La caída de la producción provocará pérdidas en el agro y en la actividad de la provincia. La molienda de stocks y los precios podrían amortiguar la pérdida.

En 2018 el clima se constituye una vez más en el principal desafío para la producción agrícola. Tanto a nivel provincial como nacional se prevé un fuerte impacto por el efecto de la sequía. No obstante, la mayor posibilidad de capitalizar las subas en el precio de la harina de soja, podría amortiguar en Santa Fe el impacto de la caída. Por la sequía, para el año 2018 las pérdidas en la producción agrícola de la provincia se estiman en 3,8 millones de toneladas (-20% del volumen de producción) y 193 millones de dólares, equivalente a una caída del 5% interanual.

Dada la importancia del sector agrícola y la industria oleaginosa en la provincia, cabe preguntarse cuál será el aporte del sector agrícola a la economía santafesina durante este año y si los inventarios de producción agrícola que aún no han sido vendidos, contribuirán a compensar la caída en la cosecha que se espera para el presente año. Ese es el eje del informe de coyuntura de Ieral Litoral que realizó Carolina Beltramino.

El estudio indica que, durante 2017, el Valor Bruto de la Producción (VBP) agrícola de la provincia de Santa Fe ascendió a 3.866 millones de dólares, logrando un crecimiento interanual del 26%. Se estima que ese incremento, hizo un aporte al crecimiento de la economía provincial en el orden de 1,2% interanual. Por otro lado, durante 2017 se registró una caída del 10% interanual en el valor bruto generado por la producción industrial de aceite y harina de soja, con un impacto de -0,5% en el Producto Bruto Geográfico (PBG) de Santa Fe. A nivel agregado, la producción agrícola y la actividad de la industria oleaginosa aportaron a la provincia en 2017 un crecimiento cercano a 1,3% del PBG.

Beltramino advierte que en 2018, para Santa Fe, las pérdidas estimadas por la menor producción agrícola ascenderían a más de 190 millones de dólares. “A nivel de cada establecimiento, las consecuencias de la sequía implican un impacto económico negativo muy importante en el poder adquisitivo del productor, en los niveles de inversión del sector y en los próximos ciclos productivos, con las consecuentes implicancias económicas en la región”, enfatizó la investigadora.

Tal como indica el economista de Ieral Juan Manuel Garzón, el impacto de la sequía en términos de pérdidas productivas no logra ser compensada por la suba de los precios internacionales (considerando producción agrícola, molienda de soja y exportaciones de granos). Sin embargo, para Beltramino, Santa Fe podría tener, al igual que en el año 2016, un “As en la manga “y mostrar “un desempeño diferencial respecto del resto del país, frente la crisis de producción agrícola”.

Según esta hipótesis, la concentración del 86% de la molienda nacional en la provincia, y la posibilidad capitalizar en mayor medida el salto en el precio de la harina de soja a nivel internacional permitiría amortiguar el impacto de la caída de la producción agrícola.

La economista señala, no obstante, que no resultaría en un impulso de igual magnitud que en 2016, donde se habían registrado niveles récord de molienda. Es que el volumen es el principal determinante del nivel de actividad de los servicios asociados (cosecha, transporte, almacenaje, etc.).

En conclusión, Santa Fe tiene la oportunidad de mantener relativamente estables sus niveles de molienda por el elevado nivel de existencias de soja a nivel nacional, apalancándose en los buenos precios internacionales, y de este modo compensar parcialmente las cuantiosas pérdidas que se producirán a nivel sectorial por la sequía. El desafío es captar los stocks de soja, acelerar la venta de las existencias de soja para aprovechar los elevados precios internacionales.

Escenarios

Las posibilidades varían según el nivel de producción. En un escenario optimista, se parte de una producción de soja de 42 millones de toneladas, y se supone un nivel de utilización de la oferta de soja similar al registrado en 2016. Bajo este escenario, los stocks finales resultarían en 16,6 millones de toneladas, y el valor bruto de la producción conjunta del sector agrícola y la industria oleaginosa en la provincia de Santa Fe se estiman en 20.672 millones de dólares. En este caso, el aporte conjunto de ambas producciones aportaría a la economía provincial un crecimiento de 0,5% del PBG.

