Ante 11 premios Nobel, entre ellos el argentino Adolfo Pérez Esquivel, el Papa Francisco pronunció uno de los discursos más dramáticos de su pontificado.

En uno de los discursos más dramáticos de sus casi cinco años de pontificado, el Papa Francisco condenó como ilegal “la posesión” y “la amenaza de uso” de las armas nucleares, que como nunca antes pueden causar un holocausto capaz de exterminar a la raza humana. Ante once premios Nobel, entre ellos el argentino Adolfo Pérez Esquivel”, representantes de veinte países y numerosos especialistas, Francisco habló en la Sala Clementina del Palacio Apostólico Vaticano, inaugurando un encuentro organizado por el pontífice, titulado “Perspectivas para un mundo libre de armas nucleares y para el desarme integral”.

Jorge Bergoglio denunció que en el mundo hay un “clima inestable de conflictividad” y constató que “aparece cada vez más remota” la perspectiva de un desarme integral”.

Desde que fue elegido Papa, en marzo de 2013, Francisco viene denunciando que la humanidad vive “una guerra mundial por partes” y que la situación no cesa de agravarse.

El choque político y las amenazas mutuas entre los líderes de EE.UU. y Corea del Norte de exterminarse mutuamente con sus misiles atómicos, ha creado un notable nerviosismo a nivel internacional en los últimos meses.

El Vaticano ya aclaró en dos ocasiones que la iniciativa del Papa no representa el intento de abrir una mediación entre ambos países.

El Papa argentino mostró su pesimismo al denunciar que “es un hecho de la espiral de la carrera armamentista no conoce freno”.

Bergoglio afirmó que el principio que debe inspirar a las naciones es “la solidaridad” y no “una lógica del miedo” que sufre “toda la raza humana”.

“Los costos de modernización y desarrollo de armas, no solo nucleares, son un gran gasto para las naciones, hasta el punto de tener que subrayar las verdaderas prioridades de la humanidad sufriente: la lucha contra la pobreza, la promoción de la paz, la realización de proyectos educativos, ecológicos y de salud y el desarrollo de los derechos humanos”.

En la sala Clementina, cuyo cielorraso está recubierto con el oro de las Indias que el imperio español obsequió a la Iglesia, Jorge Bergoglio afirmó que “las relaciones internacionales no pueden estar dominadas por la fuerza militar, las intimidaciones recíprocas y la ostentación de los arsenales bélicos”.

El Papa argentino recordó que el pasado 7 de julio en Nueva York, 122 naciones aprobaron el Tratado para la prohibición de las armas nucleares. Estados Unidos y Rusia, que tienen el 93% de las armas nucleares en el mundo, y otros doce países poseen los instrumentos atómicos capaces de producir holocaustos espantosos, entre ellos China, Corea del Norte, Pakistán, India, Israel, Francia y Gran Bretaña.

Francisco afirmó que el desarme es “una utopía actuable” y pidió escuchar “la voz profética” de los sobrevivientes de Hiroshima y Nagasaki, las ciudades japonesas que fueron destruidas por las bombas atómicas norteamericanas en agosto de 1945.

En el debate iniciado esta tarde en la Sala del Sínodo, junto a la gigantesca sala de las audiencias generales del Vaticano, presentará su testimonio la señora Masako Wada, uno de los últimos “Hibakusha”, que son sobrevivientes de las masacres atómicas en Japón, que saludó al Papa tras su discurso inaugural en la Sala Clementina.

Bergoglio dijo también que “no podemos dejar de probar un vivo sentimiento de inquietud si consideramos las catastróficas consecuencias humanitarias y ambientales que derivan de cualquier utilización de armas nucleares.

El Papa agradeció la presencia de los once premios Nobel de la paz invitados a la conferencia contra el uso de las armas nucleares. Al concluir su disertación, saludó en primer lugar a Beatrice Finhn, la directora ejecutiva de la Campaña Internacional para Abolir las Armas Nucleares, organización que recibió este año el premio Nobel de la paz.

El tercero que saludó al pontífice fue Adolfo Pérez Esquivel, que recibió el premio en 1980 por su lucha en defensa de los derechos humanos durante la peor dictadura militar que ha sufrido la Argentina.

El Papa y Pérez Esquivel se abrazaron con afecto. “Hay que desarmar la conciencia armada”, dijo después Pérez Esquivel, que por la tarde habló en el encuentro internacional.

FuenteClarín
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