En medio de algunos choques con la policía, miles de personas protestaron anoche en Lima contra el indulto que liberó al ex presidente peruano Alberto Fujimori cuando le faltaba cumplir 15 de 25 años de cárcel por delitos de lesa humanidad y reclamaron nuevamente la destitución del presidente Pedro Pablo Kuczynski.

Los enfrentamientos, en los que los agentes utilizaron gases lacrimógenos y bastones contra los manifestantes, fueron especialmente intensos en el distrito céntrico de Lince, donde la policía salió a cortar una marcha que había partido del distrito de Miraflores, en el sur de la ciudad.

Otros disturbios de distinta magnitud se presentaron en el propio centro de Lima, en especial en torno a la estratégica plaza San Martín, que había sido enrejada de antemano por disposición de la Alcaldía.

Las marchas partieron de diversos puntos de la ciudad para confluir en la plaza Dos de Mayo, en el centro, sitio autorizado por el Ministerio del Interior para el acto de cierre, encabezado por familiares de las víctimas de dos masacres cuya autoría mediata se le probó a Fujimori.

Las marchas reunieron a miles de personas, jóvenes en la gran mayoría, citaron medios locales y las agencias de noticias DPA y EFE.

Similares movilizaciones tuvieron lugar en ciudades como Cusco, Arequipa y Huancayo, en las que también se registró mucho malestar por el indulto para el líder de derecha radical, entregado por el presidente Pedro Pablo Kuczynski en la víspera de la Navidad.

Desde entonces las protestas multitudinarias se multiplicaron.

Kuczynski indultó a Fujimori por razones humanitarias derivadas del supuesto mal estado de salud del ex reo, de 79 años, pero amplios sectores creen que todo fue fruto de una negociación oculta para impedir que el mandatario fuera destituido por el Congreso. Esas especulaciones se basan en que el indulto se entregó tres días después de la histórica sesión parlamentaria en la que a la oposición le faltaron ocho votos para destituir a Kuczynski por “incapacidad moral” derivada del ocultamiento de nexos con la cuestionada constructora brasileña Odebrecht.

En ese resultado fue fundamental el hecho de que diez legisladores fujimoristas, encabezados por un hijo del indultado, Kenji, rompieron la disciplina partidista y se negaron a apoyar la destitución, mientras supuestamente negociaban una salida.

El ex presidente, que recibió el perdón cuando estaba internado en una clínica por supuestos problemas cardíacos, vive desde que se le dio el alta la semana pasada en una casa de lujo en el exclusivo sector del distrito La Molina, en el este de la capital.