Un sondeo nacional indica que cayó de 37 % de apoyos en enero a 31 % ahora.

Lula ha perdido respaldo entre los brasileños desde que entró en prisión el 7 de abril, con una caída de 37 % a 31 % de enero pasado a hoy, según el último sondeo nacional del Instituto Data Folha. Para el diario Folha de Sao Paulo, que publica el estudio, “la prisión disminuyó el apoyo del electorado al ex presidente, aumentó la desconfianza sobre la viabilidad de su candidatura presidencial y mantiene indefinida la disputa” por la presidencia brasileña que se definirá en las elecciones de octubre, pese a que Lula se mantiene con holgura en el primer puesto.

Pero previsiblemente, la Justicia electoral anulará su candidatura cuando se inscriba. Y el PT sin Lula no tiene chances, dado que sus eventuales suplentes recaban hoy entre 1 % y 2 % de preferencias. A Lula lo siguen el derechista Jair Bolsonaro, con 15 %, y la ecologista Marina Silva, con 10 %. Los escenarios cambian mucho según se pregunte con Lula de candidato o sin él en la grilla. Lula está cumpliendo 12 años de prisión, confirmados por una cámara de apelación, por cargos de corrupción y lavado de activos, algo que por ley anula sus chances de ser candidato.

La nueva encuesta, realizada entre el 11 y el 13 de abril, muestra que la prisión de Lula (presidente entre 2003 y 2010) afectó su base electoral y benefició a Marina Silva. En el sondeo previo divulgado por Datafolha en enero, Lula sumaba 37 % del electorado, seguido por Bolsonaro, con 16 %. Sin Lula, el diputado conservador punteaba en enero con 18 % frente al 13 % de Marina Silva, que ahora subió a 15 %. En el sondeo de ayer, nombres como Fernando Haddad (ex alcalde de San Pablo) y Jaques Wagner (ex gobernador de Bahía), que suenan como eventual reemplazo de Lula, oscilan entre 1 y 2 %. Otras figuras, que descollaron durante la campaña que acompañó a Lula hasta el día de su arresto, como Manuela D’Avila (del PC do B) y Ghilherme Boulos (PSOL), aliados del ex presidente, no superan el 35 de menciones. Con candidatos tan débiles, el PT sólo volvería a la presidencia si Lula consiguiese seguir en la contienda, consignó Datafolha.

En los tres escenarios analizados por Datafolha, Lula oscila entre el 30 % y el 31 % de los apoyos. Bolsonaro lo sigue con un 16 % como máximo. Luego de Marina Silva se ubica Joaquim Barbosa, ex presidente del Superior Tribunal Federal (STF) quien aún no lanzó su candidatura. Barbosa se hizo famoso cuando presidió el juicio contra otro caso de corrupción, conocido como “Mensalao” y que arrasó con la cúpula del PT en 2012 por pagar coimas en el Congreso a cambio de votos para sus proyectos de ley. Barbosa se constituyó como la principal novedad de la encuesta, ya que en sondeos anteriores su nombre no aparecía entre los posibles elegidos y ahora orilla el 10 % de apoyos.

En la encuesta también se preguntó sobre la muy probable segunda vuelta. Ganaría Lula con hasta un 48 % de voto. En los escenarios sin Lula en el primer turno, los votos nulos aumentan a 23 %. En un eventual segundo turno sin Lula, rondan el 39 %. El actual presidente Michel Temer, que ha manifestado interés de participar en la elección, figura con apenas 2 % de apoyos.

El análisis de Folha es que el llamado “elector péndulo”, el independiente que no ha sido atraído por la polarización que afecta a Brasil, que son 37 %, las intenciones de voto se dispersan entre muchos candidatos. Este sector se presenta como no inclinado por Lula en el primer turno, pero esto cambia en un segundo turno. Una estrategia válida para atraer a este votante es evitar la “radicalización del discurso”, señala Folha. La encuesta fue realizada en 227 municipios con 4.194 entrevistados, y tiene un margen de error de 2 %.

Otro dato significativo: aunque el 62 % cree que Lula quedará fuera de carrera, apenas la mitad e estos electores desea esa exclusión. En todo caso, los votantes más radicalizados, pro o antiLula, caen en el sondeo, y crece el citado elector “péndulo” o independiente.

Lula, de 72 años, está preso desde hace nueve días en una dependencia de la policía federal en Curitiba, al sur de Brasil, cumpliendo una pena por lavado de dinero y corrupción. Condenado en dos instancias, su defensa aún batalla para conseguir que el ex presidente siga en libertad el tránsito de su juicio en tribunales superiores.