Marcelo Villanúa, de 48 años, da cuenta de sus desafíos como jefe de la Policía de la provincia.

Marcelo Villanúa tiene 48 años y entró a la policía en 1989, tenía un destino casi marcado porque su padre era policía, pero él sostiene que ingresó a la fuerza “por vocación”. Cursó sus estudios en el colegio Cristo Rey y luego se incorporó a la vieja Escuela de Cadetes. Su primer destino fue como sumariante en la seccional 1ª y después de una larga trayectoria, desde el viernes atiende sus compromisos en la residencia del jefe de policía, en los altos de la misma seccional donde comenzó su carrera. “Quiero una policía de calle y cerca de la gente, respetando al vecino y cuidándolo. Y sé que para eso hay que dar el ejemplo”, dijo seguro de su nuevo puesto.

— ¿Cambió el tipo de violencia y el delito en los últimos años en Santa Fe?

— La violencia ha empeorado y supera los índices racionales. Son diversos factores los que intervienen, como la desigualdad social o la falta de oportunidades que tienen muchos jóvenes. Hay un punto importante y es la cuestión de la droga. El consumo se horizontalizó, está en todos los estratos sociales y eso tiene que ver con la cobertura y el respaldo de los puntos de venta y los llamados soldaditos. Siempre hay alguien que quiere ocupar ese espacio. Inclusive hay situaciones de jóvenes que son adictos y necesitan un tratamiento, más allá de la sanción penal. Esa persona necesita un abordaje multidisciplinario y por eso hay que avanzar en lo médico y lo psicológico.

— ¿Está la policía preparada para tratar con ese adicto en crisis?

— El uniformado que llega al lugar, que muchas veces es convocado por los mismos familiares o vecinos del adicto violento, encuentra a una persona en crisis. Pero la policía está preparada para abordar esos casos si es que están cometiendo delitos. Es muy distinto un llamado al 911 por una cuestión barrial o un adicto que está a los tiros en una esquina.

— ¿Es distinta la forma de trabajar con el delito en Rosario y en la ciudad de Santa Fe u otros lugares de la provincia?

— Se trabaja de la misma manera. El delito es delito en todos lados. El robo, el arrebato, el homicidio. En Santa Fe capital hay una población menor que en Rosario pero estadísticamente la relación es proporcional. En la capital bajó el número de homicidios un 45 % y en Rosario un 30 %, que no es poco, pero no alcanza. Por otro lado, cada territorio tiene sus particularidades y las atendemos puntualmente.

— ¿Por qué no se registran secuestros en Rosario?

— Es el producto de todo lo que se hace. La Policía de Investigaciones (PDI) trabaja muy bien con ese tema y los delincuentes saben que son delitos por los que van a ser detenidos. Además, la presencia constante de la policía en la calle hace que lo piensen dos veces. Tampoco se registra la llegada de bandas de otras provincias, como era usual hace unos años. Lo último que tuvimos fue ron unos tucumanos que intentaban entraderas, pero los desmantelamos. La pronta respuesta del servicio de calle reduce las bandas que han intentado delinquir en Rosario.

— ¿Se desbarataron las bandas que pusieron a Rosario en alerta roja estos últimos meses?

— Cuando los cabecillas se detienen los otros integrantes se ven disminuidos, pero nadie sabe a ciencia cierta cuántos son los integrantes de las bandas porque el delito va mutando. Por el trabajo de inteligencia se logra mucha información; se sabe quiénes son y cómo actúan y en estos casos se está trabajando para lograr desbaratar las distintas bandas.

— La corrupción policial es un problema en la provincia.

— La corrupción es un problema en cualquier situación y estamento. Notamos que cada vez tenemos menos hechos de corrupción denunciados y con intervención de la Justicia. Se trabajó mucho sobre las denuncias y no hay que poner toda la institución si el caso es el de una o algunas persona.

— En su discurso de asunción usted dijo que la policía de Santa Fe es la gloriosa policía.

— Si, somos la gloriosa policía de Santa Fe porque en su momento nos han ninguneado, menoscabado y así y todo dimos respuestas. Demostramos que sabemos hacer nuestro trabajo. Las cuestiones estadísticas son un número y queremos apostar al delito cero y la seguridad total, aunque suene utópico. Estuve en comisarías, en la Agrupación Cuerpos, en la calle y sé del esfuerzo de los agentes. El trabajo del policía es sacrificado y los jefes debemos estar con ellos.

— ¿Cuál va a ser el perfil de su gestión?

— Ahondar en la formación permanente en el Instituto de Seguridad Pública (Isep), afrontar la cuestión edilicia. Pensamos en una institución para los próximos 50 o 100 años. Necesitamos buenos edificios, dignos y con una función urbana determinada. Por otro lado debemos tener un buen equipamiento y un buen desarrollo tecnológico. Así podremos dar las respuestas que nos piden. Un jefe policial debe tener en cuenta desde los perros y los caballos para la policía rural hasta los patrulleros inteligentes en que se trabaja con tecnología militar.

— ¿Cómo se implementará la descentralización en las seccionales?

— Con estaciones policiales. Esto es dividir la ciudad en distritos y hacer una especie de precinto en el cual se optimicen recursos humanos y tecnológicos. Un buen edificio para que el ciudadano se sienta cómodo y la policía trabaje mejor. Los edificios en el que están las seccionales seguirán estando pero tal vez redireccionados.

— ¿Está la policía formada en derechos humanos?

— Desde el momento en que el cadete entra al Isep se le inculca respeto a los derechos humanos y a todos los derechos constitucionales. Si el policía está para hacer valer los derechos de todos y cuidar la vida, la propiedad y la integridad física del ciudadano no puede faltar al derecho primordial. El policía debe tener respeto por sus iguales y apuntamos a que la policía de Santa Fe sea la más democrática del país. Al delincuente hay que respetarlo por más que esté cometiendo un delito y debe ser puesto a disposición de la Justicia.

— ¿Cómo se trabajó con las fuerzas federales en este tiempo?

— Se trabajó muy bien, en apoyatura y coordinación en la calle porque todos los que vestimos uniformes tenemos un mismo objetivo que es trabajar para impedir el delito. Aprendimos a manejarnos en un comando unificado y los celos que podía haber ya no existen.

— ¿Cuál fue el peor momento que vivió en su carrera?

— Fue cuando se iniciaron las marchas del “Rosario Sangra” (una serie de manifestaciones llevadas a cabo en septiembre de 2016 en las que miles de rosarinos reclamaban seguridad y justicia por una ola de crímenes). Ahí la policía se replanteó objetivos y formas de trabajo y yo en lo personal me sentí muy tocado. Esa fue una prueba de fuego y templanza y creo que a partir de allí hubo un antes y un después en la forma de trabajo y compromiso.