El actor, que hace cinco años cambió un punto clave para alcanzar la felicidad absoluta, se abrió a fondo en una entrevista.

Martín Bossi (43) tiene esa capacidad de convertir cualquier charla en una conversación de amigos. Rápidamente abre el juego con una broma y constantemente apela al humor.

Pero también, como sucede en esos encuentros de dos viejos conocidos, el humorista se permite abrir y tocar temas de su intimidad, algunos anhelos y hasta ciertos miedos.

Así sucede en su encuentro con Clarín, que se pactó con la excusa de presentar la temporada de verano de su espectáculo Bossi Master Show en el teatro Mar del Plata de La Feliz, que arrancó con funciones de jueves a domingos.

Pero el mano a mano arranca por otro lado…

Un comentario sobre la ola de denuncias de acoso y abuso sexual en Hollywood durante la sesión de fotos disparó el tema y por ahí va la primera pregunta.

-¿Cambiaste tus armas de seducción en estos últimos años?

-No. Yo no voy a dejar de piropear a una mujer, no voy a dejar de hacerle saber respetuosamente las intenciones que tengo de conocerla. No voy a dejar de hacer eso porque sino me pego un tiro. No tuve que cambiar nada porque yo siempre me manejé bien. Pero bueno, también estamos a merced de que a cualquiera se lo ocurra decir cualquier cosa.

-¿Cómo ves toda esta situación de las denuncias públicas en el mundo del espectáculo?

-Yo creo que la mujer fue muy mal tratada durante años. Y creo que es un buen momento para revelarse en el buen sentido. Yo estoy a favor de la paz y estoy en contra de la violencia, no del género femenino, sino del género humano. Porque al hombre también lo maltratan. Hay mujeres maltratadas y hombres maltratados. Nos maltratamos entre todos. Y también estoy en contra de la sobreactuación de esto. Viste cómo es, hecha la ley, hecha la trampa.

-¿Te molesta eso?

-Hoy estamos en un momento donde no es importante el veredicto de la Justicia, la acusación es el veredicto. Te dicen ‘vos le hiciste el amor al hombre araña en el tren de la alegría’ y si lo repiten tres veces es verdad. Entonces, me parece que está bueno que cada caso sea tratado por la Justicia. Pero está peligroso el tema.

-Algo de eso te pasa con los rumores de romance y tu sexualidad. ¿Te cansa?

-No. Nada. Lo que pasa que mi vida es tan acotada y normal que por ahí no vende. Yo soy hetero, me gusta el helado, el asado, no tomo drogas, no tomo alcohol, no me creo un tipo místico por actuar, tengo a mi mamá, a mis amigos… Lo máximo que pueden decir es ‘se lo vio a Bossi saliendo con la chica que atiende el bar de la esquina’. Eso no vende, entonces está bueno que le fabriquen a uno sexualidades, que soy trisexual, que salí con tal modelo. A mí me encanta eso porque mi vida es muy tranquila.

-¿En serio no te preocupa?

-Hace 10 años me preocupaba, pero ahora… La gente que me conoce sabe que eso es parte de la ficción. Entonces pueden decir cualquier cosa de mí. Igual siempre me trataron bien, lo único que dijeron fue que estuve con alguna mina o algún pibe, que tampoco es un delito.

“Desde que te levantás hasta que te acostás, si prestás atención, estás viviendo una gran obra de teatro, con un escenario enorme”, reflexiona Martín, sentado cómodamente en una butaca del teatro Ludé, que fue su lugar de ensayo hasta antes de su partida a Mar del Plata. Y continúa: “El tema es que el final no es feliz. Pero bueno, queda disfrutar y tratar de ser feliz durante el desarrollo”.

-¿Y lo estás logrando?

-Hoy mi felicidad pasa porque el Martín Bossi que está abajo del escenario está compensado con el que está arriba. Yo había dedicado mucho de mi vida al escenario pero después me di cuenta que si no crecés en la vida, no crecés en el escenario. Yo era un tipo que no estaba feliz con lo que veía en el espejo hace cuatro o cinco años.

-¿Qué hiciste para lograr ese cambio?

-Hace cuatro años empecé a transitar por el camino de la verdad y descubrí un par de cosas, como por ejemplo que si me muero no pasa nada. También aprendí a escuchar un poco más y a ayudar. Yo era un tipo que no ayudaba a los demás, lo cambié y me hizo muy bien.

-¿Cuáles son tus armas para llegar a la felicidad?

-Disfrutar de las cosas pequeñas, de esta charla, de que me pude divertir en lo de Susana Giménez (la nota se realizó días después de su homenaje a Juan Carlos Calabró en el programa de la diva), que estoy sano, que tengo a mi papá que es Dios… con eso ya está.

Apenas pegó el gran salto de popularidad en ShowMatch (El Trece, a las 22.30) con su imitación de Cristina Kirchner, Bossi decidió largarse solo con su espectáculo teatral.

Corría el año 2009 y una vez por semana Martín dejaba todo por su apuesta en el Velma Café. Un bonito lugar en pleno Palermo, pero muy distinto en dimensiones a sus últimas casas en Calle Corrientes.

Igual, la intención de marcar su postura de entrada, intentando utilizar las máscaras lo mínimo posible y presentar una big band, estaba presente.

“Se caían los músicos del escenario, je, je. Mi socio me cagaba a pedos y me decía ‘estamos en un pub, no podemos meter toda esta gente acá arriba’. Nos estábamos fundiendo porque pagábamos seis mil pesos por función”, recuerda sobre aquellos tiempos.

Hoy su situación cambió. Este año Bossi Master Show convocó 75 mil espectadores en el Teatro Astral y pinta para ser el show más exitoso en Mar del Plata.

“Desde ese momento en el Velma tenía ganas de hacer un gran show y que las máscaras solo sean un recurso más. Por suerte ahora se me dio”, dice, con algo de orgullo. Y destaca a Emilio Tamer, su guionista y director, en todo este proceso: “Él conoce mi psiquis y me va llevando. Me hizo leer, me entrenó para el humor… Le debo mucho en mi carrera”.

-Ahora que estás en la buena, ¿cómo te llevás con los elogios?

-Si de algo estoy orgulloso es de que creo que no me comí la cámara oculta. No me la comí.

-¿Alguna vez aunque sea no dudaste de habértela creído?

-No. Sé de qué se trata esto. Sí sé que hay convenciones y a veces ocupo un rol. Pero yo no me la creo, como tampoco me creo las puteadas. Me dan vergüenza los eventos, no pertenezco al show business… La gente que se lo cree me da mucha piedad. No puedo creer que piensen que son estrellas. Esa cultura me parece terrible. Incluso veo muchos jóvenes que van por ese camino. Yo, en cambio, elijo cagarme de risa de todo, actuar e irme a mi casa.

 

 

Clarín

 

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