Es por abusos sexuales. Declaran tres víctimas.

El Tribunal conformado por Alicia Vivian, Carolina Catagno y Gustavo Pimentel comenzó este lunes, desde las 9 y a puertas cerradas, a juzgar por abuso y corrupción de menores al cura Justo José Ilarraz. El sacerdote ingresó a Tribunales una hora antes del inicio del debate, llegó acompañado por su hermano y entró sin brindar declaraciones. Antes de comenzar el debate, la jueza Vivian convocó a los periodistas presentes para aclarar algunas cuestiones del criterio que se utilizará ante la tarea periodística, y aclaró que el debate no es público por el tipo de delito que se juzga y también por una cuestión de imparcialidad del Tribunal, por lo cual procuran que no se hagan públicas imágenes del imputado dentro de la sala de audiencias. La audiencia comenzó con la lectura del requerimiento de elevación a juicio y luego entró en un cuarto intermedio en el cual se resolverán tres cuestiones preliminares, según registró Análisis Digital: sobre el carácter público de los alegatos y la sentencia (hay posturas diferentes), el estado de salud de Estanislao Karlic y Mario Luis Maulión -dos de los tres arzobispos que declararán, Juan Alberto Puiggari lo hará por escrito- y la presencia o no de Ilarras mientras declaren algunas de las víctimas, ya que parte de los sobrevivientes solicitaron que se retire de la sala para cuando les toque declarar. Luego del cuarto intermedio, brindarán testimonio tres de las víctimas de Ilarraz.

En ese marco, desde la Red de Sobrevivientes de Abusos Eclesiásticos denunciaron penalmente a la curia porque el viernes por la noche convocaron por whatsapp a una de las víctimas a que vaya a “ampliar su declaración como testigo” en el marco del proceso canónico, de noche, en soledad y al mismo lugar donde fue abusado por Ilarraz, al Seminario de Paraná. El 7 y 8 de mayo serán los alegatos de las partes. Ilarraz se encuentra procesado por siete denuncias de abuso y corrupción de niñas, niños y adolescentes, mientras se desarrolló como prefecto de disciplina en el Seminario Arquidiocesano de Paraná entre 1985 y 1993. La causa penal se abrió de oficio en septiembre de 2012, luego de la publicación del caso en la Revista Análisi. Seis años después del comienzo de la instrucción penal y tras infinidad de dilaciones por parte de la defensa, Ilarraz está en el banquillo de los acusados.

Seis años después de que se haya abierto la causa penal, comenzó el juicio oral contra el cura Ilarraz. En la primera parte de las audiencias se leyó el requerimiento de elevación a juicio donde Ilarraz oyó los argumentos que muestra la fiscalía para acusarlo de los delitos que se le endilgan. Luego, se presentaron tres cuestiones preliminares a resolver antes de que brinden testimonio las víctimas del cura abusador y por este motivo se determinó un cuarto intermedio.

En primer lugar, las partes -querella, fiscalía y defensa- tienen posturas diferentes en cuanto a la publicidad de los alegatos y la sentencia. Es decir, se debe resolver si se hace de manera pública -o no- los argumentos de parte y la resolución del tribunal. Hay quienes solicitaron que sólo sea la sentencia la que se haga de manera pública, otra de las partes pidió que sean ambas instancias las que sean abiertas al público y la prensa. Sin embargo, hay una de las partes que pidió que no se abra las puertas en ninguno de los casos: la querella representada por Milton Urrutia, quien aseguró que la víctima que él representa “no tiene interés de que se haga público nada”.

En segundo término, se evalúa la posibilidad de enviar dos comitivas de salud de la Justicia a Rosario y al Seminario de Paraná, donde están Maulión y Karlic –respectivamente– para evaluar su estado de salud y corroborar si efectivamente no se pueden hacer presentes para declarar en la causa. En caso de comprobarse el delicado estado de salud de los arzobispos eméritos, ambos declararan por escrito tal como lo hará Juan Alberto Puiggari, actual titular de la curia paranaense a quien le otorgan el beneficio de no comparecer personalmente ante el tribunal.

Una tercera cuestión a resolver es el pedido de algunas de las víctimas para que Ilarraz no esté presente en la sala de audiencias mientras ellos brindan su testimonio. Fuentes judiciales aseguraron que el tribunal concederá el pedido de las víctimas. Cabe mencionar que no se trata de la totalidad de los sobrevivientes a los abusos, puesto que algunos de ellos quieren que Ilarraz esté presente.

Luego del cuarto intermedio se retoma la audiencia con la declaración de tres de las víctimas de Ilarraz. Pero la particularidad se conoció a raíz de una denuncia de la Red de Sobrevivientes de Abusos Eclesiásticos en donde se relató un hecho polémico. Una de las víctimas que debe comparecer ante el tribunal vive en el extranjero, llegó a Paraná el pasado viernes y recibió de manera informal -por whatsapp – la citación a que amplíe su declaración ante el proceso canónico. El sobreviviente decidió no presentarse, puesto que la convocatoria había sido por una red de mensajería informal, para que se presente en soledad, en horarios nocturnos y en el Seminario de Paraná, el mismo lugar donde Ilarraz cometió el abuso en contra de su persona y honor.

