En guardia. El Gobierno no se relaja porque entiende que solo logró una calma temporal después de días de altísima volatilidad de los mercados y un dólar desbocado. La semana que terminó dejó un aprendizaje en la cúpula del Poder Ejecutivo. “Hay que estar más atentos”, le reclamó el presidente Mauricio Macri a su equipo económico.

El Gobierno mira con atención lo que puede pasar a partir de mañana, cuando retomen actividad los mercados, con una preocupación inmediata: verificar que no haya un traslado a precios de la devaluación de los últimos días.

Está dispuesto a recurrir a una batería de herramientas para evitar que el dólar vuelva a escalar y se mantenga en la franja de 22 a 22,50 pesos, que es el valor que considera en sintonía con las monedas de la región. En principio, los funcionarios más importantes recuerdan todo el tiempo que el Banco Central tiene unos 55.000 millones de dólares en reservas y que hay una total disposición a utilizarlos. Menos probable es una nueva suba de tasas de interés, ya que enfriaría mucho la economía y la intención es reducirlas lo antes posible.

La mesa chica que asesora a Macri y el equipo económico estuvo todo el fin de semana en comunicación permanente evaluando posibles escenarios. Quieren evitar un lunes con sorpresas y buscan demostrarle al mercado que superaron la embestida.

El cierre del viernes, que incluyó un plan de ataque a la corrida contra el peso coordinado entre el Gobierno y el Banco Central, aunque apelando a medidas drásticas, si bien es alentador y calmó los ánimos, no alejó la preocupación.

Ante este escenario, el Gobierno ratificó el gradualismo como “el camino” y anticipó que no habrá cambios ni golpes de timón. “Ante un contexto desafiante, el equipo salió fortalecido con el liderazgo de Macri. Por eso planteamos un escenario de tranquilidad, hay gente al mando con capacidad”, dijo a La Nación el jefe de Gabinete, Marcos Peña.

El funcionario destacó el “trabajo coordinado” que desplegó el Gobierno en los últimos días para sortear la crisis. Y en particular la labor que desarrollaron los ministros Nicolás Dujovne (Hacienda) y Luis Caputo (Finanzas), junto al titular del Banco Central, Federico Sturzenegger.

Varios de ellos hicieron algunos llamados en los últimos días a representantes de bancos y fondos de inversión para llevar tranquilidad y exponer la estrategia oficial. Algunos quedaron marcados por el movimiento de un operador en el final de la jornada en que el dólar superó los 23 pesos.

Anteayer, el Gobierno logró frenar la suba de la moneda estadounidense con un abanico de medidas que incluyeron un fuerte aumento en las tasas de interés –quedó al 40%–, el anuncio de un mayor ajuste fiscal destinado a reducir en medio punto (de 3,2 a 2,7%) el déficit público y la obligatoriedad a los bancos a vender parte de los dólares que tienen en su poder. “Fue una tormenta perfecta: empezó con las acciones de los aliados por el tema tarifas, que retomó la oposición y derivó en un proyecto de ley; siguió con la suba de tasas de Estados Unidos que impactó en todos los mercados emergentes, y terminó con el gravamen a la renta financiera”. La descripción corresponde a uno de los funcionarios que más cerca está de Macri.

“Uno elige qué costos evitar y qué costos pagar; elegimos evitar una crisis. Cuando uno evita una crisis, uno tiene una ganancia muy importante. Evitar crisis es lo más importante”, sostuvo ayer Dujovne.

El encargado de sincerar uno de los efectos del cambio en la meta del déficit fiscal fue el ministro de Transporte, Guillermo Dietrich. La primera víctima de ese ajuste será la obra pública. Si bien no se frenará ninguna obra en marcha, el funcionario reconoció que se revisarán las proyectadas. En el Ministerio del Interior aseguran que no habrá un impacto sobre las obras que dependen de esa cartera en el interior del país. No hay voluntad de complicar más la relación con los gobernadores, tensada en los últimos días por el tema de las tarifas. El propio Rogelio Frigerio se encargó de hacerles llegar ese mensaje.

El objetivo principal del Gobierno, según Peña, fue llevar “tranquilidad” a la sociedad. “Son muchos los datos de la economía real que están andando bien. No compartimos los diagnósticos tremendistas que realizan algunos”, aseguró el hombre fuerte del Gabinete. En su entorno agregan que en la Casa Rosada preveían que en algún momento el mercado los iba a poner a prueba, dada la volatilidad externa. Pero no podían determinar cuándo y con qué virulencia ocurriría. Piensan también que si se sortean estas turbulencias, habrá quedado demostrado el beneficio de un tipo de cambio flotante. “Evita que una corrida voltee un gobierno o cambie el rumbo económico. Acá hubo un detonante externo, que se amplificó por los traumas históricos de la Argentina”, resumió uno de los hombres que estuvo detrás de las decisiones de los últimos días.

Desde la Casa Rosada, igualmente, describieron la situación general como “frágil”. “Dependemos de lo que ocurre adentro y afuera”, graficó un hombre con acceso al despacho presidencial. Cuando desde el Gobierno señalan “afuera” se refieren a la política comercial que impulsa el presidente Donald Trump.

Pero cuando la referencia es “adentro”, desde el Gobierno apuntan al comportamiento de la oposición. El gradualismo requiere “consistencia interna” para lograr “confianza”. En ese sentido, desde la Casa Rosada aseguraron que el debate parlamentario por el proyecto opositor para retrotraer las tarifas de los servicios públicos a noviembre de 2017 y atar los aumentos a la variación salarial “no da la mejor imagen”. “Es un sendero difícil, pero hay que evitar la demagogia. No hay un camino alternativo. Pero más allá del debate del miércoles, también se tratarán otras leyes importantes”, manifestó Peña.

El Gobierno negoció en las últimas horas con la oposición un escenario de no agresión en el que todos se lleven algo el miércoles de la Cámara de Diputados. El oficialismo aceptará el debate “contra los tarifazos” a cambio de que avancen tres iniciativas que impulsa Cambiemos: mercado de capitales, el proyecto de defensa de la competencia y financiamiento productivo. En eso trabajaron los últimos días Frigerio y el presidente la de la Cámara baja, Emilio Monzó.