El sexto día del juicio a la organización transcurrió entre objeciones, una corta declaración de Ramón Machuca, un planteo de recusación al tribunal y una amenaza de bomba cerca del nuevo Centro de Justicia Penal. Los detalles de una tensa declaración testimonial que fue interrumpida

El sexto día del juicio a la organización conocida como Los Monos transcurrió entre objeciones, una corta declaración de Ramón Machuca, un planteo de recusación al tribunal, una amenaza de bomba a algunas cuadras del nuevo Centro de Justicia Penal y una tensa declaración testimonial que fue interrumpida. Algunas escuchas que se iban a reproducir en la sala del segundo piso del edificio quedaron “suspendidas” hasta que se reanude la jornada este jueves, cuando continuará la persona citada.

Las audiencias que deben iniciarse todos los días a las 9 ya no respetan el horario de comienzo, al menos en los tres días hábiles de esta semana en curso. Este miércoles arrancó cerca de las 10 con un representante de la empresa de telefonía Nextel, ya que algunos miembros de la presunta banda utilizaron líneas abonadas a esa compañía que fueron “pinchadas”.

Tras una breve extensión en la testimonial producto de discusiones planteadas en torno a la respuesta de la empresa que está adjuntada en CD de escuchas pasadas este martes durante la testimonial de una empleada de la Agencia Federal de Inteligencia, fue el turno de la presentación del ex coordinador de la ex Brigada de la Policía de División Judicial.

Cuando el tribunal estaba por llamar al testigo, el abogado Fausto Yrure expresó que Ramón Ezequiel Machuca, alias Monchi Cantero, iba a hacer uso de la palabra. Fue así que el presunto líder de la asociación ilícita explicó que a la persona citada la conoció en 2011 durante el festejo del cumpleaños de 15 de su hermana en un famoso salón de eventos de la zona norte de Rosario. “Me lo presentó Daniel Vázquez a él, cuando trabajó de seguridad en el cumpleaños”, aseguró y amplió: “Quiero hacer esta aclaración para cuando se lo interpele”.

Lo que ocurrió, básicamente, fue una estrategia de Monchi para adelantarse a admitir que conocía al testigo en caso de luego éste dijera no haberlo visto. El nombre Vázquez mencionado es un hombre con cierta conexión a la familia Cantero. Incluso su hermano fue sindicado por fuentes policiales como una persona con vínculos con la barra de Newell’s.

El plato fuerte vino minutos después. El ex coordinador de la ex Brigada de la Policía de División Judiciales se presentó y comenzó a ser interrogado por el fiscal Gonzalo Fernández Bussy. Se trata del funcionario policial que fue apuntado por sus superiores de la fuerza de haber recolectado la información que luego fue elevada al juez Juan Carlos Vienna, quien instruyó la causa que ahora está en juicio. Antes de profundizar sobre su labor en la investigación por el crimen de Martín “Fantasma” Paz, brindó una serie de detalles de tareas realizadas en otras causas de gran trascendencia. Los cuatro imputados detenidos –Leandro Vilches, Emanuel Chamorro, Guille y Monchi Cantero– lo miraban con mucha atención desde las sillas ubicadas en un costado de la sala.

“Paz fue asesinado en un hecho de venganza por un hecho de dinero por parte de sicarios que fueron ordenados por integrantes de la familia Cantero”, afirmó con respecto a la hipótesis policial sobre el crimen del Fantasma, ocurrida el 8 de septiembre de 2012.

El crimen de Paz que ya fue “aclarado” 

El testigo, que deberá presentarse nuevamente este jueves, sostuvo que para él la causa por el crimen de Paz “ya está aclarada”, por lo que dijo disentir con la visión “judicial” de la investigación. Según declaró, el Fantasma había recibido unos 10 millones de pesos para invertir en vehículos de la presunta organización, a nombre de terceras personas, y “lo gastó en otras cosas”. “Inclusive, en prestar plata a otras personas o integrantes de su entorno para hacer la compra de esa droga que se perdió. Y no tenían cómo devolver el dinero. Por eso fue la venganza”, agregó.

Para él, integrantes de la familia Cantero fueron “autores intelectuales del homicidio de Paz, que fue llevado a cabo por sicarios de la banda”.

“Hay comunicaciones dentro del mismo expediente, donde una persona que se llama Carlos o Carlitos, sindicado en un primero momento por los partes (policiales) le hace un comentario a quien llevaba los víveres a los prófugos después de los allanamientos del 31 de mayo. Su apellido era Pachulo, tenía domiclio en calle Pueyrredón, en la zona sur, y otro en Villa Gobernador Gálvez. En un momento le piden su DNI para hacer un trámite y se identifica como Claudio Gómez, integrante de la organización”, comentó.

“En una llamada telefónica que después tomó estado público no sé cómo, Carlos (Gómez) dijo que era compañero del «Negro» González, sindicado como el sicario. «Decile al Viejo que nos deje la plata que fuimos nosotros que matamos al Fantasma»”, agregó al hacer referencia a un diálogo al que accedió a escuchar.

Luego, recordó con el mismo nivel de detalle que el primer policía que llegó a la escena del crimen todo lo recolectado y peritado posteriormente. Advirtió de 3 celulares secuestrados, que uno de ellos tenía un impacto de bala, y añadió que entre los contactos peritados había personas agendadas como “Chavo”, “Monchi”, “Guille” y “Oscar Dorrego”, en relación a un ex miembro de inteligencia que después fue imputado por la falta de un arma de fuego en su área que fue usada para balear las fachadas de algunas concesionarias de autos, según precisó.

