Dicen que ningún extremo es bueno. Pero la naturaleza no entiende ni de dichos ni de verdades humanas reveladas y luego de una feroz sequía, se abrió el grifo en el cielo y no deja de caer agua. Es como un mensaje que el medio ambiente no sabe ya en qué idioma gritar para que el ser humano lo comprenda.

Terminó el abril más caluroso en 60 años de este lado del hemisferio, mientras que, al reverso, en febrero Europa vivió el invierno más frío en 66, y se nos vino un mayo en que la temperatura tiende a bajar mientras que las tarifas, la bronca y el dólar no dejan de calentar el ambiente.

Hay palabras extrañas que se escuchan en boca de la política, representada por los políticos. “Había que sincerar las tarifas”. Cualquier expresión que roce el concepto de sinceridad queda feo en boca de dirigentes que han hecho de la mentira, el arte de la posverdad.

En efecto, hay sinceramientos y sinceramientos. Si usted a su esposa le dice, con sinceridad tardía, que está extremadamente obesa y que está pensando en una cama individual anexa para dejar en reposo el mondongal de su compañera de vida, sería tan sinceramente transparente como que la mujer le confiese a su marido que sus “20 centímetros” no son más que 12 y que usted lo sabe, porque se ha tuteado, en innumerables ocasiones, con 23. Que no es punto para el envido pero si una marca para el “te envidio”.

No, sincerar y crueldad no deberán actuar en complicidad para destruir personas, poblaciones y economías domésticas. Últimamente la violencia ejercida por el gobierno contra el bolsillo debería catalogarse como de género, con acceso carnal y agravado por el vínculo.

El consejito humillante de ahorrar energía es otra sinceridad innecesariamente perversa. Entre eso y “no gastes pólvora en chimangos” la diferencia es escasa.

Volver a las raíces puede ser apasionante y necesario, pero no volver a vivir como en “Raíces”, la vieja serie que narraba la historia de los negros esclavos, es de humor fácil y negro. Podremos frotar palitos insistentemente para la fogatita y dejar de lado la pava eléctrica, pero después viene una horda inflacionaria de dinosaurios en estampida que traduce a la nada el intento de ahorro.

Otra de las expresiones que irrita de los funcionarios es el “tenemos”. Deberían erradicar por decreto la utilización de ese concepto de quienes hace años dirigen la sociedad. Si tuviste -tenés en singular-, por favor no pluralices el esfuerzo como acto solidario y llamamiento a la socialización de las miserias de manera inversamente proporcional a la distribución de las riquezas.

Si hablamos de sincerar, sinceremos de verdad y digamos que la cosa esta mal, tirando a peor y que mientras Messi convoque las miradas en el verde césped en Rusia, nos van a estar entalcando las nalgas para “corregir las distorsiones de la economía” que, en buen francés significa “en 2019 vas a tener que elegir entre desgarro y fisura” a la hora de sufragar por tu próxima relación contractual con el poder político.

Pero no todo es negativo, ni en Argentina ni en el mundo. Víctor Hugo Morales volvió a C5N cuyos dueños volvieron a la cárcel. Estados Unidos no bombardeó ningún país y eliminó los aranceles para el aluminio y el acero que pronto podrán exportar, sin retenciones, las empresas extranjeras radicadas en nuestro país que no pagan ni el impuesto inmobiliario.

En Santa Fe la cosa está mucho mejor y se encamina hacia una Reforma Constitucional que será mucho más entretenida de seguir que una novela turca de las cinco de la tarde.

Trata de un joven político ciego, sordo y mudo, que se enamora de la banca de diputados que no le corresponde en su sentimiento por lo que tiene que hacerse convencional para encontrarse con su amada de cuero gravado.

El gobernador provincial inauguró las sesiones que, cada vez son más ordinarias. Entre escupitajos y blasfemias varias, Miguel Lifschitz dejó claro que está de acuerdo con la política de Cambiemos de bajar el déficit fiscal, pero no con la forma de hacerlo, la hora, el modo, el momento y los intérpretes. Algo así como si tenemos que despedir agentes del Estado hagámoslo, pero que sigan trabajando sin salario, porque el trabajo dignifica y el progresismo nunca estará en contra de los trabajadores pero sí en que por serlo pretendan percibir un salario.

Y sí, sigue lloviendo. Esperabas que cuando el agua vuelva y el calor amaine la cosa iba a ser mejor, y bien… la cosa es más o menos igual con diferencia de sensaciones: la calentura si no viene desde la meteorología, viene de la economía, pero el confort es una más de las especies en extinción.

Por lo pronto feliz día del fin de semana largo y del trabajador también, vuelvan a sus puestos antes de que los “pongan”, abracen a sus perros cada vez más queribles como consecuencia de los “sinceramientos” humanos.

Hay mentiras compuestas de medias verdades, negociemos aunque sea por ese 50% de veracidad, que para los porcentajes actuales no son índices para nada despreciables.