Respaldado por la Asociación Nacional del Rifle, hay 140 expositores de armas. El lugar de la muestra está a una hora del instituto donde 17 estudiantes y maestros fueron asesinados tres días atrás.

Pistolas, revólveres, fusiles y municiones están primorosamente expuestos en una feria de armas en Miami. Allí, Mike Vallone se está comprando un AR-15, epicentro del debate sobre el porte de armas debido a su frecuente uso en tiroteos masivos en Estados Unidos.

¿Por qué querría este señor, que ya posee medio centenar de armas de fuego, levantarse una mañana y comprarse un rifle semiautomático? ¿Por qué quiere tantas armas?

“Porque yo decido tenerlas. Tengo el derecho constitucional de tenerlas y yo elijo ejercer ese derecho”, dice Vallone, de 55 años.

Hace sólo tres días, en la vecina ciudad de Parkland, un joven de 19 años masacró a 17 estudiantes en una escuela secundaria con un AR-15. Este rifle fue usado también en tiroteos masivos en Las Vegas (58 muertos), Sutherland Springs, Texas (26) y Newtown, Connecticut (26).

La prensa “hace parecer que (el AR-15) es malvado”, dice Vallone, sosteniendo el rifle que está por comprar. “Esto no hace nada por sí mismo. Se necesita que un ser humano lo agarre, apunte a alguien y dispare”.

Como cada vez que ocurre un tiroteo, la sociedad estadounidense se polariza entre los amantes de las armas y quienes exigen mayores controles para su venta. Es un tema sensible porque el libre porte está garantizado por la segunda enmienda de la Constitución, escrita a finales del siglo XVIII.

“El foco en el mayor control de armas es un error y no evitará que alguien determinado a matar cometa crímenes”, dice Vallone, utilizando un argumento frecuente entre los defensores del libre porte de armas.

“No es para todo el mundo, estoy completamente de acuerdo. Todos necesitan un registro de historia criminal. Yo estoy pasando por uno ahora”, y señala al vendedor, concentrado frente a una laptop.

En este país, cualquier persona sin antecedentes criminales puede comprar un arma, como fue el caso de Nikolas Cruz en Parkland.

Pero el tema es político: en una esquina, la Asociación Nacional del Rifle (NRA) hace un agresivo lobby en Washington a favor de mantener el statu quo.

En la otra esquina, los que abogan por un mayor control dicen que el registro criminal no es suficientemente concienzudo y que muchas veces falla en alertar sobre problemas mentales.

El FBI admitió el viernes que había recibido información sobre las intenciones de Cruz, pero que los agentes la ignoraron.

La Florida Gun Shows (que organiza cerca de cinco exposiciones mensuales en las principales ciudades de este estado) abrió este sábado en las afueras de Miami.

“Es estupendo hablar de legislación, siempre que no infrinja nuestros derechos”, dice George Fernández, portavoz del Florida Gun Show, en defensa de la segunda enmienda.

Unos 140 expositores despliegan armas y parafernalia en mesones a menudo decorados con cabezas de caimanes disecadas.

Un hombre expone cuchillos artesanales hechos con huesos de jirafa. Una mujer presenta un pulidor de armas biodegradable. Un vendedor de armas de electroshock de efecto paralizante discurre sobre las ventajas de la electricidad: “No necesitas hacer el papeleo, ya mismo te la puedes llevar”.

La cola para entrar es larga, el estacionamiento está atiborrado y la feria es todo un éxito. El público es mayoritariamente masculino, algunos con sus hijos pequeños de la mano.

Mientras tanto, los estudiantes protestan contra la venta de armas un poco más al norte, en Fort Lauderdale. Con carteles que dicen “basta significa basta”, exigen a la clase política que aborde un tema que se levanta como polvo tras cada masacre y se adormece, silenciosamente, días después.

“Si el presidente (Donald Trump) quiere venir y decirme en la cara que esto fue una tragedia terrible pero que no se puede hacer nada al respecto, con mucho gusto le preguntaré cuánto dinero recibió de la NRA”, dijo Emma González, una joven sobreviviente de Parkland.