También enfatizó comunicación entre el Fantasma y un tal “Diego”, que podría ser Diego Cuello, con quien había hablado de dinero y de un cargamento de cocaína que fue incautado por Gendarmería en Salta tras un cambio imprevisto de guardia de los uniformados.

Fuentes de calle o dateros

El testigo, encargado de la recolección y verificación de la información en la investigación –punto cuestionado por la defensa de los imputados–, subrayó que los datos eran recibidos por “policías de otras fuerzas de seguridad, gente de servicios de inteligencia, personal de distintos juzgados, de otras áreas y personal civil, gente de barrio Las Flores y La Granada y conocidos de la víctima (Paz).

Radiografía de la banda, según el testigo

El ex coordinador de la Brigada de la División Judiciales, a la hora de dar precisiones sobre la presunta asociación ilícita, se mostró algo nervioso. Al menos su voz se entrecortaba como si lo estuviera. “Teníamos entendido que hace años se dedicaban a vender protección, a usurpar casas, intimidar presonas para usurpar, vender propiedades, usarlas como lugares de acopio, venta de estupefacientes, a hacer homicidios por encargo y acciones intimidatorias”, relató.

De acuerdo a su investigación, el grupo era integrado por Máximo Ariel Cantero, alias El Viejo; Ariel Máximo Cantero, alias Guille; Ramón Machuca; Celestina Contreras (madre de Guille y el Pájaro); las parejas de Guille y Monchi; y otras personas más que no recordó con precisión. “Todos con distintos roles y organizados en un largo tiempo. Le dieron mucho tiempo para que se asesoren legalmente, que se preparen económicamente, para que premediten los hechos a realizar”, afirmó.

En un momento puntualizó: “Un ejemplo claro es el casino de Rosario, que se instaló en un terreno donde había propiedades. Las personas iban a ser sacadas. Se comprometió la Secretaría de Vivienda de la provincia a darle vivienda a esa gente en la zona de 27 de Febrero y Colombres. Estas personas sin escrúpulos se metieron en las casas, las echaron, y en el censo dieron sus datos personales, cuando ya tenían suntuosas casas. Eran 44 personas. Tomaron después esas propiedades y las alquilaron para seguir incrementando por medio del delito su patrimonio. Está en el expediente”.

El aún policía remarcó que la organización tenía un “poder de fuego impresionante, letal, de gruesos calibres, y vehículos para hacer las cosas que realizaban”. Agregó que su “centro de operaciones” estaba en Las Flores y La Granada. “Hay hechos delictivos sin esclarecimiento policial, como homicidios, enfrentamientos armados entre jóvenes de la zona, el cobro de peaje para quienes entraban en la zona. En la gente de la zona había mucho temor”, añadió.

“Tenían vinculación con personal policial de distintas áreas que tenía acceso a información. Servían para sus fines espurios”, aseveró. Luego detalló que las tareas de inteligencia contra la banda llegaron hasta el punto de revisar la basura que arrojaban. “Dime lo que tiras y te diré cómo vives”, dijo entre risas, lo que generó un comentario de Lorena Verdún: “No sé qué le causa gracia. Es una falta de respeto”.

“Recabamos información sobre teléfonos de integrantes de la banda. Se nos hacía engorroso porque tienen como modalidad cambiar el teléfono asiduamente o intercambiarlos entre ellos. Generalmente las líneas no estaban a sus nombres”, comentó.

Escuchas, la clave 

Al ser consultado por el fiscal Fernández Bussy sobre los teléfonos que pidieron intervenir, el testigo aclaró que tenían un listado de 100 números, de los cuales escogieron siete que eran los que muchas fuentes coincidían como los que usaban los miembros. “Para la causa fue relevante el que usaba Machuca y también Vilches. Esa sirvió para ir a la asociación ilícita. Brindó contactos de Chamorro, Pibu Villa, Vilches, Guille Cantero. Ahí se reflejan hechos delictivos violentos, como el crimen de Diego Demarre”, señaló.

El teléfono mencionado también sirvió para conocer un encuentro entre Jorge Emanuel Chamorro con Luis Medina, empresario vinculado al narcotráfico que fue asesinado con su pareja a finales de 2013, en un shopping de la ciudad. “Nos permitió saber conexiones entre esta organización como la de Medina”, destacó.

Jerga usada en las llamadas

“Torreja es marihuana en el tema drogas. Confite es municiones. Novillo son balas 9 milímetros. La carga, son los cargadores. El mudo es el silenciador. Cuatro y medio son balas calibre 45. La herramienta es una pistola. También tenían un viejo modo de llamar como los hampones viejos a las armas. Le decían La Negrita al arma que mató a Demarre y que usaron en el triple crimen de Acevedo y Francia”, detalló el ex coordinador de la División Judiciales.

Conversaciones, planteos y recusación

La jornada llegó a su fin cuando el testigo dijo haber escuchado todas las conversaciones de las líneas telefónicas intervenidas, ya que el fiscal Fernández Bussy consultó si era capaz de identificar a los miembros de la banda a través de los audios que podían pasarse en la sala. Recursos planteados por la defensa por considerar que no era un perito acústico, es decir, un testido idóneo, hicieron que el tribunal rechazara la solicitud. Esto generó la recusación del tribunal por entender los defensores que estaba en riesgo la “parcialidad” de los tres jueces. Ese recurso también fue rechazado, tal como ocurrió en la primera jornada del juicio que promete ser intenso, extenso e histórico.

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