La Justicia santafesina permitió a dos hermanos que denunciaron a su padre por abusos físicos y sexuales a irse a vivir a España con su madre.

La semana pasada los chicos de 12 y 17 años viajaron a Barcelona después de medio año de lucha judicial en la que, distinto a los habituales procedimientos cuando se investigan abusos en menores de edad, tuvieron que revivir los hechos varias veces y hasta enfrentarse cara a cara con el hombre. La decisión se apoyó en el nuevo Código Civil y Comercial, donde se respeta el interés superior del niño, inclusive si va en contra del deseo del padre. “No son objetos. Pueden decidir y deben ser escuchados”, explicó a El Ciudadano la abogada que los representó, Paula González Tomassini.

CAMINO

En junio los chicos vieron a Tomassini en un programa de televisión cuando hablaba de los derechos de los niños y adolescentes. Les impresionó la idea de que podía no depender de su madre para pedirle a la Justicia desvincularse de su padre biológico. Decidieron tocar la puerta del estudio de la abogada y tuvieron varias entrevistas con ella y su equipo interdisciplinario. El abogado del niño es una figura relativamente nueva para la vida judicial de Santa Fe.

Los chicos contaron los abusos a los que fueron sometidos durante casi una década desde que su padre y su madre se separaron. La pareja había definido un régimen de visita de un día cada con cada progenitor, lo que para Tomassini impedía a los chicos romper el pacto de silencio después de los actos de violencia. Hace más de un año la madre conoció a un hombre español que le propuso mudarse del otro lado del océano, pero los chicos necesitaban una venia de la Justicia. Con las anteriores denuncias a la Fiscalía y los juzgados pidieron al Juzgado de Familia 3 de Rosario que les dieran el permiso. Los dos chicos pudieron contar con sus palabras que su proyecto de vida estaba en España junto a su madre y el español con el que se casará. Le contaron a la jueza donde querían estudiar y respaldaron el pedido de venía con la orden de restricción que tenía el padre y, siempre según la abogada, no fue respetada en tres oportunidades. La jueza a cargo no dio lugar al pedido. Los chicos apelaron y una segunda definición de la jueza planteó que el más chico debía quedarse en Rosario. La nueva apelación llevó a más de una entrevista, un sumario a la psiquiatra que trabajó en la causa, y finalmente en el permiso que firmó una nueva jueza, Astrid Siemienczuk, el 29 de diciembre de 2017. En la resolución también definió que la madre debe enviar información periódica sobre los chicos al padre.

En paralelo, siempre según contaron desde la familia, siguen en pie los juicios por la violación de restricción, por alimentos y por incumplimiento de responsabilidad parental contra el hombre.

DEBIDO

Es habitual que en juicios por maltrato infantil se escuche hablar de Cámara Gesell. Es un mecanismo de interrogatorio para víctimas de situaciones traumáticas que busca evitar la contaminación del relato de terceros como familiares o parejas. Suele grabarse en video para evitar que la persona tenga que repetir el relato y los profesionales pueden analizar gestos y tonos en la voz hasta sacarse las dudas. Aún con las denuncias de abusos, el pedido de venia de los chicos no incluyó la metodología Gesell. “No tenemos un equipo interdisciplinario e idóneo en la ciudad para tratar estos casos. Tuvieron varias entrevistas, fueron muy agresivos y hasta hicieron un careo entre el hijo mayor y el padre”, contó a este medio Tomassini.

“Lo importante es que se respetó el deseo de los chicos. A diferencia de lo que ocurría con las leyes y códigos anteriores el niño o adolescente no es más un objeto, alguien incapaz. Es sujeto con capacidad progresiva de decidir. En el caso de los chicos la jueza entendió que lo hacían no por el interés de la madre sino por el propio de cortar un vínculo nocivo y armar una vida”, opinó la profesional.