Elisabeth Révol y Tomasz Mackiewicz hicieron cumbre en el Nanga Parbat y durante el descenso quedaron atrapados cerca de la cima. A ella la encontraron, pero a él no pudieron salvarlo.

Un equipo de escaladores polacos logró rescatar hoy a la montañista francesa Elisabeth Révol (37), atrapada desde el viernes en el monte Nanga Parbat, en el Himalaya paquistaní. Junto a ella estaba el polaco Tomasz Mackiewicz, al que dan por hecho que no podrán salvar.

Denis Urubko y Adam Bielecki lograron encontrar durante la madrugada a Révol. Estaba a unos 6.200 metros de la conocida como la “montaña de la muerte”. La vieron tras escalar durante varias horas por la noche, dijo Alí Mohamed, de la compañía Alpine Adventure Guide, encargada de la expedición de los europeos. Ahora realizan un descenso hasta los 4.700 metros donde se encuentra el campo base. Allí los espera un helicóptero que los trasladará hasta la ciudad de Islamabad.

Con respecto al rescate de Mackiewicz, Mohamed indicó que fue cancelado debido a las malas condiciones meteorológicas a partir de los 7.000 metros. Todo indicaría que el montañista polaco muy difícilmente esté con vida.

Revol y Mackiewicz lograron alcanzar la cumbre del Nanga Parbat el jueves y durante el descenso al día siguiente quedaron atrapados por el mal tiempo en torno a 7.400 metros. Pese a las dificultades, la francesa logró bajar un poco más y contactar a las autoridades paquistaníes para pedir ayuda. “Estoy ok, muy sedienta y hambrienta”, dijo.

El alerta lo recibieron el viernes por la mañana en el campo base del K2. El rescate se concretó esta madrugada, unas 40 horas después del pedido de auxilio, a eso de las 2AM. Los designados para la misión pudieron haber alegado lo peligroso del objetivo, la lejanía, las inhumanas condiciones climáticas. Sin embargo, había vidas en juego, personas que requerían su ayuda y allá fueron.

 

El salvataje que realizaron el kazajo Dennis Urubko y el polaco Adam Bielecki fue épico y echa por tierra el mal intencionado argumento de muchos alpinistas de que en altura nadie puede esperar un rescate. Una gesta inolvidable hecha en pleno invierno, con temperaturas de 40 grados bajo cero. Las probabilidades de que sea una misión exitosa eran escasas y sin embargo lo lograron.

Dos helicópteros del ejército paquistaní recogieron a los cuatro montañistas (además de Urubko y Bielecki, Piotr Tomala y Jarek Bator) en el campo base del K2 y los trasladaron hasta el pie del Nanga Parbat, a 4.850 metros. En principio pensaron dejarlos a 6.000 metros, pero ni el tiempo, ni la pericia de los pilotos permitieron el salto.

Desde allí debían escalar una ruta compleja, con el muro Kinshofer y sus pendientes heladas. Urubko y Bielecki se jugaron a continuar durante la noche la escalada, empleando de a ratos cuerdas fijas instaladas en verano para avanzar rápido. Ambos conocían el camino. Tardaron unas nueve horas en llegar a ver a Révol, a una altitud de unos 6.200 metros. Estaba extenuada, con principio de congelamiento en los pies y manos.

Ayudar a descender a la alpinista francesa implicó dejar de ascender en búsqueda de Tomek. “Se ha tomado la difícil decisión de desestimar el rescate de Tomasz Mackiewicz. Intentarlo supondría poner en grave riesgo la vida de los miembros del grupo de rescate. Es una decisión terrible y dolorosa. Estamos muy afectados. Todos nuestros pensamientos están con la familia de Tomek (casado y con tres hijos) y sus amigos. Estamos llorando”, afirmaba ayer el portavoz Ludovic Gambiasi.

Elisabeth Révol y Tomasz Mackiewicz alcanzaron la cima el jueves. Pero el cansancio y las bajas temperaturas debilitaron al polaco durante el descenso. Fue su compañera de cuerda la que lo ayudó a llegar a la tienda de campaña, a 7.200 metros. Y fue en ese lugar donde sufrió un edema cerebral.

Tomek quedó en la tienda y Révol decidió seguir bajando esperando el milagro de que una expedición vaya a su rescate en el último ochomil que hasta ahora no conocía una ascensión durante el invierno. Lo que finalmente sucedió. El que no corrió esa suerte fue el polaco, con quien Révol había intentado desde el invierno 2010-11 alcanzar tres veces la cima.

El Nanga Parbat es llamada la “montaña de la muerte” por los 80 alpinistas que han muerto en sus laderas desde el primer intento por escalarla en 1895, algo que logró por primera vez el austríaco Hermann Bulh en 1953.

En julio del año pasado, el alpinista vasco Alberto Zerain y el argentino Mariano Galván murieron sepultados por una avalancha cuando intentaban ascender esa misma montaña. El Nanga Parbat tiene una pared de 4.000 metros para escalar, lo que supone uno de los mayores retos en montañismo en un monte en el que además son frecuentes las avalanchas. Es uno de los conocidos como ochomiles, una de las 14 montañas de la tierra que superan los 8.000 metros de altura (alcanza los 8.126 metros).