el libre mercado), parecen confirmar la continuidad de la política económica iniciada en diciembre de 2015. En esta línea va el proyecto de presupuesto 2018, cuyo tratamiento se postergó hasta después de los comicios, del cual se desprende que el ajuste del próximo año seguirá por la vía de la quita de subsidios a los servicios públicos, en búsqueda de la reducción del rojo fiscal. Sin embargo, la caída del peso de los subsidios en el gasto se compensa con una mayor participación de los servicios de deuda en el mismo.

El presupuesto también deja entrever una suba del dólar por debajo de la inflación; la combinación de dólar barato, apertura importadora y altas tarifas de servicios público nos recuerda a la década del noventa, cuando dicha combinación de factores sirvió para justificar las reformas del Estado y flexibilización laboral. Este paralelismo fue ratificado por el propio ministro de Economía de entonces, Domingo Cavallo, quien hace unos días no sólo elogió la política económica de Macri sino que la comparó con las decisiones tomadas en aquéllos años: “La historia recordará a Cambiemos como una continuidad de los ‘90 y de la Alianza, que apenas sufrió una interrupción con el kirchnerismo”. A través del discurso de la falta de competitividad, se sientan las bases para construir el consenso social en torno a una reforma laboral, previsional e impositiva que garantice menores costos laborales e impositivos a los sectores concentrados de la economía.

FuenteLa Capital
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