Gabriel Ávalos supo que la mamá estaba muerta a través de Facebook. El joven de 25 años había publicado una foto de ella con el aviso de que estaba desaparecida desde hacía varios días. Algunos contactos le pasaron una imagen de una mujer torturada y asesinada en un descampado de Ingeniero Budge, en el sur del conurbano bonaerense. Aunque estaba de espaldas y no se le veía la cara, reconoció la calza que llevaba puesta: confirmó que era ella cuando reconoció el cuerpo en la morgue.

A partir de ese momento Gabriel recorrió comisarías y pasillos judiciales, visitó los lugares que ella solía frecuentar y habló con las personas que la vieron con vida por última vez. Así fue armando el rompecabezas de los últimos días de su madre.

A Inmaculada Concepción Nuñez la familia y los amigos le decían Ebelyn. Tenía 44 años y 5 hijos de entre 12 y 25 años que vivían con ella y con su madre, de 70 años, en el barrio Santa Catalina. “Trabajaba en un restaurante de Villa Celina de 7 de la mañana a 9 de la noche”, contó a Cosecha Roja Gabriel, el hijo mayor. Por las noches el joven trabaja en un kiosco 24 hs y era común que algunos días ni siquiera se cruzaran.

El sábado 30 de diciembre a la mañana, después de dos días y medio sin tener noticias de su madre, Gabriel publicó en Facebook una foto de ella y un texto en el que contaba que estaba desaparecida. Después fue a la comisaría a hacer la denuncia. Cuando volvió a su casa tenía decenas de mensajes. Algunas personas le compartieron una noticia que había salido el día anterior en un portal: habían encontrado el cuerpo de una mujer en un descampado de la zona. Él había visto la noticia y la había compartido en su muro pero nunca la había relacionado con su madre. Según la noticia, la víctima era de nacionalidad peruana y Ebelyn era argentina. Otro usuario le pasó la foto del cadáver y Gabriel se desesperó: la mujer estaba de espaldas, con el torso desnudo y boca abajo. La reconoció por calza, era igual a la que usaba la mamá.

El último día del año, Gabriel reconoció el cuerpo en la morgue. “Volví a mi casa y me esperaban mis hermanos y mi abuela, de 70 años. La noticia nos partió en mil pedazos”, contó el joven. Como al día siguiente era feriado no le permitieron retirar el cuerpo de la morgue hasta el 2 de enero. Con el apoyo de los vecinos y amigos lograron juntar los 22 mil pesos para el velorio, que hicieron en un local frente a la casa.

Después de despedir a la mamá, Gabriel fue hasta la comisaría, pidió información en la morgue y se acercó hasta la Fiscalía. Nadie le dio información sobre los avances de la causa. Entonces empezó a investigar por su cuenta: supo que el miércoles 28 de diciembre, el último día que la vieron con vida, ella había ido a la feria de Villa Celina, donde tienen un puesto dos compadres bolivianos. También andaba con ellos esa tarde un hombre paraguayo con problemas en una de las piernas, al que le dicen “Pata Cumbia”. Al mediodía los cuatro comieron en un bar.

Pata Cumbia le contó a Gabriel que después de almorzar la acompañó hasta la parada del colectivo y ahí se despidieron. Un vecino del barrio contó que la vio algunas horas más tarde con dos hombres en un auto de alta gama. La última conexión de Ebelyn en Whatsapp fue el jueves a la 1.20 de la madrugada. Después de intercambiar mensajes con una amiga envió un audio: le dijo que estaba en la esquina de San Juan y Facundo Quiroga, una zona de bares de Ingeniero Budge, y que se iba a dormir. Nadie más supo de ella.

El cuerpo apareció el viernes en un descampado a 650 metros del lugar donde envió el último audio a su amiga. “Es una zona que está llena de cámaras de seguridad. Es muy fácil saber si se fue con alguien”, reclamó Gabriel. En la Fiscalía no le explicaron el estado de la investigación. Todo lo que sabe -que el cuerpo tenía quemaduras con agua hirviendo y cigarrillos y un fuerte golpe en el cráneo- lo averiguó por su cuenta.

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