En un escenario moderado, se mantiene el nivel de producción en 42 millones de toneladas de soja y un nivel de utilización de soja históricamente bajo, como es el registrado durante 2017. Aquí, los niveles de molienda a nivel provincial muestran una caída interanual de 3,3 millones de toneladas. Sin embargo, los elevados precios internacionales de la harina de soja, lograrían compensar los menores volúmenes producidos en Santa Fe. La caída en los niveles de producción, producto de la mayor retención de soja en comparación con el escenario optimista, se estima en 1.190 millones de dólares, equivalente a un aporte del 0,4% al crecimiento del PBG provincial.

Finalmente, si se toma en cuenta un escenario pesimista, se considera un nivel de producción de soja de 40,1 millones de toneladas, manteniendo el mismo nivel de utilización de la oferta de soja que en 2017, la caída en el nivel de molienda se estima en 4,7 millones de toneladas, y el impacto en términos del PBG es de 0,1% interanual.

Contexto

Beltramino explica que la relevancia del sector agrícola resulta más significativa en las localidades rurales de la provincia. En efecto, su crecimiento contribuye a la creación de mercados para productos y servicios rurales no agrícolas, posibilitando la diversificación de la base económica en dichas localidades, generando posibilidades de empleo y promoviendo de esta manera el arraigo territorial. De igual manera, constituye el principal sostén de la producción industrial de aceites y grasas de origen vegetal, uno de los sectores industriales con mayor relevancia para la provincia. Dicho bloque industrial, de acuerdo a las estadísticas oficiales del Instituto Provincia de Estadística y Censos (Ipec), tiene una ponderación superior al 20% en el valor agregado generado por la industria provincial, y representa cerca del 30 % del valor de las exportaciones de MOA con origen en Santa Fe.

“Durante 2016, como consecuencia de la emergencia hídrica que golpeó la provincia de Santa Fe, la producción agrícola sufrió una caída interanual del 30% en volumen. Sin embargo, en el marco de una coyuntura recesiva a nivel nacional, el impulso que registró el complejo oleaginoso durante los primeros meses del año fue clave para el desempeño económico de la provincia. El extraordinario incremento observado en la comercialización de granos a comienzos de 2016, la suba de la producción de sectores vinculados a la agroindustria, y las inversiones en construcción y maquinarias agrícolas, lograron traccionar un crecimiento acumulado de 1,8% en la economía provincial, cuyo desempeño se destacó a nivel nacional”, detalló la economista.

En rigor, señaló que el cambio de políticas hacia el sector agropecuario trajo aparejado un impulso a la economía provincial, que en los primeros dos años de la gestión macrista mostró un mejor desempeño que el promedio nacional. El indicador de actividad económica provincial Isae, muestra hacia noviembre de 2017 un nivel de actividad económica que superó los niveles de actividad alcanzados durante el último año de gestión kirchnerista. Luego, el crecimiento fue un poco más moderado. En 2018, el clima se constituye una vez más en el principal desafío.

El crecimiento en la producción de cereales pone en evidencia el impulso que generó la eliminación de cupos y derechos de exportación, implementados por el actual gobierno nacional desde el inicio de su gestión. En el caso del maíz, el volumen producido en la provincia de Santa Fe aumentó un 60% en 2017, respecto de la campaña anterior.

La producción de maíz ascendió a 4,66 millones de toneladas, un volumen que además resulta 37% superior a 2015. Y la producción de trigo 2016/17 en Santa Fe creció un 56% en relación al año anterior, y superó los 2,9 millones de toneladas, alcanzando un record histórico.

Perspectivas

La campaña de trigo 2017/18 registra a nivel provincial un nuevo récord, con un volumen de producción estimado en 2,980 millones de toneladas (2,4% superior al año anterior). Sin embargo, en el presente año, sin duda los resultados productivos del sector agrícola serán malos.

“La evolución del clima se constituye una vez más en su principal determinante, por la falta de lluvias, que desde noviembre no han llegado a cubrir los requerimientos de los cultivos de la cosecha gruesa, y continúan siendo insuficientes. Los rindes estarán por debajo de los proyectados inicialmente, y la magnitud de la merma dependerá del clima de las próximas semanas”, puntualizó la investigadora de Ieral Litoral.