Diseñador industrial de carrera y actor por vocación desde hace cinco años, en junio reemplazará en teatro a Mariano Martínez en el rol del príncipe de Rapunzel. Además, está a punto de estrenar un unitario en Telefe y una serie en Netflix. Apasionado de las motos y el surf, pertenece a la nueva generación de galanes, aunque asegura: “En el colegio no me llevaba a la más linda de la clase”.
Trabajó en una imprenta, fue jardinero y barman. Estudió dos años de ingeniería por mandato familiar, pero se decidió por diseño industrial, “que terminé después de mucho esfuerzo. Estuve perdido vocacionalmente, hasta que a los veintidós un psicólogo me recomendó tomar clases de teatro”. Eso revela Benjamín Alfonso (33), que comenzó con comerciales y bolos en Enséñame a vivir, Dulce amor, Sos mi hombre y Graduados.

Por entonces “no tenía plata para pagar el gimnasio, la psicóloga, ni clases de teatro… Vivía a arroz. Fue dificilísimo. Comencé a buscar apoyo en los de afuera para que me dijeran que todo iba a estar bien… pero no lo encontré. Una chica con la que salía me dijo: ‘¿Por qué en vez de actuar no te dedicás al diseño industrial?'” –claro, después de eso me separé–. Mi familia, a la que adoro, siente la seguridad en las carreras más clásicas. Ahí me di cuenta de que dependía sólo de mí”, dice el tercero de seis hermanos, de padre ingeniero y madre ama de casa, criado en el barrio de San Isidro.

Su suerte –”que ocurre cuando se juntan la preparación con la oportunidad”, asegura– cambió en 2013. “En la misma semana terminé la facultad, compré mi departamento y cerré mi primer protagónico en Señales del fin del mundo. Ahí sentí que realmente empezaba mi carrera como actor”. Después siguió con Fuerza Bruta, Viudas e hijos del rock and roll, Educando a Nina y la miniserie Historia de un clan.

“Como tenía bigote no podía hacer ningún comercial. Podría haber sido modelo, pero no me gustaba. Eso sí, manejo mis redes sociales como una pyme. Si no tuviese Instagram, no podría vivir sólo de actuar”, cuenta Alfonso, que tiene 253 mil seguidores en esa red social.

Benjamín Alfonso y Florencia Otero perparan Rapunzel para el teatro.
Benjamín Alfonso y Florencia Otero perparan Rapunzel para el teatro.
Ahora está a punto de estrenar el unitario Rizoma Suites (Telefe), en el que comparte elenco con Laura Laprida; un co-protagónico en Club de cuervos (Netflix), y prepara la obra familiar Rapunzel, el sueño sos vos (teatro Metro) para las vacaciones de invierno junto a Flor Otero, en reemplazo de Mariano Martínez y Laurita Fernández. “Interpreto al príncipe, que es también un caza recompensas y un chanta, no tiene familia y se crió en la calle”.

–¿Cómo te llevás con los egos y el mote de galán?

–Creerte que sos genial te baja el techo. Cuando me di cuenta de que mis egos restaban, los empecé a trabajar. Y con el galán me tuve que amigar a las piñas. Al principio lo sentía como algo malo, pero advertí que, si vende, galán será. Tengo conciencia de lo que soy y lo que valoro es lo de adentro. Además, en mi adolescencia no era ningún galán y tampoco me llevaba a la más linda de la clase.

–¿Con la fama mejoró el levante?

–Es muy distinto, pero no necesariamente positivo. La exposición me hace sentir encorsetado en el plano emocional.

–¿Estás de novio?

–De novio no, pero sí estoy muy contento con una chica.

–¿Hace cuánto?

–Contento hace cinco meses, y saliendo hace un año. Fue todo un trabajo, porque con esta profesión ando a mil.

–¿Qué más podés contarnos de tu chica?

–Es modelo, me inspira y me encanta desde su ojo artístico. Pero prefiero reservarme su identidad.

UN TIPO APASIONADO. Así se define este geminiano –del 22 de mayo–, con ascendente en Virgo y luna en Piscis, que cree en los signos “y un montón de cosas más; todo es energía y vibración. Somos un setenta por ciento agua; por eso, cuando uno se enfrasca en cosas negativas y vibra en negativo, le pasan cosas chotas”, explica Benja.

Es amante del surf –”soy descendiente de marinos y siento que sólo me podés conocer bien cerca del mar”–, apasionado del arte –”de chico pintaba y probablemente era mi mejor talento; ahora retomé las clases de pintura”– y fanático de las motos: “Mi hermano me prestó una y me volví loco. Después me hice la mía propia, que es liviana y perfecta para la ciudad. No me iría a una más grande, porque soy adicto a la adrenalina y no me quiero matar, pero lo que más me gusta de las motos es la libertad que te dan. Esa libertad es lo que más me cuesta de los vínculos emocionales… No por querer estar con otras mujeres –siempre fui fiel, aunque me han engañado–, sino por ese control sobre la otra persona que me hace perder la frescura”, asegura.

¿Sus proyectos más deseados? “Quiero escribir, producir y sacar series web. Es algo que lo llevo desde chico, cuando jugaba a hacer películas con mis juguetes. En esta vida podés tener lo que querés, sólo lo tenés que pedir. Tal vez no llegue en el momento que deseás, pero llega”.

Por Maru Cociffi