Sergio Gigliotti, el papá solidario que ayer entregó a Kiki a una nueva familia transitoria, cuestionó la medida. “Fue muy duro volver a casa y ver los juguetes”, sostuvo.

La restitución de un niño que permaneció con una familia solidaria por unos dos años en la ciudad de Santa Fe generó una fuerte polémica ya que los padres sustitutos habían pedido la permanencia del chico tras excederse el plazo legal de seis meses contemplado por el sistema. La pareja, en tanto, pidió la adopción definitiva de la criatura que ayer tuvo que abandonar su hogar hasta este momento en el marco de una manifestación frente a la sede de la Subsecretaría de Derechos del Niños, Niñas y Adolescentes.

La despedida fue desgarradora. Kiki fue subido a un vehículo seguido por un patrullero policial con destino a San Carlos, localidad en la que reside uno de sus hermanitos de ocho meses –tiene cuatro más de distintas edades y residencias– que también vive con una familia solidaria. El objetivo planteado por las autoridades de la Subsecretaría de Derechos del Niños, Niñas y Adolescentes es que los niños construyan un vínculo fraternal. Atrás quedaron, en la ciudad de Santa Fe, Sergio Gigliotti y su pareja Cristina Morla rotos en llanto. “Lo que nosotros reclamamos judicialmente es que mientras se determine si podemos ser sus papás definitivos no lo hagan pasar por esto”, sostuvo en Radiópolis (Radio 2) este hombre, quien asegura sentirse el “papá de corazón” de este chiquito.

En contacto con los periodistas Evelin Machain y Pablo Montenegro, Sergio Gigliotti expresó la angustia que siente tras la ida de Kiki. “Ayer fue muy duro todo. Una criatura de tres años que nos adoptó como padres, tener que llevarla y entregarla a personas que para él son extraños. Fue muy duro volver a casa, ver sus juguetes y no verlo a él. ¿Cómo pasó la noche sin nosotros mi niño?”, se preguntó con voz quebrada.

Una fuerte polémica se instaló a partir del pedido de la Subsecretaría de Niñez de la provincia de que entregaran al nene. Los Gigliotti-Morla plantearon que al extenderse el período de seis meses estipulado por la ley la misma “ausencia” del Estado el niño los “adoptó” a ellos. Tal es el vínculo que tejieron que decidieron, por una parte, pedir que se abortara la restitución y por otro lado iniciar la adopción definitiva. Esta acción judicial, creen pudo haber resentido las relaciones con la dependencia provincial. “Yo creo que se molestaron”, indicó. Sergio contó que hace unos meses se determinó que el nene empezaría a verse con el hermanito bebé. “Nunca nos negamos a llevarlo a San Carlos, no es una excusa”, observó.

También en diálogo con Radio 2, la directora de Niñez de la zona centro-norte, Mónica Barroso, negó que los plazos no se hayan cumplido, y añadió que las dilaciones están contempladas en la firma de acuerdo del Programa Familias Solidarias. “Más allá de las explicaciones que tengan estas personas decimos que no alejamos al niño por una cuestión caprichosa, sino para que pueda consolidar un lazo fraternal con su hermano, para que estén juntos en el crecimiento”, explicó.

“A la legalidad hay que respetarla, acá los tiempos administrativos se cumplieron a rajatabla”, se defendió ante la consulta periodística acerca de la dilación del tiempo en el que niño permaneció en casa de los Gigliotti. “No hubo mora, son tiempos que se cumplieron, se sabe que no se puede adoptar y esta familia viabilizó recursos de no innovar (frenar la restitución) y de adopción”, apuntó.

“Las familias saben que el cuidado es de carácter transitorio. Lamento ciertas controversias que se están proyectando sobre el niño. No tiene ningún padecimiento, está tratando de construir un lazo con su hermanito”, insistió.

Pero los papás sustitutos de Kiki no lo entienden de esta forma y consideran que el niño padece este cambio de hogar. “Ojalá hubiera ido con su familia de sangre, sería doloroso igual para nosotros pero al menos podríamos pensar que se terminó este derrotero”, manifestó.

Finalmente, compartió su esperanza de que la Justicia juegue a su favor y determine que el bebé se quede con ellos hasta que se decida si puede o no ser adoptado definitivamente. “Kiki nos secaba las lágrimas”, contó sobre la despedida que tuvo lugar ayer, un adiós que sin dudas, marcó a los tres con el mismo sufrimiento.

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