La investigación que derivó en causa judicial

La investigación periodística de Daniel Enz en la Revista Análisis denunció el 13 de septiembre de 2012 que “por lo menos 50 chicos de entre 12 y 14 años, quienes recién empezaban su carrera religiosa, fueron violados entre 1984 y 1992 por el entonces prefecto Justo José Ilarraz, oriundo de la capital entrerriana”.

Y continuaba: “En el ’93 se inició un Juicio Diocesano, donde declararon innumerables jóvenes, que reconocieron las perversidades que les hacía el sacerdote cuando eran apenas niños, pero optaron por ocultarlo. En esto último tuvieron responsabilidades el entonces arzobispo Estanislao Esteban Karlic, al igual que el actual titular, Juan Alberto Puiggari, quien fuera prefecto del Seminario Mayor del establecimiento en esos años. Como castigo, el cura pedófilo fue enviado al Vaticano durante un año. En los últimos tiempos, un grupo de curas, al igual que víctimas y ex seminaristas le reclamaron la expulsión de la Iglesia de Ilarraz -quien cumple funciones en una Parroquia de Monteros (Tucumán)- y la denuncia judicial, pero jamás hubo respuestas”.

“Ninguno tenía más de 12, 13 o 14 años. Eran casi niños. Con cada uno de ellos hizo lo mismo entre 1984 y 1992. Los acariciaba, los bañaba, los besaba en la boca, los masturbaba, los penetraba. Los descubría sexualmente y los condicionaba. Eso que sucedía entre las cuatro paredes de su habitación privada del Seminario o en el baño, no se tenía que enterar nadie. Si alguien traicionaba ese pacto perverso de confidencialidad la iba a pasar mal. Iba a empezar la hora de las represalias y se acababan los privilegios: los caramelos, los chocolatines, la buena comida, la tv o las películas en video que por las noches podían ver en esa habitación, sin pasar frío ni angustias por el cariño interminable del prefecto religioso. “Ustedes deben saber que ahora, nuestra amistad es más grande. A mayor confianza, mayor es el amor y la amistad”, repetía el cura abusador todas las noches.

“Por cada año, casi siempre los elegidos eran cerca de 10. Los cálculos más acotados indican que por lo menos unos 50 chicos fueron abusados en esa década; las estadísticas mayores hablan de cerca de 80. Casi todos los jóvenes eran de la zona de Paraná Campaña, provenientes de familias de campesinos, donde la vocación religiosa suele ser más fuerte. “Siempre existió una relación muy particular entre las familias de la gente de campo de toda esta región con el Seminario de Paraná. Ellos colaboran mucho con la Iglesia y cuando traen a sus hijos, apenas saliendo de la niñez, saben que los dejan en manos de Dios y que de allí saldrán religiosos hechos y derechos, de los que siempre se sentirán orgullosos”, indicó a Análisis uno de los religiosos.

Lo que nunca midieron fue que allí dentro, en medio de tanta gente con deseos de hacer cosas buenas por la Iglesia y la sociedad, existía un depravado y con cierto poder en ese ámbito”.

Tras estas revelaciones, la Justicia inició de oficio una investigación tras la orden del procurador General de la provincia, Jorge García, que concluyó con siete denuncias por abuso y corrupción de menores contra Ilarraz. La pesquisa duró cuatro años y logró acumular prueba que se plasma en unos 12 pesados cuerpos de expedientes. El 17 de agosto de 2016, el juez Pablo Zoff elevó a juicio el caso Ilarraz.

Luego de idas y vueltas, suspensiones y retrasos del Poder Judicial, este lunes 16 de abril desde las 9 será tiempo de esta instancia judicial histórica. Las audiencias se extenderán durante los días 16, 17, 23, 24, 25 y 26 de abril, y 3, 4, 7, 8 y 9 de mayo. En tanto, los días 10 y 11 de mayo serán los alegatos de las partes.

En los Tribunales de Paraná se espera el testimonio de los últimos tres arzobispos: Estanislao Karlic, Mario Maulión y Juan Alberto Puiggari, quienes ya pidieron ampararse en sus fueros, y declarar por escrito. De ese modo, buscan evitar el escarnio de ir a la sala de audiencias N° 1 del Poder Judicial entrerriano. En 2014 ya escogieron ese camino cuando tuvieron que declarar en la etapa de instrucción de la causa.

También está citado como testigo el obispo de Concepción, Tucumán, José María Rossi, último superior de Ilarraz. Sucede que luego de ser investigado por Karlic, en 1995, y concluido un proceso sumarísimo, en 1996 le aplicaron la sanción del destierro. Entonces buscó cobijo en la provincia norteña: en 2004, el arzobispo emérito Mario Maulión le otorgó la excardinación, y allá quedó, hasta que fue suspendido en 2012.

También prestarán testimonio en la causa 26 sacerdotes y cuatro ex sacerdotes.