Desde esta columna editorial debemos hacer una fuerte autocrítica. Afirmamos, en la edición pasada que el dólar llegaría a $ 25 el jueves pasado. Y erramos fiero… recién este lunes 14 de mayo llegó al número de las bodas de plata, a partir de lo cual se reseteó el humor económico de técnicos que hablan en serio en medios que causan gracia.

Gracias de Macri, por supuesto. Clarín tituló, en el mediodía de un lunes que no es apenas gris esperando un martes, miércoles o jueves realmente negro, que el hombre del apellido impronunciable e ideas impredecibles, Federico Sturzenegger, pretendía un techo alto del dólar para frenar la corrida, como si tuviese todo bajo control.

Lo cierto es que entre corrida y corrida, lo que para un español sería excitante, para nuestro país huele a pólvora volatilizada. Sólo en Argentina se puede decir que la moneda propia devaluándose a un ritmo de 2 % diario es una “trotada” diaria.

Acostumbrados a mirar las cosas desde afuera, decimos “subió el dólar” y no “bajo el peso”; lo que demuestra que no volveremos al FMI porque jamás nos podremos ir de la dolarización de la economía. Es decir que desde 1945, cuando EE.UU. se cobró la guerra mundial cambiando el patrón oro por el dólar fue investido, por el mundo occidental, como un nuevo imperio, solo parecido al viejo imperio romano, pero más cordial en el trato en la mesa de negociaciones y menos contemplativo en el campo de batalla desde el “correctivo” Hiroshima a la fecha.

Ahora hagamos de cuenta que entrar al FMI es como pagar el servicio de la gestión de la economía que, hasta hoy, nos la daban a un módico precio. Da ternura el sonoro golpe en el pecho de la hinchada kirchnerista alumbrando a los ojos a los “globoludos” y cegándolos con el escupitajo de “¿vieron que Macri es la derecha?”, cómo si alguna vez Argentina hubiese conseguido algo parecido a la independencia. No menos dulce e ingenuo es creer que alguna vez estuvimos “cerrados al mundo” por impedir que pasen por la aduana un container de bolitas de vidrio para proteger la industria bolera.

Como si esta república banasojera hubiese bailado al ritmo de otra música que no sea la cotización de lo commodities.

Claro está que la tontería es un deporte nacional compartido con la región sudaca y hace acordar mucho a las declaraciones de los “cabeza de tarro” que analizan el fútbol y dicen “dependemos de nosotros mismos” como si el oponente fuese de cartón prensado y ganar o perder fuese una decisión unilateral.

“Perdimos la soberanía económica…” buaaaa, lloriquean las viudas de Néstor… ¿Cuándo la tuviste? Cerebro de aserrín… ni de madera sos.

Prestá atención que ya cansa explicar lo que mirás pero no ves. ¿Viste que Latinoamérica dejo de tener presidentes copados, de discurso encantador muy nacionales?; ¿viste que en los ’90 eran todos neoliberales y llegaron a un consenso con Washington de entregarles el upite?; ¿viste que antes de ese antes hubo como una epidemia de socialdemocracia latina que la jugó de republicana y demócrata? Bueno, no fue la corriente del niño. Fue el perro más grande marcando territorio. Y te lo avisaron “América para los americanos” y así fue, ellos ganaron y nosotros perdimos y nuestros modelos van variando según lo que les place en Casa Blanca.

Argentina tiene el complejo de equipo de mitad de tabla, se alivia por estar un año lejos del descenso pero no ganó nunca un campeonato y todas las temporadas arranca con la idea de hacer una “gran campaña” y cantando “este año se nos da” y pasan las décadas y las generaciones y ahí está nuestro paisito a pura voluntad tratando de obtener el milagro. Milagro tan efímero que el caso remoto de ser campeón, lo sería un año y al otro se iría al descenso porque vendrían los grandes a comprarnos todo lo que supimos cultivar en la propia cantera.

Date cuenta, antes de que la ignorancia te haga daño… si viajas al exterior… ¿llevás pesos? No, porque como nosotros… no existe, no lo conocen, les da risa, ni te lo cambian.

No es por ser malo, pero la palabra “cipayo” te suena a vieja, ¿verdad? Pero es más actual que el 2018, el cipayo no es un error, es una condición. Macri es cipayo… y sí… ¿qué esperabas, al Che Scioli, bajando de la Sierra de la Ventana para tomar por asalto Playa Bristol en Mar del Plata? Amigo, amiga… compañera, correligionario no se trata de tirar mala onda sino de no preparar el fueguito para cocinarnos de bronca. La desilusión es un lujo que se da sólo quien se ilusiona. Somos un país Banasojero y eso sólo puede cambiar alguna otra fruta o cereal. Eso no va a cambiar, como tampoco va a cambiar la excusa del “país de mierda” para justificar tu permanencia en el tango eterno.

Semo esto y esto semo. Un intento estéril a no asumir lo que, invariablemente, termina pasando al final del campeonato… festejamos si nos mantuvimos en mitad de tabla.

No es ni malo ni bueno, es el partido que nos toca jugar y puede llegar a ser hasta divertido si dejamos de añorar lo que nunca sucedió: la independencia.